Críticas. Guía de uso
II: Los Autores
por Francisco José Súñer Iglesias

Sensible gremio, para el que cualquier crítica que no sea favorable es una crítica deleznable, sin paliativos.

O no.

En cualquier caso, el criticado (hablando siempre desde el punto de vista negativo) no debe dejarse llevar por la irritación inicial y con un criterio que considero razonable, debe dejar reposar la crítica y leerla algún tiempo más tarde. Hay quizá un caso particular en el que se debería tirar directamente a la papelera, y es cuando, dejando aparte las consideraciones técnicas que pudiera contener, la crítica ha alcanzado un tono personal y fundamentalmente insultante.

Ahora, haciendo un breve inciso, admito que en algunos de mis comentarios he rozado, e incluso superado, esa barrera. Pido por tanto públicas disculpas por el tono y la forma, aunque a nadie le queden dudas de que me reafirmo en el fondo Y es que no es nada recomendable escribir uno de estos comentarios con la cabeza caliente, pero es que hay cosas que me enervan. Disculpas ahora por esta digresión.

Pues bien, el autor, una vez leída nuevamente la crítica, debe hacer uso de su propio sentido crítico y saber que clase de comentario está leyendo. Puede tratarse de una simple opinión, sin más implicaciones que las impresiones que su obra ha causado en el autor de la crítica, sin entrar en profundidades técnicas o argumentales. Esto no debería irritar al autor, debe tener en cuenta que su creatividad está fundamentada en unas experiencias y orientaciones que no tienen por qué coincidir con la totalidad de los mortales, y hay quien puede dudar de la excelencia del producto final.

Enlazando con las recomendaciones a los consumidores, el autor debe ser capaz de discernir que clase de crítico ha denostado su obra, que gustos tiene ese crítico y, por tanto, saber que a clase de consumidor no le ha interesado su obra. O a cual si.

Una crítica erudita profundiza en detalles técnicos, y supuestamente más objetivos. De este tipo de críticas el autor debe aprender, admitir cuales son los puntos débiles de la obra y en el futuro, si se siente con fuerzas y capacidad para ello, corregirse en ese sentido. Esto, desde luego, no es un absoluto. Escuelas, corrientes modas hacen que tal o cual forma de narrar esté más o menos admitida en cada momento. Los autores, por lo general, suelen ser gentes inteligentes, y saber exactamente que es una moda y que una carencia técnica es otra cuestión que deben tener muy clara.

Otra cuestión que deberían tener más en cuenta los autores, y los críticos, que prejuicios los hay por ambas partes, es que el intercambio de pareceres enriquece bastante más que una semana de frustración y espumarajos.

En cuanto al crítico vendido, malintencionado o amargado no hay que hacerle demasiado caso, aunque ciertamente es el más irritante de todos. Como recomendaba a los consumidores, una vez detectado, ni caso. Eso si, el autor nunca debe caer en el error de atacar a los críticos, declarándoles la guerra dialéctica o arremetiendo con las armas de la creatividad, escribiendo novelas acerca de escritores frustrados o rodando películas sobre las miserias de los críticos cinematográficos, sería rebajarse al nivel de un crío de cinco años con pataletas crónicas. Los críticos son herramientas que se deben aprender a usar, además de necesarios, porque francamente, el boca a boca funciona, pero si la obra no ha salido en los papeles es un proceso ciertamente difícil de poner en marcha.

© Francisco José Súñer Iglesias
(575 palabras)