Los cazadores de gazapos
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace poco un amiguete me comentó cual era la última moda en lo que respecta a pasar las largas y calurosas (dentro de poco largas y frías) tardes de sábado.

Se trata de ver películas.

Bien, dicho así no supone un entretenimiento precisamente emocionante ni muy diferente a lo que ya se suele hacer los sábados por la tarde, el secreto reside en que el visionado de la película se ha de hacer en unas condiciones muy precisas y con unos objetivos que en un principio me parecieron bastante confusos.

La cuestión está en esperar seis meses para alquilar el DVD, el vídeo no sirve, de la última película de moda, comprar una buena provisión de refrescos, cervezas, patatas fritas y encurtidos varios y, una vez bien acomodados, pasar la película fotograma a fotograma.

La misión consiste en cazar gazapos, descuidos de realización que se le hayan pasado al equipo de montaje al encargado de continuidad, a responsable del vestuario, o a cualquiera que tenga alguna relación con la película.

Por eso el vídeo no sirve y el DVD es ideal, pudiendo observar cada uno de los fotogramas congelados con una gran calidad es posible apreciar hasta el mínimo detalle, y cazar así todas las imperfecciones de la película.

Desde luego que eso no me parecería más que un inocente entretenimiento de no ser porque después, los cazadores de gazapos airean a los cuatro vientos sus descubrimientos y tratan de hacerlos pasar como la prueba fehaciente de la torpeza e incompetencia del equipo de rodaje, director al frente.

Eso ya deja de ser un entretenimiento para convertirse en una desconcertante afán de notoriedad y ganas de sacar las cosas de quicio. Pretender que un objeto anacrónico que aparece en pantalla menos de un veinteavo de segundo es el mayor mal de la película o que un personaje secundario en tercer plano bosteza ostensiblemente aburrido en una escena de masas resulta una debacle interpretativa es incluso excesivo hasta para el espíritu más crítico.

El cine es, desde luego, un entretenimiento, pero pretender convertir ese entretenimiento en otro, y además desacreditar la película por ese medio es una idea concebida con muy poco seso.

© Francisco José Súñer Iglesias
(362 palabras)