En el cine y la televisión, el subgénero postapocalíptico es muy agradecido porque no requiere grandes presupuestos. Basta buscarse un polígono industrial en ruinas cerca de una chatarrería y ya tiene usted todo el atrezzo que necesita. Con el vestuario, lo mismo, va al arcón de la ropa para tirar (no donar, o reciclar, la de tirar directamente a la basura) y con un par de chupas de cuero adicionales habrá cubierto el expediente. Ni maquillaje ni peluquería, pide a los actores que no se peinen ni se laven la cara al levantarse de la cama, además de salir de fiesta por la noche para ir a trabajar con una resaca convincente, y con un par de toques para evitar los brillos todo solucionado..., a no ser que se empeñe en incluir una banda de punkis radiactivos y se gaste un dineral en laca. El argumento también lo puede recoger de algún estante polvoriento: tras destrozar el planeta, alguna perversa corporación se hace con el control del desgobierno
mundial y un grupo de esforzados marginales, liderados por algún personajes solitario y más bien antipático, pero de altos valores éticos y morales, hará lo posible por combatirla. Ya verá usted que variante imaginativa se le ocurre para aderezarlo.
Desde MAD MAX (e incluso estoy por decir EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO, aunque es también muy típico del western clásico) ese esquema ha sido reciclado una y otra vez hasta el bostezo, y ya dependiendo de la variante novelera, o la viveza del equipo de producción, ha tenido más o menos éxito.
Sección Zero no lo tuvo, no pasó de la primera temporada, y con solo ocho episodios no marcó ningún hito reseñable. No ha pasado ni a la historia de la televisión ni a la de la ciencia-ficción, de modo que, sin ser un esfuerzo baldío, tampoco levanto grandes pasiones.
El argumento transcurre en un futuro cercano, el año 2024, pasado mañana, como quien dice, Europa está sometida a las grandes corporaciones mundiales que, de una forma extraña, consiguen hacerse millonarias y subsistir a base de mantener al 90% de sus clientes en la cuasi indigencia, mientras que el otro 10% vive a cuerpo de rey en exclusivas y lujosas zonas privadas. Este panorama siempre me ha chirriado porque si bien las corporaciones harán todo lo posible para abaratar costes, llegaría un momento en el que de tanto exprimir a sus clientes
estos acabarían por dejar de consumir (como parece asumirse en este tipo de producciones) y por tanto las corporaciones de ganar, contrayéndose poco a poco hasta que en realidad no fueran ni tan grandes ni tan poderosas. No hay más que recordar que en los mejores tiempos del feudalismo los reinos pasaban por unas asfixiantes penalidades económicas, sencillamente porque no había una auténtica base productiva, y no fue hasta el advenimiento de la burguesía, la creación de bancas y la ampliación tanto de base productiva como de clientes solventes para esos productos, que los reinos empezaron a prosperar.
El caso es que en ese maremagnum caótico Sirius Becker (interpretado por Ola Rapace, si, el ex de Noomi Rapace) intenta poner orden desde un departamento de policía tan cutre y pobretón como el resto de Europa. Es el antihéroe que se pasa por el arco del triunfo todas las normas y directrices, en beneficio de un código de valores superior al establecido.
La serie se mueve entre el policiaco clásico, con polis buenos, polis malos y rufianes despreciables, ajustes de cuentas, conspiraciones, a cual más tenebrosa, todo ello marcando la separación entre los privilegiados
que viven entre lujos y la chusma que sobrevive entre miseria, sexo y violencia.
Al contrario de sus homólogas yankis, Olivier Marchal, el creador, no da al protagonista esos superpoderes tanto les caracterizan, capaces de resolver situaciones imposibles simplemente haciendo lo correcto
. Sirius Becker, y siendo la serie francesa, es más bien un antihéroe existencial, angustiado y perseguido por decenas de problemas a los que da curso con determinación y según su criterio y moral, pero sin la sensación de que ese sea su destino manifiesto o lo mejor para la humanidad, simplemente la de resolver sus problemas y de paso corregir situaciones injustas.
Pese a todo, la serie no cuajó, así que si te la encuentras por alguna plataforma tenlo presente, el final promete una cierta continuidad, así que puede ser ligeramente frustrante.
