El sentido de la maravilla
por Francisco José Súñer Iglesias

¿Qué es lo que lleva al lector hacia la ciencia-ficción? ¿Cuál es ese ingrediente que consume tiempo, dinero y horas de sueño? ¿Qué es lo que hace tan atractiva la ciencia-ficción? Independientemente de sesudas especulaciones sociológicas, minuciosas extrapolaciones tecnológicas o exploraciones más allá de los límites de un cerebro bien amueblado, están el escenario en el que los autores desarrollan sus profundas reflexiones, ese escenario tan exótico y alejado del día a día que desborda imaginaciones y sorprende página tras página.

Si a eso le añadimos personajes que abarcan todas las posibilidades en cuanto a formas, tamaños, psicologías y orígenes, y si a eso le añadimos tecnología y sociedades singulares y extrañas, y lo unimos todo con la inevitable componente aventurera que, casi como condición indispensable, es parte de la ciencia-ficción tenemos eso que se ha dado en llamar el Sentido de la Maravilla.

Explicarlo es difícil, pero todos hemos pasado en más de una ocasión por la experiencia de leer casi con incredulidad relatos que nos transportaban a lugares imposibles, con héroes arquetípicos manejando brillantemente situaciones desesperadas. Y mientras leíamos, la imaginación del autor nos llevaba de asombro en asombro, recurriendo en ocasiones a trucos tan viejos como la literatura para mantener absorto al lector, describiendo prodigios y portentos en apariencia inimaginables.

Cuanto más joven es el lector más impactantes resultan estas imágenes. Con mucho aún por descubrir, enfrentarse a cuestiones que sobrepasan en mucho su limitada compresión del mundo consigue que busque más, compre y pida prestados más libros, consuma cine y televisión compulsivamente y convierta la ciencia-ficción en su más cara afición.

Con el tiempo, y el inevitable proceso de maduración, se pierde en gran medida esa capacidad de asombrarse por todo, el Sentido de la Maravilla no resulta tan impactante, y aún sin dejar del todo la ciencia-ficción, el aficionado explora otros caminos, otros ámbitos, buscando otras experiencias.

Pero siempre vuelve, esperando reencontrarse con aquellas sensaciones que tanto significaron en un momento de su vida.

© Francisco José Súñer Iglesias
(334 palabras)