GESTA SUPREMA
Star Trek TNG: GESTA SUPREMA EE. UU., 1989
Título original: Star Trek TNG: Peak Perfomance
Dirección: Robert Scheerer
Guión: David Kemperer
Producción: Robert L. McCullough
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Edward R. Brown
Duración: 51 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Levar Burton (La Forge); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley Crusher); Diana Muldaur (Dra. Pulaski); Roy Brocksmith (Sirna Kolrami); Armin Shimerman (Bractor); David L. Lander (Oficial táctico ferengi); Leslie Neagel (Alférez Nagel); Glenn Morshower (Alférez Burke)
Temporada: 2, Episodio: 21

Sinopsis

Fecha estelar 42923.4. La amenaza Borg obliga a la Flota Estelar a evaluar sus capacidades militares, por lo que la Enterprise debe efectuar un simulacro de combate, supervisado por Nirsa Kolrami, experto en estrategia enviado por la Federación. Durante la simulación, la Enterprise, que había desactivado sus sistemas de armamento, es atacada por una nave ferengi.

Picard y Riker comentando lo finas que van sus respectivas naves
Picard y Riker comentando lo finas que van sus respectivas naves

En GESTA SUPREMA Riker, tras asumir el mando de la vieja USS Hathaway y escoger una tripulación para ella, debe enfrentarse nada menos que a Picard. Se trata, como queda claro en la sinopsis, de una maniobra de combate para evaluar cómo responden Picard y su nave ante una situación extrema, de cara a un posible enfrentamiento con los Borg. Jean-Luc no tiene dudas al respecto, sabe que la nave que comanda es la mejor de la Flota; pero también que Riker es un oficial muy competente, que sabrá sacar partido de su aparente inferioridad y ponérselo muy difícil a la Enterprise. Ambos se admiran y respetan por igual y el encuentro simulado promete ser memorable.

Will debe escoger cuarenta tripulantes para manejar la Hathaway. Puesto que se trata de una nave antigua, aunque no obsoleta, su primera elección es La Forge, que se le suma encantado, porque para él supone un reto técnico poner a punto un navío tan abandonado. Para convencer a Worf le basta con recurrir al orgullo guerrero del klingon. A Wesley le elige porque, estando al cargo de su formación, sabe que esa experiencia le será muy útil al joven de cara a su ingreso en la Academia de la Flota Estelar. Una vez formada su tripulación e iniciado el simulacro, Riker demostrará que se crece con las dificultades. Es un maestro de la estrategia, pero también, como apunta Data, imprevisible. La desventaja táctica no es más que un acicate para él. En cierto modo, sus reacciones recuerdan un poco a las de nuestro nunca suficientemente admirado Jim Kirk. Así, por ejemplo, se muestra enfadado con Wes, que ha robado cierto experimento de antimateria en el que estaba trabajando en la Enterprise, para poder dotar a la Hathaway de velocidad factorial; pero no le obligará a devolverlo y procurará sacar partido de la acción éticamente reprobable del alférez honorario.

El supervisor del simulacro es Sirna Kolrami, experto en estrategia que pertenece a la raza zakdorn, caracterizada por su alta autoestima, rayana en la soberbia pura y dura, y su elevado cociente intelectual. Puede que el tal Kolrami sea un genio en lo suyo, pero es prepotente como él solo, como demuestra su actitud de perdonavidas cuando gana a Riker al juego Estratagema. Data, a instancias de la doctora Pulaski, se enfrenta a Kolrami en el mismo juego. Todo el mundo espera la victoria del androide pero, inopinadamente, el zakdorn le vence también. Esto provocara en Data una especie de crisis de autoestima, que le lleva a abandonar su puesto, porque cree sufrir alguna clase de avería que le incapacita para aconsejar adecuadamente al capitán. Tanto Troi como Pulaski intentan convencerle de que no es así, aunque sin resultados. Al final, tendrá que ser Jean-Luc el que lo consiga con una frase memorable, que merece figurar con letras doradas en el anecdotario de Star Trek: Data, es posible no cometer errores y aun así perder. Eso no es debilidad, es la vida misma. Con estas palabras Picard no sólo logra que el androide vuelva a su puesto, sino que reflexione y urda una estratagema—nunca mejor empleado el término—que le permitirá, en la conclusión del episodio, derrotar al presuntuoso Kolrami en el juego en el que cree ser invencible.

Vuelven a aparecer los ferengi en TNG, ahora de la mano del gran Armin Shimerman como Bractor. Y nuevamente queda de manifiesto la mezcla de codicia y estupidez de esta raza, pues llegan a convencerse a sí mismos de que la Enterprise ataca a la Hathaway porque en ésta última hay algo de incalculable valor. Por cierto, el trekkie veterano no puede evitar preguntarse cómo es posible que un Marauder ferengi irrumpa en medio de un simulacro de batalla, realizado en mitad del espacio de la Federación.

Algo que no me convenció del episodio fue la escena en que Picard replica, con demasiado énfasis, que la Flota Estelar no es una organización militar. ¿Entonces qué es? Desde el primer momento, Roddenberry la concibió como un trasunto futurista de la Royal Navy británica. La jerarquía de sus miembros se estructura en rangos militares, así que las palabras de Picard pueden agradar a los fanáticos del pacifismo estulto y chocarrero y el antimilitarismo cerril, pero no se ajustan a la realidad. Lo correcto sería decir que la Flota Estelar de la UFP es una organización militar, pero no militarista, cuya función prioritaria es la exploración, pero también la defensa del territorio federal. Más adelante veremos cómo, por culpa de los Borg, y en DS9 del Dominion, la Federación se verá obligada a replantearse ciertas cosas, si quiere sobrevivir.

© Antonio Quintana Carrandi, Créditos