Fenicios y Mercachifles
por Francisco José Súñer Iglesias

En ocasiones me indigno más de lo razonable ante cierto tipo de cuestiones, al fin y al cabo me tengo por un tipo inteligente, inmune a según que cantos de sirena, aunque bien es cierto que mi indignación viene dada por la sibilina, tendenciosa, exagerada y poco documentada propaganda que se le hace a las nuevas tecnologías. Conozco demasiado bien el percal, como para saber más que de sobra que el 90% de lo que se dice acerca de esas nuevas tecnologías es pura memez. Y no es que lo diga sólo yo, el reciente batacazo de las punto.com ha demostrado que esto de las nuevas tecnologías es aún un juguete es sus primeras fases de desarrollo, por poner una analogía juguetera, es como pretender conseguir con unos cubos de madera los mismos resultados que con un Meccano o un Lego Mindstrom.

Mi indignación viene, pues, por todas las estupideces con las que se les llena la boca a los mercachifles tecnológicos. Se han querido adelantar a la capacidad real del juguete y llevan tiempo proclamando las bondades de productos y servicios, en su mayoría inútiles por no hablar de inoperantes. Y lo peor de todo es que las buenas gentes se contagian de ese entusiasmo y se lanzan a las arenas de las paradisiacas arenas neo-tecnológicas para encontrarse con malolientes lodazales.

Las infraestrucuturas de comunicaciones no tienen capacidad para soportar esa avalancha de usuarios ilusionados, los mercachifles echan la culpa, y los usuarios los creen, a las empresas de telecomunicaciones, que a causa de sus pasados monopolísticos apenas pueden defenderse. Pero ese ataque también es hijo de la falacia. Se acusa a las operadoras de incompetencia y voracidad, cuestiones por otro lado bastante ciertas, creyendo que son aún aquellas antiguas instituciones monolíticas y estatales, capaces de absorber cualquier inversión indiscriminadamente, sin caer en la cuenta que son empresas privadas que deben ganar dinero, y no instituciones de caridad que regalan sus servicios. Partiendo de ahí, las operadoras no van a seguir aumentando infinitamente el ancho de banda que requieran los usuarios para las aplicaciones que les venden los mercachifles, y que suponen un tráfico tan desmesurado como inútil. Algún día llegará ese ancho de banda y esas aplicaciones, pero sospecho que de una forma muy distinta a lo que conocemos actualmente.

Un ejemplo de esto es el famosísimo WAP. Una tecnología curiosa y simpática, apenas utilizada y mal planteada. El GSM tiene sus limitaciones, bastante se hizo en su tiempo con dotarle de una capacidad de transmisión de datos razonable, suficiente para pequeños paquetes de datos y el correo electrónico, pero de ninguna manera para imitar la navegación WEB. Pues bien, se la vende como la última maravilla de la técnica, imprescindible para el hombre moderno y fundamental para la buena marcha de la economía mundial. Todo mentira, desde luego. Si se espera a la llegada de UMTS y otro tipo de terminales es posible que se le saque algún partido, pero en su actual forma es tan patético que hasta da pena hablar de él.

Y para acabar, otro disparate que me irrita enormemente es el tan repetido de que quien no se ponga al día en estos temas será un analfabeto tecnológico y, virtualmente, un paria. Semejante estupidez ya se decía cuando se introdujo hace casi veinte años la micro informática y con el tiempo se ha demostrado hija del marketing más rastrero.

© Francisco José Súñer Iglesias
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