1938
por Manuel Nicolás Cuadrado

Es bueno tener cierta memoria histórica para entender ciertas cosas, aunque algunas nos parezcan hoy en día ciertamente increíbles.

En 1938 en España continuaba la sangrienta guerra civil. Se desarrollaba la batalla de desgaste del Ebro, que produjo cientos de miles de muertos y que marcó el principio del fin del ejército republicano.

En Francia se celebraron los mundiales de fútbol, a pesar de la pobre participación de países. La final entre Italia y Hungría la ganó la selección Italiana por 4 goles a 2.

En México, León Trotsky, fundador del ejército rojo soviético, vivía en un exilio forzado pensando en su revolución permanente. En Moscú, Stalin preparaba lenta y minuciosamente su asesinato.

En China, daban sus frutos progresivamente la antinatural alianza entre los comunistas y los nacionalistas para rechazar la invasión japonesa.

En Alemania, se celebraba la conferencia de paz de Munich en donde Hitler consiguió la anexión de los Sudetes a cambio de un acuerdo de no agresión que solo se creyó el primer ministro británico Chamberlain.

Y en EEUU se dormía el sueño de los justos. El new deal funcionaba y la depresión era prehistoria. Las aventuras de Superman comenzaban a publicarse y VIVE COMO QUIERAS de Frank Capra ganó el Oscar a la mejor película. El medio de comunicación que transmitía noticias y entretenimiento más utilizado era la radio. Millones de norteamericanos conectaban sus aparatos a diario. Las convulsiones políticas en Europa estaban a miles de kilómetros de allí. Todo marchaba sobre ruedas. ¿Todo?

Un día de otoño de 1938 cientos de miles de oyentes de la zona de Nueva York y limítrofes estaban escuchando el programa habitual de la estación de radio de Columbia Broadcasting System. Algunos se conectaron al principio de la emisión, pero otros muchos lo hicieron ya empezada. Después del parte meteorológico y mientras se escuchaba la Cumparsita interpretada por Ramón Raquello y su orquesta, se interrumpió la transmisión para dar una extraña noticia: Desde el observatorio de Mount Jennings, de Chicago se vieron una serie de lanzamientos sin identificar desde el planeta Marte. Después de que el programa continuara entre explicaciones de científicos, cortes continuos para transmitir novedades de nuevos avistamientos y música de la misma orquesta interpretando Polvo de Estrellas, se produjo el bombazo. Los marcianos habían aterrizado en Nueva Jersey, sembrando de cadáveres el lugar. La invasión de la tierra había comenzado.

Y a partir de aquí, el caos. Los vecinos se gritaban entre sí para que pusieran la radio y escucharan la noticia. El pánico comenzó a expandirse. La centralita de la policía metropolitana se colapsó. Miles de familias hicieron el equipaje y se abalanzaron sobre sus vehículos. Esto va en serio. Los marcianos avanzaban hacia Nueva York. Había que salir de allí. Se formó un embotellamiento en la ciudad de proporciones sísmicas. Se produjeron cientos de accidentes. El terror se hizo dueño de la población.

Lo que no sabía entonces aquella gente es que estaban escuchando la versión radiofónica de LA GUERRA DE LOS MUNDOS de H. G. Wells. Adaptación libre salida de la pluma de Howard Koch, presentada por el joven Orson Welles e interpretada por la compañía del teatro Mercury. Hicieron tan bien la representación y utilizaron efectos sonoros tan reales (precursores de los efectos especiales actuales), que la gente creyó realmente que estaban siendo invadidos por alienígenas. Estaban en medio de una novela de ciencia ficción publicada en 1895 y creyeron que era totalmente cierto.

Este pánico general produjo ríos de tinta en los periódicos, estudios sociológicos sobre el pánico en la población y el nacimiento artístico de uno de los personajes más peculiares del siglo XX: Orson Welles.

A parte de la idea general que nos pueda transmitir la candidez y credulidad del pueblo norteamericano hay que decir que el experimento se repitió 2 veces (que yo sepa en Quito y Lisboa) con similares resultados. Se tuvo que prohibir este tipo de emisiones para no perturbar a la población.

Orson Welles, genio indiscutible del cine, jamás dirigió una película de ciencia ficción y sin embargo nos legó lo imposible a través de la radio: La ciencia ficción como fenómeno de masas.

Repito que es muy bueno conservar la memoria histórica. El Nueva York otoñal de 1938 vio superados sus miedos y terrores en septiembre de 2001, con un ataque contra el World Trade Center que produjo miles de muertos y un pánico generalizado. El tópico de que la realidad supera a la ficción es, tristemente, muy cierto.

© Manuel Nicolás Cuadrado
(744 palabras)