Vacas locas
Por Francisco José Súñer Iglesias

Un tema recurrente de la ciencia-ficción catastrofista (aquella que dibuja un futuro negro, negro) es el de las epidemias de carácter letal que acabaran, mas o menos, con la humanidad. Acabo de terminar GALAPAGOS, de Kurt Vonnegut, y entre otras muchas cosas, achaca el fin de la humanidad al ataque de una bacteria capaz de volver estériles a todas las mujeres del mundo.

Soterradas invasiones alienigenas (LA INVASION DE LOS LADRONES DE CUERPOS) y virus salvajes llegados del espacio exterior (LA AMENAZA DE ANDROMEDA) son clásicos del genero, pero al menos, en este par de casos, se luchaba contra el agente exterior con mayor o menor fortuna poniendo por delante de cualquier otra consideración el ingenio y voluntad humana.

Pero hay otras obras, como MAS VERDE DE LO QUE CREEIS, de Ward Moore, o EL ALIMENTO DE LOS DIOSES, de H. G. Wells, en las que lo verdaderamente espeluznante es la estupidez humana, la forma en la que se manejan alegremente sustancias capaces de alterar muy seriamente el entorno y, por tanto, alterar definitivamente todas la biología planetaria. Estas ultimas obras no nacían de delirios de sus autores, nacían de la certeza de que, dejado de la mano de su ambición y necedad el hombre es capaz de destruirse a si mismo y todo lo que le rodea.

Todo este nauseabundo asunto de las Vacas Locas no deja de ser una vuelta de tuerca mas sobre lo mismo. Desde muy antiguo se sabia que alimentar a los rumiantes con carne daba óptimos resultados en cuanto a engorde y crecimiento. También desde muy antiguo se sabia que eso era una estupidez puesto que eran esos rumiantes lo que debían producir la carne, no comérsela, pero hete aquí que el ingenio humano descubrió que se desechaba mucha de esa carne producida, así pues ¿por que no reciclarla como alimento de productores de carne?

No se cuando ocurrió exactamente (me dicen que 1954) pero lo que si se, es que también se conocía, por la observación de tribus antropofagas en Nueva Guinea, de la transmisión del síndrome famoso por la ingesta del cerebro y otros órganos de los enemigos. Existe además el detalle de que la enfermedad de las Vacas Locas ya estaba previamente descrita en Ovejas, y también desde hace mucho.

Otra cuestión extraña es que la enfermedad se trata como un problema epidemiológico, cuando no lo es. Los famosos priones son cosas muertas, incapaces por si mismos de contagiar nada, se deben acumular, y en grandes cantidades, para ser perjudiciales, y la única forma de acumulación es el consumo masivo, nunca, como parece darse a entender en algunas, ocasiones el simple contacto.

¿Que es lo que pasa entonces? ¿Por que se empezó a alimentar a las vacas con sus propios cadáveres? ¿Por que ha surgido precisamente ahora el escándalo? ¿Que oscuros intereses hay detrás de toda esta psicosis? ¿A cuantas mas aberraciones alimentarias que ignoramos estaremos sujetos?

Wells, Ward Moore, y muchos otros han descrito estas situaciones una y otra vez, y ni las advertencias, ni los ejemplos pasados, como el escándalo del aceite de colza, hacen que se ponga coto a los abusos. La ciencia-ficción catastrofista no me gusta, me parece oportunista y exagerada, pero en demasiadas ocasiones demuestra de forma demasiado literal el camino que estamos siguiendo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(550 palabras)