Orígenes
por Lejano Buitre

Dígame, querido lector. ¿Disfrutó usted con TITANIC? ¿Le gustó RAN? ¿Y LOS SIETE MAGNÍFICOS? Pues todas esas películas deberían ser quemadas, sus cenizas esparcidas al viento, y sus guionistas fusilados.

¿Su crimen? Me asombra usted, querido lector, debería estar muy claro. Su crimen es la falta de originalidad. Porque si lo piensa usted, TITANIC no va más que de una triste historia de amor y de un barco muy grande que se hunde. El cine ha producido centenares de historias de amor con final triste, y no me va a decir usted que no había visto nunca una película en la que el famoso trasatlántico se va a pique. En cuanto a RAN, a fin de cuentas no pasa de ser una copia llevada al cine por los japoneses de una obra de William Shakespeare (EL REY LEAR, si mi memoria no me falla). Y LOS SIETE MAGNÍFICOS es su contrapartida: una historia japonesa (LOS SIETE SAMURAIS) trasladada a un poblacho mejicano con muchos tiros y cosas así. Una auténtica pena.

Todas esas películas no son originales en absoluto. Aunque bueno, si vamos a eso, el antes mencionado Shakespeare también era un plagiario. Y Goethe. Y unos cuantos más que me callo, no vayamos a liarla. Gente poco original que tomaba sus cosas buenas de donde las encontraba. Qué descaro.

Si a estas alturas no ha quedado claro de qué va esto que usted está leyendo, se lo diré a la cara. Va de esa pretendida manía de ciertos escritores y críticos de literatura de que cualquier obra que sale al mercado debe ser (sic) original.

Pues miren ustedes, yo lo veo un tanto difícil. Ya que esto está dedicado a la ciencia ficción, vamos a citar una vez más la que a estas alturas debería ser la ya bien conocida Ley de Sturgeon: el noventa por ciento de todo es basura. Basura. Ruido. Letras irrelevantes. O mierda. Es que pensándolo bien, es casi imposible ser original. ¿Realmente alguno de esos personajes se ha parado a pensar en la cantidad de cosas que se escriben? En cada una de esas obras se vierten centenares de situaciones, ideas y personajes que son en su mayor parte resultado del medio en que sus autores están inmersos. Es inevitable. Un escritor ha leído otras cosas, y esas cosas sedimentan y alimentan la imaginación del escritor. De vez en cuando, y si es afortunado, el escritor vomitará una idea original. Y puede que alguien la lea. Y puede que otro la reproduzca de forma consciente o inconsciente.

¿Jugamos a buscar ejemplos en la ciencia ficción? Pues vamos allá. Aquellos cuentos de Rodolfo Martínez publicados en BEM sobre una tertulia de amigos. Un calco de los Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco de Clarke. Basura. ¿MUNDOS EN EL ABISMO? Quitando las tonterías del hinduismo y demás zarandajas, que además estorban y complican la lectura, parece una mala copia de MUNDO ANILLO. Basura. ¿HIJOS DE LA ETERNIDAD? Copia de la copia anterior, y aún por encima no pasa de ser otra historieta de esas sobre guerras entre inteligencias orgánicas e inteligencias mecánicas. Basura. Y lo dejo que me canso. Tampoco es plan de tumbar todos esos relatos trabajosamente copiados por nuestros autores patrios. En cuanto a las series, mejor no hablemos. En un auténtico alarde de onanismo, esos escritores copian no ya las ideas de otros, sino las suyas propias. Una vez y otra y otra y otra...

¿Qué mosca le habrá picado al tío éste, pensara el lector? Pues mire, ocurre que me gustan las novelas de Harry Potter. Me gustan mucho. Y también me gustan mucho un bonito número de novelas y relatos de otros tantos autores, aunque en muchos casos carezcan notablemente de originalidad. Por que resulta que desde mi punto de vista es necesario que haya un montón de producción poco original para que de vez en cuando surja ese diez por ciento que no es basura; ese diez por ciento de obras originales, consideradas obras maestras, cánones o como leche se diga. Porque si lo pensamos bien, resulta que si alguien no hubiese escrito cosas, posiblemente de inferior calidad, que a Shakespeare le gustaron, nos habríamos perdido varias de sus obras consideradas como obras maestras. Y lo mismo con Goethe. Y lo mismo con unos cuantos más que me callo, que la liamos. A lo mejor resulta que para que exista ese diez por ciento de originalidad y maestría tiene que haber un noventa por ciento de falta de originalidad y mediocridad.

¿Que las obras de Harry Potter no son originales? Pues vaya. ¿Que lo de la escuela de brujería ya aparecía en otros sitios? Pues mira tú. Si Harry Potter no es un plagio, esa gente tiene, como decimos por aquí, dos problemas. Pero lo tienen fácil. No las compran y listo. Si realmente quieren salvar al resto de la humanidad de la basura, bueno, que se cuelguen una pancarta y hagan piquetes delante de las librerías. De paso conseguirán que muchos chavales que ahora les ha dado por leer vuelvan a las consolas o al televisor.

Hay que fastidiarse (por no decir otra cosa). Resulta que todo aquello que te gusta engorda, es pecado o poco original.

© Lejano Buitre
(869 palabras)