Los males de la ciencia-ficción
2 - Los experimentos
por Francisco José Súñer Iglesias

En la literatura, el cine, el arte en general, se crean y promueven modos de hacer y entender el medio que en muchos casos no dejan de ser poses exclusivistas, con más afán de diferenciar el producto final gracias a características tan cuestionables como salpicarlo de claves de interpretación interesada o un lenguaje oscuro y alejado de los usos habituales de comunicación. Hay quien llama a eso innovar, yo lo llamo esconder la falta de talento e ideas tras la fachada del falso intelectualismo.

En la ciencia-ficción, como rama de la literatura, este fenómeno se presenta igualmente. El problema de la ciencia-ficción es que se presta a excesos que en la literatura general se ven descubren rápidamente. Así, no resulta extraño que con la excusa, o escudo, de una visión radical de la realidad se hayan perpetrado obras como A CABEZA DESCALZA, de Brian Aldiss, o LLEGADA A EASTERWINE, de L. A. Lafferty. Novelas de difícil o casi imposible lectura, y oscura, por no decir inexistente, conclusión, se perpetúan como clásicos del género porque nadie se atreve a plantear claramente lo que son; una pesada e indigerible masa de palabras.

No estoy dudando de la honestidad del autor, aunque hay ocasiones en las que sea acaba haciendo realmente, sino de su falta de autocrítica. El hecho de que la escritura de la novela haya sido larga y compleja no la convierte automáticamente en un objeto que se pueda hacer público, y tampoco el prestigio adquirido con otras obras le da derecho a sacarse de la manga cualquier pastiche infumable y darlo a la luz.

Sin embargo, al tratarse de ciencia-ficción, parece como si estuviera abierta la veda del escrito extravagante y pretencioso, explorando no se sabe muy bien que escondidas regiones de la mente o el Universo. O peor todavía, clasificarlo como ciencia-ficción porque de ninguna otra forma sería posible divulgarlo sin hacer el ridículo más espantoso.

© Francisco José Súñer Iglesias
(321 palabras)