La valla
La valla España, 2020
Título original: ---
Dirección: Dirección: David Molina Encinas, Oriol Ferrer, varios más.
Guión: Daniel Écija, Clara Botas, Roberto Martín, varios más.
Producción: Daniel Écija
Música: Daniel Sánchez de la Hera
Fotografía: Néstor Calvo, Paco Belda
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: Unax Ugalde (Hugo Mujica); Olivia Molina (Julia Pérez Noval); Eleonora Wexler (Alma López-Durán); Abel Folk (Luis Covarrubias); Ángela Molina (Emilia Noval); Manu Fullola (Coronel Enrique); Daniel Ibáñez (Álex Mujica); Laura Quirós (Marta Mujica); Elena Seijo (Rosa); Óscar de la Fuente (Fernando); Ángela Vega (Begoña Sánchez); Nicolás Illoro (Iván Covarrubias); Belén Écija (Daniela Covarrubias); Yaima Ramos (Manuela); Natalia Bilbao (oficial de control); Gerardo Prat (Luis Covarrubias)
Comentarios de: Luis del Barrio

En un futuro muy, muy cercano (bueno, visto lo activo que está el Господин Putin por estas fechas, igual mucho más de lo esperado), se produce la Tercera Guerra Mundial en la que España ha estado de parte del bando ganador. No se especifica mucho más al respecto, pero las consecuencias son que el país queda bajo una férrea dictadura totalitaria, y la expansión de una epidemia provocada por el noravirus que no parece muy contagioso, pero si de efectos fulminantes y muy difícil de tratar.

La valla gira alrededor de la búsqueda del tratamiento y cura de la epidemia, y los medios que se usar al respecto, en esencia, la experimentación con niños puesto que, como se explica a lo largo de la serie, su sistema inmunitario aún en formación les convierte en los sujetos de laboratorio ideales para el desarrollo de las investigaciones.

En esto, Hugo Mújica (Unax Ugalde), su hija Marta (Laura Quirós) y su hermano Alex (Daniel Ibáñez) llegan a Madrid para visitar a la familia de Sara, su recientemente fallecida esposa a causa del noravirus, y madre de Marta. Estas son Julia (Olivia Molina), la gemela de Sara y Emilia (Ángela Molina) la madre de ambas y abuela por tanto de Marta y que regenta un pequeño colmado.

Cuando los Mújica van a registrarse Marta es retenida porque, legalmente, los hijos de padres sin trabajo son acogidos por los servicios sociales. Sin embargo hay algo mucho más oscuro tras ello. Algo que Hugo no sabe aún. Para conseguir un trabajo a Hugo, Emilia habla con un viejo conocido, Luis Covarrubias (Abel Folk) ahora Ministro de Sanidad, casado con la epidemióloga Alma López-Durán (Eleonora Wexler) para que le de trabajo en su mansión.

A partir de ahí empiezan los enredos, Alma busca un matrimonio, algo que Alex, viudo, no cumple, de modo que convence a Julia Para que se haga pasar por Sara unos días, algo que a Sara le viene muy bien porque se ha metido por su cuenta en un lío considerable, así que le conviene adoptar la identidad de su hermana muerta y de paso ayuda a Hugo a conseguir los papeles para recuperar a Marta.

El resto es lo habitual: una espiral de revelaciones, secretos, audaces maniobras etc, etc, etc.

No destaca especialmente por su originalidad, y tira de tópicos más que sobados, a saber, la élite que vive en el círculo interior, la Zona 1, entre grandes lujos mientras que la chusma sobrevive malamente en el círculo exterior, la Zona 2, gemelos intercambiables, experimentos científicos con gente (niños, para que la cosa sea más melodramática), buenos muy buenos, hasta la estupidez, malos malísimos de la muerte, malos que en realidad no son malos, etc., etc.

Tampoco es especialmente original en su planteamiento: un régimen que ha permanecido 25 años sin, al parecer, demasiadas fisuras es derribado por, y me disculparán los asturianos en particular y los no capitalinos en general, un paleto de provincias, por muy ingeniero que sea.

Los buenos están muy yankizados. Hacen literalmente lo que le da la gana porque yo lo valgo sin que ninguno de sus actos tenga la menor consecuencia. El despropósito llega hasta tal extremo que los guionistas son conscientes de ello, y en un momento determinado el ama de llaves hace un comentario apuntando a que algo raro pasa porque muy poco antes esos comportamientos no se hubieran tolerado en aquella casa.

La ambientación de la serie es por decir algo, extraña. Está claro que el producto está hecho con cuatro duros, tengo que reconocer que bien aprovechados, pero se nota demasiado que se han estirado al máximo pero con muy poca coherencia. Se supone que estamos en un futuro relativamente próximo, y para demostrarlo las televisiones son planas y de cuando en cuando aparece un dron volandero. Sin embargo, nos encontramos con que los pobres viven en barrios cutres, los ricos en grandes mansiones estilo años 1950 y los funcionarios, paradójicamente, en limpios y funcionales apartamentos de aspecto muy moderno.

Hay agujeros de guión enormes. Un ejemplo es el hallazgo de un objeto en la basura. Ese objeto, vulgar e insignificante por si mismo, había sido arrebatado a uno de los protagonistas y desechado... lógico pensar que iría al cubo de la basura más próximo, pero no, oportunamente aparece en un contenedor solitario situado en un parque, a centenares de metros de donde debía haber sido depositado. Se podría dar algún tipo de retorcida explicación, pero en cuanto empezamos a hablar de retorcida, introducimos elementos externos a la propia narración que no vienen a cuento.

