
Durante la preproducción de Star Trek TOS, la palabra que más se pronunció fue plausibilidad. Roddenberry lo dejó muy claro desde el principio: ciencia-ficción, sí; pero basada en premisas científicas lo más creíbles posible. Para los miembros del equipo técnico de la serie esta exigencia del Gran Pájaro de la Galaxia representó un auténtico quebradero de cabeza. A mediados de los años sesenta las técnicas de efectos especiales, sobre todo en la pequeña pantalla, eran todavía muy elementales, como queda patente en las series fantásticas rodadas en aquella década. A pesar de ello, los artistas que trabajaron para Star Trek lograron salir airosos de la prueba y, en líneas generales, tanto los trucajes fotográficos como los elementos de atrezzo —fásers, tricorders, comunicadores etcétera— quedaron bastante convincentes. Sin embargo, lo que más trabajo llevó fue recrear la nave Enterprise, que según la idea original de Roddenberry habría de convertirse también en protagonista de la historia, como si fuese un personaje más del reparto.
En principio, TOS contó con un presupuesto muy superior al de otras series de su tiempo, pero al tratarse de una obra de ciencia-ficción, que requería una inversión considerable en efectos especiales de todo tipo, muy pronto quedó de manifiesto que tendrían que hacer verdaderos juegos malabares con el dinero si querían sacar adelante el proyecto. Ni la Paramount ni la Desilu confiaban demasiado en el éxito de la serie. Controlaban férreamente cada dólar gastado en la producción y procuraban que se le sacara el mayor partido posible, así que no les hizo ninguna gracia la pretensión de Roddenberry de gastar miles de dólares en el diseño de la nave Enterprise. Los ejecutivos de ambas productoras afirmaban que bastaba con construir una sencilla maqueta en forma de puro, añadirle unos ojos de buey a modo de ventanas y una tobera en un extremo para obtener una nave espacial creíble; sencillo y barato. El bueno de Gene no lo veía así, y luchó con denuedo para sacar adelante su proyecto de un vehículo espacial futurista que fuese, a un tiempo, elegante, innovador y sobre todo convincente.
No fue nada fácil convencer a los directivos de Desilu y Paramount, pero una vez vencidas —a medias— las reticencias de estos, Gene contactó con Walter Matt Jefferies, director artístico con el que ya había trabajado anteriormente, y le encargó el diseño y construcción del modelo de la nave Enterprise. Jefferies, piloto e ingeniero aeronáutico, reunió a su equipo y se puso a ello de inmediato. La tarea era complicada, ya que las especificaciones de Roddenberry rompían con todo lo que se había hecho hasta entonces en la ciencia-ficción en materia de maquetas. La acción de la serie transcurría en el siglo XXIII, la Enterprise no era una nave espacial sino estelar, es decir, capaz de desplazarse por la galaxia a velocidades muy superiores a la de la luz, y tenía las dimensiones de un trasatlántico. Respecto al medio de propulsión que empleaba semejante navío cósmico, Gene dio carta blanca a Jefferies para que inventase algo plausible, pero dejándole claro que no quería ver toberas llameantes ni nada parecido.

Jefferies y sus colaboradores derrocharon entusiasmo en el proyecto, que para ellos representaba un verdadero desafío. Consultaron a la NASA, a varias corporaciones aerospaciales y a buen número de científicos, recopilando valiosísima información sobre el futuro de la astronáutica y los combustibles y medios de propulsión que podrían emplear las naves espaciales de los siglos venideros. El siguiente paso fue aplicar esos conocimientos al diseño de una hipotética nave estelar del siglo XXIII y presentar el resultado a Roddenberry. El Gran Pájaro de la Galaxia, obsesionado con la plausibilidad, fue rechazando uno tras otro los dibujos que le pasaba Jefferies, indicándole qué partes de cada diseño le gustaban y cuáles no. Tras centenares de horas de trabajo y docenas de bosquejos presentados, Matt optó por unir en un nuevo boceto todo aquello que había sido del agrado de Roddenberry, y así nació la configuración de la USS Enterprise.
El resultado sorprendió agradablemente al exigente Gene, pues se trataba de un diseño funcional y riguroso, científica y tecnológicamente creíble y a un tiempo sobrio, elegante y, lo más importante de todo, decididamente novedoso. Con la creación de la Enterprise, Matt Jefferies cambió para siempre la idea que el público en general tenía de las naves espaciales futuristas. Si sobre el papel resultaba llamativa y convincente, una vez construidas las maquetas su diseño se reveló como absolutamente espectacular. El mayor acierto de Jefferies y su gente fue dividir la nave en tres secciones bien diferenciadas: el gran disco principal, la sección de ingeniería y los dos motores de curvatura, situados a popa y uno a cada lado del navío. Esta configuración tan original obedecía al sistema de propulsión ideado por Jefferies y su equipo, el ya famoso motor warp o de curvatura que describiremos ampliamente en otro artículo.
Llegados aquí, es obligado mencionar un detalle curioso en el que ya se fijaron los primeros trekkies: en muchos episodios de la serie —de hecho en la mayoría— se advierten ciertas diferencias en la Enterprise de una toma a otra. Esto se debe al hecho de que se construyeron tres maquetas de la nave, la primitiva por así llamarla, y otras dos ligeramente mejoradas. Lo lógico habría sido emplear para el rodaje sólo la maqueta final, la más lograda; pero dada la precariedad presupuestaria que siempre padeció TOS, Gene decidió utilizar indistintamente las tres naves, pues habría sido una temeridad encolerizar a los directivos de Paramount y Desilu desechando aquel par de juguetitos que tanto dinero habían costado. Los tres modelos eran casi idénticos, pero con pequeñas divergencias entre ellas, las más notables en la forma de la sección de disco y en la de las nacelas, fáciles de advertir a poco que uno se fije.

