El futuro en que vivimos
1. Vivimos en el futuro
por Francisco José Súñer Iglesias

Resulta inevitable que leyendo viejas novelas de ciencia-ficción se nos dibuje una sonrisa ante la ingenuidad o la falta de perspectiva con la que el autor aborda la ambientación tecnológica de la obra.

Ordenadores de una capacidad de proceso descomunal, medios de comunicación tan efectivos como desaforadamente imaginados, técnicas médicas casi milagrosas, y toda una parafernalia de asombrosos e imposibles adminículos que hacen la vida a los protagonistas. A veces.

Sin embargo, sólo hay que pararse a pensar medio minuto para comprobar que todos esos maravillosos aparatos que los autores ponían en manos de sus personajes están superados por los más inocentes electrodomésticos que tenemos a nuestro alcance.

El mismo ordenador con el que estás leyendo estas palabras es bastante más potente que los imaginados por tantos y tantos autores, y asombrosamente, la mayor parte de la capacidad de proceso se va en mostrar atractivos entornos gráficos, en vez de resolver complicadísimas ecuaciones matemáticas. Posiblemente tendrás a mano tu teléfono móvil, capaz de ponerte en contacto con cualquier persona del mundo (que esté cerca de un teléfono, claro) desde casi cualquier parte del mundo. Sin la rigidez de aquellos arcaicos comunicadores personales, de capacidades limitadas. Y siguen los asombros; la mayor parte de esa maravillosa capacidad del teléfono móvil se usa para enviar mensajes de texto que en raras, pero dignas, ocasiones escapan a lo estúpido.

La tecnología médica proporciona eficaces curas a enfermedades y malformaciones hasta ahora incurables, operaciones que prácticamente consistían en desmontar pieza a pieza al paciente se han convertido en cirugía puntual con la ayuda de una sonda y una mini cámara de televisión, y productos químicos cada vez más elaborados atacan el mal sin afectar (o eso dicen) al paciente. Sin embargo, gran parte del gasto médico de occidente se invierte en tratamientos de orden estético.

Son sólo unos pequeños apuntes, con los que creo haber demostrado que ya vivimos en el futuro; desde hace mucho que vivimos en el futuro. Sin embargo, y esa es otra cuestión en la que los autores de ciencia-ficción solían equivocarse, no es el mismo futuro para todos los habitantes de la Tierra. Pese a lo dicho, hay mucha gente a la que esa tecnología le está vedada. Y de ser sólo la tecnología no tendría mayor importancia. Hay a quien le está negada la vida.

Naturalmente, no es un buen futuro el que vivimos.

© Francisco José Súñer Iglesias
(398 palabras)