Criticar
por Guillem Sánchez

Un reciente episodio me ha demostrado que perdura la vieja costumbre de este país de criticar, no una obra o idea, si no a la persona de su autor. También es fácil que la crítica vaya dirigida al grupo, ideología, partido o lo que sea, mientras que la misma idea, exactamente la misma, vertida por otra persona, podría recibir enardecidos elogios.

Casi podría decirse que, fuera de ámbitos estrictamente académicos, uno de los principales motivos para dedicarse a la crítica puede ser atacar a alguien o a sus ideas. A este respecto decía Hemingway:

    Un crítico es como un puma que, subido a un árbol, acecha a su presa. Pero si alguien sacude el árbol el puma cae. Conviene sacudir el árbol con frecuencia hasta conseguir que los críticos se enteren a fondo de la obra criticada y se ocupen más de esta obra que de la personalidad del autor.

Es lo primero que uno aprende cuando se mueve por círculos literarios; si fulano dice que tal libro es bueno, o malo, es que se trata de una crítica genial, pero si lo dice mengano, pues claro, el pobre no sabe de qué habla. Algunos de los piques más solemnes entre escritores y críticos vienen precisamente de cosas así. En realidad se puede perfectamente seguir el juego de amistades y enemistades que existen, tanto a nivel personal como de capillitas, a través de las críticas en diversos medios.

Tampoco resulta extraño si luego la misma persona dice justo lo contrario; eso me pasó en un programa de radio en el que escuché como hacían la crítica de una obra recién aparecida. Luego a micrófono cerrado la pusieron a parir y todos tan anchos, que ya habían cumplido con el patrocinador. O que los que van de críticos sean memos de cuidado; había en una radio del Maresme -una comarca de Cataluña-, una chica que solía criticar obras juveniles, para fomentar su lectura. Hasta aquí normal, el problema es que siempre explicaba el final. La primera vez que la oí contó que la niña protagonista de la novela moría victima de la radiación -estaba ambientada en Hirosima, cuando la explosión-. Luego, tan ancha ella, recomendaba a todos los niños su lectura. Al finalizar el programa pregunté al conductor del mismo por ello y la respuesta fue magnífica; era periodista en un periódico importante y no se atrevían a afearle su conducta. Al menos añadió compungido la hemos convencido que haga críticas de obras juveniles

En realidad de los malos críticos, aunque parezcan del todo inútiles socialmente, podemos sacar un provecho pues provocan montones de situaciones divertidas:

    El crítico novato que defiende la baja calidad de su escrito respondiendo Si sólo es un fanzine...

    El crítico, que también es escritor, explica lo malos que son autores de la competencia en la revista donde publica sus relatos, o en su web o en algún suplemento si es lo bastante importante.

    El escritor frustrado que se dedica a poner a parir a todos los autores contemporáneos, los clásicos y anda buscando la manera de menospreciar también los autores del siglo próximo sin que se note. Eso no impide que sus dos amiguetes, que nunca han publicado profesionalmente, sean grandes genios incomprendidos.

    Dos críticos discutiendo sobre una obra, sin ponerse de acuerdo en nada: Cuando los críticos difieren, el autor está de acuerdo consigo mismo decía Oscar Wilde.

    El ensayista que, como no tiene unos mínimos conocimientos del mundo editorial, se cree los tópicos de los suplementos: compleja estructura dialéctica, fino estilismo, clásico incomprendido, ácida critica de nuestra sociedad y novela autobiográfica y los repite cada vez que no entiende un libro.

    El crítico que se cree lo que le dice el autor durante la entrevista, por ejemplo que la novela es una profunda reflexión autobiográfica, aunque sea una fantasía histórica y transcurra durante el imperio romano. (He de reconocer que yo también lo hice una vez, pero el entrevistador no tragó, mecachis...)

    El crítico de fanzine en estado puro, siempre dispuesto a darte veinte críticas, cuarenta reseñas breves y cuatro artículos sesudos y que solo espera a cambio que le publiques esos cuentos tan maravillosos que escribe. Y a ser posible que la crítica me la haga fulano, que somos amigos.

© Guillem Sánchez
(707 palabras)