Ingeniería Genética
por Francisco José Súñer Iglesias

Cuando en los medios se habla de la ingeniería genética y sus muchos beneficios y perjuicios pocas veces se hace referencia a sus peligros. Los comentaristas, tertulianos, periodistas y opinadores en general se quedan sólo en lo superficial, en las implicaciones éticas del asunto, con lo resbaladizo y etéreo que resulta el terreno de la ética, e incluso, en algunas ocasiones, se intenta profundizar, aunque muy de pasada, con un algo más de rigor en las implicaciones reales que tendría la posibilidad de hacer con el material vivo lo que al mercader o técnico de turno le viniera en gana.

Y no me estoy refiriendo tanto al uso en forma de clones o a la posibilidad de fabricar órganos al gusto del consumidor como a las consecuencias que podría tener el hecho de liberar en un ecosistema bastante bien afianzado, como es el de este planeta, materia viva de la que se desconoce, de forma absoluta, la posible evolución o comportamiento ante un entorno mutuamente extraño.

El género, sin embargo, ha dado una gran cantidad de teorías especulativas respecto a lo que podría suceder, y no resulta ser precisamente un tema nuevo, al calor de los últimos debates al respecto. Ya H. G. Welles, en EL ALIMENTO DE LOS DIOSES advertía muy seriamente de lo que supondría el deterioro medioambiental y el surgimiento de formas de vida completamente anormales. Un poco más allá, Jack Vance, puebla el mundo de LA TIERRA MORIBUNDA de monstruos que en realidad no son tales, sino el resultado de descuidadas manipulaciones genéticas, y por fin, Gregory Benford en CONTRA EL INFINITO describe las consecuencias de un chapucero juego creacionista.

Las advertencias están ahí, sólo hace falta que alguien las quiera escuchar.

© Francisco José Súñer Iglesias
(286 palabras)