Según se nos irá explicando en las tres temporadas de las que, al día de la fecha, consta la serie, en 1989 cuarenta y tres mujeres dan a luz simultáneamente un poco a lo Virgen María, sin haber estado embarazadas previamente.
De los recién nacidos, siete son adoptados (comprados, más bien), por un extraño personaje, el multimillonario Reginald Hargreeves, (Colm Feore) que los educa de forma rígida y estricta para convertirlos en una extraña y disfuncional familia de superhéroes.
Los siete hermanos
Hargreeves son numerados y nombrados: Número Uno es Luther (Tom Hopper); Número Dos es Diego (David Castañeda) Número Tres es Allison (Emmy Raver-Lampman); Número Cuatro es Klaus (Robert Sheehan); Número Cinco (Aidan Gallagher); Número Seis es Ben (Justin H. Min) y Número Siete es Vanya (Ellen Page) (transformada en la tercera temporada en Viktor (Elliot Page), al hilo de la propia transformación de la actriz en actor).
Sin entrar en muchos detalles la relación entre los hermanos entre si y con su padre son terribles. Educados sin el menor cariño, con la intención de reforzar y potenciar sus superpoderes, acaban compitiendo entre si y odiándose cordialmente, Ben muere en una travesura
juvenil y Cinco desaparece extrañamente en plena adolescencia. Finalmente abandonar la mansión familiar intentando encontrar su sitio en la vida, algo complejo debido a la retorcida personalidad que han desarrollado y los conflictos e inconvenientes que les provocan esos superpoderes, que en más de un caso suponen más una molestia, de la que intentan evadirse por todos los medios, que una ventaja.
Cuando Reginald fallece los hermanos se vuelven a reunir para el funeral, y allí surgen todas las tensiones acumuladas, los traumas afloran, la culpa por la muerte de Número Seis crea conflictos irresolubles y la repentina reaparición de Cinco, sin aparentes cambios físicos, anunciando el fin del mundo deja a todos desconcertados.
Lo único que le une es Grace (Jordan Claire Robbins), Mamá, una androide creada por Reginald para criar a los niños y la única que les ha dado auténtico afecto.
En las tres temporadas emitidas se suceden conspiraciones inimaginables, viajes en el tiempo y saltos entre universos paralelos. En todas estas aventuras los Hargreeves se ven obligados, un poco a regañadientes, a colaborar entre grandes tensiones y peleas continúas para salvar no ya el mundo, sino el Universo entero.
La serie está basada en el cómic de igual título escrito por el músico Gerard Way, e ilustrado por Gabriel Bá, en tres volúmenes en 2007 (APOCALYPSE SUITE), 2008 (DALLAS) y 2018 (HOTEL OBLIVION). No he leído los cómics pero según los comentarios sobre ellos la serie televisiva es más convencional
, apartada de las excentricidades de las historietas. Si eso es cierto, no me quiero ni imaginar que cosas se le ocurrieron a Way.
Lo cierto es que de por si, la versión televisiva es original y alejada de la visión clásica y edulcorada de los superhéroes, tal y como la representa, hasta cierto punto, el Arrowverso (Green Arrow, Flash, Leyendas del Mañana, etc) y se lleva viendo desde, al menos Gotham, y los Marvel
de Netflix (Jessica Jones, Luke Cage, Daredevil...).
The Umbrella Academy incide de nuevo en el vacío existencial del superhéroe desde un punto de vista casi surrealista. Puede que cueste entrar un poco en las luces y sombras de la familia Hargreeves, sobre todo porque algunos personajes causan, de inicio, verdadero rechazo (Klaus es un sujeto realmente repugnante) pero poco a poco, y sabiendo los porqués de cada uno de ellos, sin llegar a empatizar, si se comprende las motivaciones de esas actitudes.
El humor es también pieza fundamental, desde el afectuoso candor de Mamá, hasta el histrionismo británico
de Reginal, pasando por el cinismo de Cinco, la ingenuidad de Luther o las locuras de Klaus, deparan momentos cómicos precisamente desde un surrealismo ingenioso y desbocado. Otro detalle a tener en cuenta es que, siendo como es una serie Netflix, las cuestiones ideológicas no pueden faltar. Se trata el racismo y la transexualidad (algo en realidad obligado a causa de las circunstancias personales de Page), aunque en esta ocasión bien contextualizados y sin perderse el norte con una militancia extrema.
Yo me lo he pasado bastante bien con las tres temporadas, pero no es una de esas series para el público en general
porque los saltos en el tiempo y los universos paralelos siempre generan cierta confusión, pero la calurosa acogida que ha tenido entre su público objetivo (nosotros, los frikis
) es un buen indicativo.
