Wayward Pines
Wayward Pines EE. UU., 2015
Título original: Wayward Pines
Dirección: Jeff T. Thomas, Zal Batmanglij, varios más
Guión: Blake Crouch, Edward Ricourt, varios más
Producción: Chad Hodge, Shawn Williamson, Patrick Aison
Música: Charlie Clouser
Fotografía: Mathias Herndl, Jim Denault, varios más
IMDb:
Reparto: Siobhan Fallon Hogan (Arlene Moran); Toby Jones (Dr. Pilcher); Shannyn Sossamon (Theresa Burke); Hope Davis (Megan Fisher); Tom Stevens (Jason Higgins); Charlie Tahan (Ben Burke); Carla Gugino (Kate Hewson); Melissa Leo (Nurse Pam); Matt Dillon (Ethan Burke); Jason Patric (Dr. Theo Yedlin); Nimrat Kaur (Rebecca Yedlin); Josh Helman (Xander Beck); Kacey Rohl (Kerry Campbell); Djimon Hounsou (CJ Mitchum)
Comentarios de: Luis del Barrio

Hablar de esta serie tiene un problema, y es que sus primeros cuatro capítulos se basan fundamentalmente en el misterio que rodea a la población de Wayward Pines, que da nombre a las serie, lo insano del ambiente que se respira en el pueblo, y la cantidad de preguntas que se lanzan a la cara del espectador que todavía no está en disposición de intuir las respuestas. Se juega, además, con la cronología de los sucesos, con la intención de producir un efecto sorpresa una vez que se comprenda cual es su verdadero orden.

Como no me apetece andarme con rodeos, voy a ser muy claro respecto al argumento y ubicación de los personajes, así que si aún no has empezado a ver la serie, mejor que te esperes al menos a terminar el quinto capítulo para leer esto.

Al lío.

La serie comienza cuando el agente Ethan Burke (Matt Dillon) es enviado a Wayward Pines a investigar la desaparición de la agente Kate Hewson (Carla Gugino), pero por el camino sufre un accidente y despierta al poco en el hospital del propio Wayward Pines. De arranque el ambiente es extraño. Es atendido por la enfermera Pam (Melissa Leo), que le va dando información pero rodeada de un gran misterio. Cuando sale del hospital se dirige a la comisaría donde le recibe el sheriff Pope (Terrence Howard) que ni colabora ni le da más pistas. La sorpresa viene cuando se encuentra con la agente Hewson, con diez años más encima y convertida en dueña de una juguetería que. Además, pese a reconocerle, le rehuye. Solo Beverly Brown (Juliette Lewis) le hace algo de caso, siempre desde el total secretismo le confirma que los habitantes del pueblo están involucrados en una enfermiza conspiración. Pero quizá la sorpresa más desconcertante se la lleva cuando se encuentra a Theresa (Shannyn Sossamon) su mujer y Ben (Charlie Tahan) su hijo, prácticamente secuestrados por Pope. El misterio se acrecienta todavía más cuando Burke intenta escapar del pueblo y descubre que Wayward Pines está rodeado de un alto muro, y que tras él, algo tenebroso se mueve.

Cuando conoce al doctor Jenkins (Toby Jones) y recibe las correspondientes explicaciones, empieza a comprender lo sucedido. Éste había desarrollado a principios del siglo XXI una teoría que predecía que la raza humana acabaría por degenerar y mutaría en las aberraciones una monstruosa subespecie simiesca, salvaje y semi inteligente. Arropado por algunos entusiastas y, porque no decirlo, amargados y perdedores, entre los que se encontraban sus manos derechas el comisario Pope o la fanática Megan Fisher (Hope Davis) usa toda su fortuna (es un exitoso empresario llamado en realidad David Pilcher) en perfeccionar su técnica de hibernación y construir Wayward Pines, para a continuación secuestrar a varios cientos de personajes interesantes e hibernarlos para, pasados un par de milenios, volver a revivirlos y construir con ellos su civilización ideal.

La idea de base es interesante, como reconstruir la civilización cuando ésta se ha derrumbado, incluso el método usado por Pilcher y su evidente locura, pese a sus suaves maneras, resultan de lo más lógicas. Sin embargo se hace muy cuesta arriba aceptar mínimamente la teoría de la degeneración racial del ser humano. No es que sea absurda, es que es una perfecta idiotez. Lo más lógico es que Pilcher y su secta, que es en lo que se convierten sus seguidores, hubieran apostado por una previsible guerra nuclear, e igualmente encerrados, esperar a que la contaminación radiactiva se disipara. No se muy bien porque los guionistas optaron por una idea tan insostenible, quizá porque quisieran tener zombis que no son zombis, de hecho las aberraciones, esto es, los humanos que ya no son humanos, se comportan en muchas ocasiones como tales.

La primera temporada de la serie funciona muy bien. Los continuos saltos adelante y atrás en el tiempo no parecen tales por cuanto pese a que en el mundo futuro del doctor Jenkins toda la acción se limita a Wayward Pines, mientras que en el presente los escenarios son muy variados, los personajes son los mismos. Vemos las evoluciones de Burke, el doctor Jenkins, Pope, Megan o la propia Theresa, en ambos entornos, ya nada, hasta que empiezan las explicaciones, hace pensar que no estamos en el mismo tiempo. Solo detalles como la envejecida agente Hewson descolocan al espectador, pero se piensa más en un extraño centro de experimentación que en lo que nos preparan los guionistas.

La segunda temporada, sin embargo, ya no es tan fluida. Desaparecidos Burke y Pilcher, el protagonismo recae en el nuevo despertado doctor Theo Yedlin (Jason Patric), antagonista de Megan, y Jason Higgins (Tom Stevens) que ha tomado el mando Wayward Pines y lo ha convertido en una dictadura fascista donde a las dificultades por sobrevivir se unen las tiránicas directrices de Pilcher que Jason y Megan siguen al pie de la letra y con notable creatividad.

Al no haber ya ningún misterio, y descansar toda la acción sobre las maldades y dudas que asolan a Jason, además de la pelea continua entre las distintas facciones, los asaltos de las aberraciones, que de tontas no tienen ni un pelo, y la lucha por los recursos cada vez más limitados, se va convirtiendo poco a poco en una vulgar serie postapocalíptica más.

De ahí que la segunda temporada fuera la última, aunque hubiera sido interesante ver como los crononautas, hibernados una vez más, lidian cientos o miles de años después con la que, aparentemente, será la civilización de las aberraciones.

© Luis del Barrio, (917 palabras) Créditos