Heinlein NO era fascista
por Francisco José Súñer Iglesias

Una de las leyendas más extendidas de la ciencia-ficción mundial, y tema recurrente hasta la saciedad en los mentideros, son las tendencias políticas de Robert A. Heinlein.

Independientemente de su posible conservadurismo y simpatías derechistas, lo que debe queda muy claro es que Heinlein no era fascista.

El fascismo, al igual que el comunismo revolucionario, entiende la sociedad desde la subordinación total del individuo al estado, desterrando cualquier clase de individualismo y negando la democracia. Todo es dirigido por el estado al que se le debe una obeciencia ciega; ¡Creer! ¡Obedecer! ¡Combatir! era el lema de los fascistas italianos en contraposición al Libertad, igualdad, fraternidad del pensamiento progresista desde la Revolución Francesa. A eso se le suele añadir un nacionalismo mal digerido, el militarismo como mejor método para controlar la organización social, vigilada además mediante un potente aparato policial, y una economía basada en el socialismo, si bien compatible con el libre comercio y la libre empresa…, siempre que se estén al servicio del Estado.

Llegamos a Heinlein, ¿que era Heinlein? En términos europeos, era un liberal (en Estados Unidos la nomenclatura es significativamente diferente). Y no confundamos liberal con libertario o progresista El liberalismo es una doctrina que es completamente opuesta al fascismo, ante todo propugna el desarrollo de la libertad del individuo, libertad de movimiento, libertad de pensamiento, libertad de elegir (por otro lado, el título de un libro de Milton Friedman que explica el liberalismo económico, cuyos fundamentos están en LA RIQUEZA DE LAS NACIONES, de Adam Smith) Lo que hace fundamentalmente opuesto el liberalismo al fascismo y al comunismo es el papel del estado, reducido a la mínima expresión en el primero, y omnipresente en los segundos.

El liberalismo es lo que muchos, de forma chistosa, llaman anarcocapitalismo, e incluso de peyorativamente neoliberalismo. Aunque lógicamente eso es inexacto, el anarquismo bebe directamente de esa libertad, igualdad, fraternidad de la Revolución Francesa, tendiendo a un reparto razonable de la riqueza. El liberalismo no habla de reparto alguno de riqueza, habla de que cada uno debe conseguir la riqueza según sus propios medios y sus propias habilidades, cuanto más hábil más rico, y repito, sin que el Estado se meta por medio.

Ahora echemos un vistazo a la historia, los tres fascismos más conocidos; el franquista, el hitleriano y el mussoliniano (el peronismo también contaría). Tres sistemas políticos personalistas, represivos y antidemocráticos. Sin embargo, y cada cual en la medida de las posibilidades del país (nunca se podrá comparar España con Alemania), resultaban ser sorprendentemente benignos socialmente (repito, si se dejaba a papa estado la dura tarea de pensar) sueldos decentes, cobertura médica tremendamente amplia, y cierta paz socia.

¿Hubiera vivido cómodo Heinlein bajo esos regímenes? No. Se sentiría molesto y probablemente hubiera acabado en la cárcel por alborotador. Sin embargo, a Heinlein le encantaría el gobierno de Margaret Thatcher, Ronald Reagan o José María Aznar ¡Son gobiernos liberales! que fomentaron el libre comercio (esto entrecomillado, los matices son infinitos) y desmontan el aparato del estado (esto también entre comillas)

En cuanto a las acusaciones de militarista que se le hacen a Heinlein no dejan de ser ejercicios ociosos y hasta indocumentados; ¡¡Heinlein era militar de carrera!! Extraño hubiera resultado entonces no encontrar algún rastro de ello en su obra.

Resumiendo, a Heinlein habría que ponerle junto a John Milton, Ain Rand, y en menor medida Voltaire y Diderot, pero nunca junto a Gabriele D´Annunzio, Charles Maurras o Ezra Pound (y no, Nietzsche ¡tampoco! era fascista)

© Francisco José Súñer Iglesias
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