De cómo destrozar una serie de televisión en general
(y de ciencia-ficción en particular)
por Francisco José Súñer Iglesias

Si tiene usted la suerte de haber encontrado trabajo como programador de televisión está de enhorabuena, este breve artículo le permitirá convertirse en un personaje odiado en miles, millones de hogares, y erigiese en el azote de comedias, dramas y cualquier otro género o subgénero conocido.

En primer lugar, no se preocupe excesivamente por estudiar la parrilla que le dejó su antecesor en el cargo. Si usted está haciendo ese trabajo en la actualidad, lo más probable es que el anterior dueño del despacho fuera un patán incompetente, sin imaginación ni ambición, y por eso fue fulminado sin miramientos. Tampoco se preocupe si cree posible cometer los mismos errores, si le despidieron, debió hacerlo tan rematadamente mal que será imposible hacerlo peor, y a poco que sepa encajar los productos que el departamento de compras le ha dejado encima de la mesa tiene cubierta más que de sobra la parrilla del próximo año.

De este modo, es obvio, que los dibujos animados son para críos, si la serie es de críos también va dirigida a los críos, y si no salen críos, pero si negros, es que es una comedia y también es para críos. Si tenemos en cuenta que un crío puede tener entre uno y dieciocho años, el orden y hora de emisión de la serie, es a una hora en la que los críos estén viendo la tele. Pregúntele a su cuñada.

Tampoco se le ocurra hacer un recuento de los capítulos comprados, ni indagar acerca de la temporada a la que pertenecen, ni siquiera en etiquetarlos con su número de orden y la fecha y hora a la que deben ser emitidos. El chaval de continuidad, que para algo es primo de su cuñada y, como usted, despierto y espabilado, no tendrá ningún problema a la hora de meter en el reproductor la cinta correspondiente en el momento oportuno.

Además, si cuenta los capítulos de los que dispone puede verse en un serio aprieto, pudiera ser que tenga que cubrir, por poner un ejemplo, los sábados y domingos de seis meses de programación, y de 14:00 a 14:30, con sólo doce capítulos. Un somero cálculo le indicará que necesita, al menos, 48 capítulos. De ahí la peligrosidad del mal uso de las matemáticas. Como solución le recomiendo hacer que el chaval de continuidad vaya colocando al final de la pila de cintas las ya emitidas, asegurándole que se renovará cada dos meses. Aunque despierto y espabilado, es también un poco despistado, y no se dará cuenta de que en realidad no se renueva la pila.

Con todo, existe la posibilidad de que algún espectador ocioso pase más tiempo de la cuenta viendo la televisión o, increíblemente, siguiendo la serie, y a la tercera repetición de la misma empiece a mostrar signos de inquietud. Cámbiela de hora, trasládela de las 14:00 a las 13:30 e, incluso, a las 13:00 (las 14:30 deben reservarse para las series publicitariamente más rentables, aunque sean repeticiones de antiguas repeticiones) De este modo el espectador, desorientado, no notará la reiteración de capítulos.

Y por último, no se le ocurra sugerir a la dirección de la cadena o al departamento de compras la necesidad de dar un descanso a esa temporada de la serie y comprar temporadas nuevas, incluso alguna que otra nueva serie. El estúpido que le precedió en el cargo comentó algo parecido en el servicio, y mire donde está ahora.

En fin, espero que estos buenos consejos le sirvan de ayuda. En cualquier caso, y si aún tiene dudas, le recomiendo el seguimiento de la serie Futurama, emitida en España por Antena 3 TV, para que se haga una idea de cómo no se debe programar una serie de televisión. Aunque sea una comedia de ciencia-ficción en dibujos animados.

© Francisco José Súñer Iglesias
(636 palabras)