Reivindicando la sencillez
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace algunos años, en una entrevista en el Ciberpais, Soledad Puértolas decía muy claramente; ...la literatura cincelada y pulida, llena de meandros sintácticos, y muy obsesionada por la forma, es literatura muerta

No pude estar más de acuerdo con esto, principalmente porque una de mis peores pesadillas es encontrarme una obra en la que el autor confunde la cantidad literaria con la calidad literaria, es decir, que desde la creencia de que la acumulación de figuras retóricas, adjetivos, y retorcidos ejercicios de estilo está consiguiendo hacer mejor literatura que si se limitara a relacionar pulcra y ordenadamente lo que quiere contar.

Así, no resulta infrecuente encontrar obras tremendamente alambicadas, con un argumento tan endeble y un desarrollo tan poco interesante que ya simplemente asombra su publicación. En efecto, parece como si los árboles impidieran ver el bosque y los editores, en la creencia de que cuanto más mejor, ofrecen con más frecuencia de la deseada obras de lectura tan espesa como poco gratificante.

Para mi, esas obras no están bien escritas porque sencillamente no están bien contadas. Demasiados autores caen en esos excesos, aunque tampoco es algo que me resulte del todo extraño. Es algo comparable al estilo de un dibujante novato y otro experimentado, normalmente el primero recarga sus dibujos y pinturas, las llena de elementos superfluos, trazos repetidos y acaba consiguiendo cubrir toda la superficie del soporte, desviando la atención del objeto principal de la imagen, por lo general al borde del emborronamiento. Al artista experto le bastan unos pocos trazos para conseguir infinitamente más expresividad, utilizando únicamente los elementos que considera fundamentales.

En la literatura, sobre todo en el mundo de la edición no profesional, se observa con excesiva frecuencia este efecto; autores que empiezan pretendiendo poner sobre el papel todo lo que saben, obsesionados por el como cuentan, sin importarles en exceso el que cuentan, consiguiendo, como digo, obras tan pomposas como huecas y vacías de sentido.

© Francisco José Súñer Iglesias
(321 palabras)