La seriedad de La Saga
por Pedro G. Bilbao

Hay quien se lamenta porque Pascual Enguídanos, más conocido como George H. White, o Van S. Smith no diera el salto a la ciencia-ficción seria

¿Acaso La Saga de los Aznar no es ciencia-ficción seria?

Supongo que más de uno pensará que La Saga es seria pero menos.

No estoy de acuerdo.

La Saga es ciencia-ficción seria. Para empezar.

Lo que ocurre es autores salidos del mismo entorno de las novelas de a duro, como Torres Quesada y Domingo Santos, ampliaron su abanico de temas y novelas, con variada fortuna, Enguídanos no lo hizo. Su producción se mantuvo en el formato de bolsillo, donde las limitaciones del entorno y circunstancia moldeaban los resultados más allá de la maestría del autor.

Enguídanos no pudo o no quiso intentarlo con otras historias y libre de taduras comno sí hicieron Angel y Pedro Domingo. Pero La Saga es seria, sincera. Enguídanos da lo mejor de sí. Y es la evolución en el tratamiento de la parte psudocientífica la que demuestra lo que afirmo. Las cuestiones discutibles de la primera época o las de la segunda son retocadas andando la trama, son reelaboradas según Enguídanos se forma a sí mismo. Es decir Enguídanos nos demuestra que sabe aprender, que evoluciona y eso no lo dicen todos. Lo que pasa es que Enguídanos se mete en berenjenales científicos notables, otros autores serios solucionan los tales berenjenales científicos acudiendo a los Lugares Comunes del Género y no aportan nada. Nada; aventuras, intriga, emoción, lo que no es poco, pero NADA en cuestiones especulativas científicas, sociales o astronómicas; yo no compararía a Enguídanos con algunos de los serios, sería peligroso para algunos, no para Enguídanos.

Enguídanos sí que aporta; lo que ocurre es que él no es un astrofísico ni un especialista en dinámica de fluidos y sus soluciones a veces presentan problemas. Pero aporta una rica y seria especulación sobre las relaciones entre tecnología y sociedad, tecnología y conflictos bélicos, o sobre las relaciones entre especies, también aporta especulación sobre la problemática para la formación de Imperios Galácticos o sobre los sistemas de viaje. El concepto de autoplaneta nace de la necesidad de una nave generacional con soportes de vida capaces de aguantar décadas o siglos. También es importante su especulación sobre la terraformación o planetoformación de cuerpos estelares como Atolón o la dinámica de cuerpos singulares como los mundos huecos o las esferas de Dyson.

¿Quien más ha hecho eso en la ciencia-ficción, en la escala en la que lo ha hecho? Respuesta: Aguilera y Redal, o Ricard de la Casa, Eduardo Gallego, Guillem Sánchez, etc, es decir gente del Grupo de Cabeza de la ciencia-ficción actual. La diferencia hay que buscarla en la época, en el nivel de formación, pero la genialidad le es indiscutible.

La cuestión es ¿Qué hubiera pasado si Enguídanos hubiera escrito novelas fuera de La Saga? Libre de ataduras formales..., o una sobre La Saga pero sin recortes de espacio, longitud, etc. ¿Quien sabe? Su caso es el de la identificación de un autor con un universo, su universo. Vamos a Marion Zimmer Bradley (con dos universos como Darkover y la serie Avalon), a Ursula Le Guin (recuérdese que la mayoría de sus obras forman parte de un mismo universo) y preguntémonos lo mismo. ¿Qué hicieron de interés fuera de sus ciclos? Muchas cosas, sin duda, pero la respuesta es que ellas sí pudieron hacerlo. Vivieron de eso, les pagaron mucho y por adelantado. Triunfaron en el mercado y en la industria de un país enorme y muy poderoso.

La cuestión es: ¿Enguídanos, con el mismo apoyo económico hubiera podido ampliar sus obras? Creo que sí. No olvidemos que Enguídanos escribía POR NECESIDAD, no por gusto o devoción. Su tiempo le era preciso para sacar su familia adelante. Como tal profesional fue el de más éxito económico después de Mallorquí. No olvidemos eso. Pero el medio en el que se movía por obligación le impuso dificultades y limitaciones a su pluma. Sin ellas y sin imperativos de supervivencia, Habría escrito más, seguro.

Sin duda, La Saga es de lo más serio que tenemos.

© Pedro G. Bilbao
(688 palabras)