Los males de la ciencia-ficción, 1
Los tochos
por Francisco José Súñer Iglesias

Me lo han explicado infinidad de ocasiones, y en una buena cantidad de versiones, pero me cuesta entender porque se escriben y publican enormes libracos, de una extensión desaforada y a unos precios de vergüenza.

Una de las explicaciones más extendidas es que en Estados Unidos, a los escritores se les paga por palabra; ergo, a más palabras más engorda la cuenta corriente. Otra habla de la relación psicológica que existe entre la cantidad de dinero y el peso del producto, es decir, si el comprador paga 3.000 pesetas (unos 17 USD al día de la fecha) por un libro es preferible que se lleve algo de la correspondiente consistencia física. Algo parecido a lo que pasa en el cine, las películas son cada vez más largas con el único objetivo de que el espectador crea que le han ofrecido lo que ha pagado.

Por supuesto, los resultados de estas políticas son lamentables. Pocas novelas a lo largo de la historia han soportado una extensión notable. Se construyen a base de empalmar relatos que se ensamblan forzándolos para que encajen en el argumento general de la obra, se añaden páginas y páginas de conversaciones irrelevantes, pensamientos soporíferos o descripciones reiterativas y, finalmente, son pocas las ocasiones en las que el autor es capaz de idear un desenlace lo bastante coherente.

Y así, nos encontramos con tochos de los que fácilmente se puede prescindir de las páginas pares (o impares) sin que el argumento pierda consistencia igualmente, y como en los culebrones más recalcitrantes, es posible saltarse capítulos enteros con idéntico resultado, y lo peor, es que pasajes en los que se desarrollan magníficas ideas, e incluso argumentos más que notables, se pierden en la vorágine de las gruesas resmas de papel.

No se cual es la extensión ideal de una novela, cada argumento pide desarrollos distintos, pero lo que si tengo claro es que cuando se alarga la extensión natural de una narración acaba convertida, en el mejor de los casos, en una obra mediocre y a lo sumo distraída.

En el mejor de los casos

© Francisco José Súñer Iglesias
(347 palabras) Créditos