Las maquetas se construyeron con plástico, fibra de vidrio y resina. La tercera de ellas, la más elaborada, tenía casi cuatro metros de longitud. Realizadas por el maquetista Dick Datin, llamaron poderosamente la atención del público desde el mismo comienzo de la serie, y con el tiempo se convertirían en los modelos básicos sobre los que se desarrollaría la vasta gama de naves estelares que aparecería en posteriores series y largometrajes trek. La nave imaginada por Jefferies tenía un aspecto tan realista que la maqueta más conseguida, la última que se construyó, se conserva hoy día en el prestigioso Smithsonian Museum, junto a otros diseños de naves espaciales reales, como las Mercury, Gemini y Apollo empleadas por la NASA en los años sesenta.
Jefferies creó también los interiores de la nave, incluido el puente de mando circular, con el sillón del capitán situado detrás de los puestos del piloto y el navegante y frente a la gran pantalla principal. Haciendo girar su asiento, el comandante de la nave podía abarcar de un vistazo todos los paneles, pantallas y consolas del puente y a los oficiales que las atendían. La configuración del puente de mando era tan funcional que, tras la emisión de los primeros episodios, una comisión de ingenieros navales de la US Navy visitó el plató para interesarse por tan sugestivo diseño.
La Enterprise fue la más importante aportación de Matt Jefferies a Star Trek. Sin embargo, su nombre quedaría asociado para siempre a cualquier otra producción de la franquicia gracias a una de sus más sencillas y a un tiempo geniales ocurrencias: los tubos Jefferies. Una nave tan compleja como la Enterprise tendría miles de kilómetros de cables, tal vez decenas de miles de válvulas, transistores, conexiones de todo tipo, etcétera... Los decorados interiores ya estaban construidos y Gene no quería que se alterase la apariencia de los impolutos corredores. Así pues, ¿cómo accederían los ingenieros a las entrañas del navío cuando tuviesen que hacer alguna reparación? La solución ofrecida por Jefferies fue magistral: a través de una serie de conductos cilíndricos situados por todas las cubiertas. La idea era tan simple y lógica que Roddenberry siempre dijo que tendría que habérsele ocurrido a él, y como muestra de gratitud hacia el director artístico, decidió bautizarlos como tubos Jefferies. El nombrecito cuajó y, desde entonces, ha venido utilizándose en todas las series y películas de Star Trek.

Cuando Roddenberry preparaba su nueva serie, Star Trek Phase II, Jefferies colaboró de nuevo con él, rediseñando la Enterprise. El proyecto de serie televisiva fue cancelado y la Paramount, deseosa de competir con la Fox, que acababa de obtener un gran éxito con STAR WARS, decidió llevar las aventuras de Kirk y compañía a la pantalla grande. Con un presupuesto casi ilimitado, Jefferies pudo presentarnos en STAR TREK: THE MOTION PICTURE una USS Enterprise majestuosa, tanto en su configuración como en su aspecto interno. La remodelación del diseño clásico fue espectacular, y la maqueta empleada en este primer largometraje de la saga fílmica aún no ha sido superada por ninguna otra, ni siquiera por la por otra parte excelente nave mostrada en la cinta de Abrahams. En los años ochenta Jefferies creó un nuevo diseño para la Enterprise de TNG, claramente inspirado en el de la vieja y querida nave de TOS.
Cuando se retiró, otros artistas recogieron su testigo, entre los que destacaron por derecho propio Andrew Probert, como diseñador de nuevas naves estelares; Rick Sternbach, especializado en el atrezzo necesario para llenar el ambiente en que se mueven los personajes y también en la elaboración de maquetas, y Mike Okuda, un grafista creador de la mayoría de paneles, pantallas, gráficos y diagramas que aparecen por todas partes en las naves y bases estelares. Estos tres genios, y otros muchos que se han ido incorporando paulatinamente a la gran familia de Star Trek, fueron ampliando y mejorando notablemente el legado de Jefferies, para satisfacción de los trekkies de todo el mundo. Pero por espectaculares que sean los logros de estos nuevos magos de los trucajes y el maquetismo trek, nada de lo que hagan podrá igualar jamás lo conseguido por Matt Jefferies en TOS, con muy poco dinero pero con grandes dosis de ingenio.