Otra cuestión extraña es el asunto de las entradas y salidas de Madrid. En el primer capítulo, los protagonistas parecen viajar a la capital sin necesidad de más permisos que llevar la documentación en regla, además de no ser portadores del noravirus, sin embargo, para salir se organizan transportes clandestinos en la oscuridad de la noche. Teniendo en cuenta el asunto de la entrada y que casi para todo hay que tener papeles, por no hablar del toque de queda ¿por qué ese fárrago a la hora de salir? No es que se especifique mucho al respecto, y también se podrían dar explicaciones externas.

Pero si, hablemos del toque de queda. En un momento determinado Hugo y Sara deben devolver el hijo del ministro a su casa porque se acerca el toque de queda. El camino es largo, nunca se especifica cuanto pero debe llevar su tiempo, y los medios de transporte muy limitados y controlados estrictamente por la seguridad de la Zona 1. Pues bien, ambos van y vienen y todavía les da tiempo a darse un paseo por el barrio. No es imposible, pero el desajuste de tiempos se hace incómodo, un desajuste que se mantiene durante toda la serie, haciendo necesarias para muchas de las idas y venidas más explicaciones adicionales.

Los dos últimos capítulos ahondan aún más en las incoherencias internas, los rígidos controles de la Valla desaparecen como por ensalmo con los personajes yendo y viniendo como Pedro por su casa incluso antes del colapso del sistema, los desajustes temporales ya no tienen encaje alguno,.

Tenía reparos respecto a si la serie sería muy militante políticamente (entiéndanme, quiero pasar un rato entretenido, no que me den un mitin), lo de los uniforme nazis de los malos echaba un tufarro bastante importante, pero finalmente la serie ha resultado ser relativamente neutra al respecto. Queda claro que el régimen que gobierna esta España ucrónica es totalitario, pero no exactamente que orientación tiene, aunque se hace alguna que otra ambigua referencia al Valle de los Caídos y se le da caña al franquismo. Supongo que los uniformes nazis y las enfermeras estilo años 1950 es para ahorrarse explicaciones, si le plantan esas pintas a cualquiera es que es de los malos, y si encima son negro SS no queda la menor duda. Solo les faltaban las Luger. Sin embargo, desconcierta mucho que si bien los altos mandos sean remedos de Himmler, el uniforme de campaña de la tropa sea de lo más moderno, más que moderno, incluso futurista.

Para dar mas pinceladas totalitarias se ha recurrido a varios tópicos. La inmutable locutora de televisión es un remedo de Ri Chun-hee, la eterna locutora de la televisión de Corea del Norte famosa por su longevidad ante las cámaras, la forma teatral de dar las noticias y el vestuario típico coreano con el que aparecía ante las cámaras. No obstante, para la locutora se ha elegido nuevamente un estilo años 1950 y una locución más natural. Los niños de los campamentos aparecen uniformados como los Pioneros soviéticos o cubanos, con sus característicos pañuelos rojos al cuello.

Por si esto fuera poco, la presencia policial (más bien militar) es permanente, con patrullas de soldados armados hasta los dientes yendo y viniendo por todos los rincones. Igualmente hay dos tipos de uniformes de campaña, unos van con uniforme de camuflaje, aparentemente militares, y otros de riguroso negro, se diría que policías, pero sin distinción de funciones ni jerarquía, con lo que tenemos un nuevo misterio.

Un detalle tonto pero en el que me suelo fijar es el armamento, al respecto, parece el ejército de panchovilla. Se ven FN SCAR, Steyr AUG, Colt M4 y alguna otra ya más difícil de identificar. Supongo que sería todo lo que el departamento de atrezzo fue capaz de conseguir y en la abigarrada línea deslavazada de la ambientación, pero un poco más de cuidado en los detalles, siempre se agradece, todo lo más cuando las réplicas de airsoft o paintball andan por los 50-100 euros y dan el pego perfectamente.

Cuestión muy interesante es el noravirus. La serie se rodó entre enero y de junio de 2019 y supongo que estaría en la mente de Daniel Écija desde mucho antes. Tampoco es un tema especialmente novedoso pero ya es casualidad que todo este asunto de la pandemia se nos viniera encima justo en su estreno. Se comenta incluso que Antena 3 estuvo a punto de no emitirla por no ahondar en la herida. Lo chocante es que ahora, que todos nos hemos convertido en expertos en epidemias, las medidas y precauciones que toman los protagonistas al respecto a ella son bastante relajadas, parece obvio que se asesoraron adecuadamente para la ambientación médica, pero está claro que nadie tenía ni idea, y esto no es culpa de los guionistas ni productores, de cómo acabarían siendo las cosas en la realidad.

El epílogo da pie a una segunda temporada, aunque todos los hilos quedan cerrados. ¿Todos? ¡No! La escena final es directamente extravagante. No voy a decir quien, por no reventarlo, pero la Jefatura del Estado queda en manos de alguien que por sus crímenes tendría que haber sido, como poco, relegado al ostracismo. Pero no, ahí sale saludando desde la Plaza de Oriente, de nuevo como un Franco futuro.

En resumen, un melodrama futurista envuelto en la inevitable caspa de las producciones españolas de éste tipo. No es del todo decepcionante, y el trabajo actoral está a buen nivel, pero tiene el inevitable aire serranesco, y esta vez sin el humor característico, de las producciones de la factoría Écija.

© Luis del Barrio (1.705 palabras) Créditos