La serie empieza bien. Liam Cole (Charlie Rowe), un astrofísico del MIT descubre un inmenso meteorito en rumbo de colisión con la Tierra, con la que impactará en 180 días, e informa a su mentor, el doctor Malcom Croft (Dennis Boutsikaris), que al poco desaparece misteriosamente.
Entre tanto Liam ha tenido tiempo de quedar mal con el megalómano Darius Tanz (Santiago Cabrera) uno de los empresarios tecnológicos de más éxito, y ligar con Jillian Hayes (Jacqueline Byers) una escritora de ciencia-ficción novel (que no Nobel).
Ante la desaparición del doctor Croft, Liam opta por abordar a las bravas a Darius, que convencido por su entusiasmo (y los datos que aporta), le lleva a visitar al Vicesecretario de Defensa Harris Edwards (Ian Anthony Dale) que no se impresiona ante tal anuncio. La NASA lo sabía desde hacía tiempo y ya están trabajando en ello.
Harris accede a que el gobierno de Estados Unidos colabore con industrias Tranz para desviar el meteorito y nombra a Grace Barrows (Jennifer Finnigan), la secretaria de prensa, como enlace.
Con esto se podría haber desarrollado una serie de los más apañada alrededor de los esfuerzos de unos y otros por convertir el meteorito en una piedra inofensiva, pero no, eso solo es la excusa para desarrollar una sucesión de conspiraciones a cual más desaforada.
Por lo pronto los rusos son el centro de casi todos los males de la Tierra, y por supuesto conspiran para mermar el prestigio yanki en el mundo. Ellos también han descubierto el meteorito y tienen sus propios planes para deshacerse de él.
Como las complicaciones son pocas, Resistant, un grupo de hacktivistas-anarcoterroristas, conspira por su cuenta para derribar el Orden Mundial, todo él. ¿Suficiente? No. El propio tío de Darius, Nicholas Tanz (John Noble, si, ¡Walter!) conspira para quitarle industrias Tranz a su sobrino. ¿Te parece poco? Pues hay más: el vicepresidente Bennett (Sasha Roiz) tiene algunas ideas poco respetables sobre el destino de Estados Unidos y de la presidenta Mackenzie (Tovah Feldshuh). ¿Aburrido? Cierta secta milenarista, por decir algo, tiene intereses igualmente poco claros sobre el destino del mundo, ¿Demasiada testosterona? Pues añadimos unas cuantas subtramas románticas, como el triángulo Harris-Grace-Darius, y la fluctuante relación entre Liam y Jillian, además de una briosa promiscuidad general. Todo esto aliñado con una buena cantidad de traiciones, venganzas y puñaladas traperas.
Durante la primera temporada la mezcla no termina de funcionar bien. Por lo pronto, para que avance, es necesario que todos y cada uno de los personajes cometa en algún momento algún acto absurdo, porque de seguir una mínima lógica y el más elemental sentido común la cosa se hubiera acabado en media hora. Supongo que Alex Kurtzman, el creador de la serie, y el equipo de guionistas son bien conscientes de esto puesto que en un momento hacen decir a Darius en sus esfuerzos por desenmascarar a uno de los malos hay que buscar fallos en la narrativa
.
Salvation los tiene a patadas, pero en cierto modo es lógico. Pese a todo el batiburrillo el camino de la serie parece muy bien marcado. Tanto, que no importan los obstáculos, los guionistas quieren llegar del punto A al B, y lo hacen por el camino recto. Cualquier otra consideración, es ociosa e irrelevante.
Por poner algunos ejemplos tontos. Harris, vicesecretario (viceministro) de Defensa va y viene por el mundo ¡¡¡sin escolta!!! Que lo haga el de agricultura, bueno, vale, ¿pero el de Defensa? Altamente improbable. Fallo en la narrativa. Resistant obliga a Darius a entregarle a Tess, su superordenador. ¿Lo embala y se lo envía por mensajería? No, les transfiere el original
del código fuente..., y él no se queda ni con una mísera copia de seguridad. Fallo en la narrativa. Un objeto
debe desaparecer y se encomienda la misión a un veterano y competente conseguidor
de probada valía y discreción. El objeto
vuelve a aparecer inoportunamente de la forma más estúpida cuando la veteranía, competencia y probada valía del conseguidor
hacía pensar que había reducido el objeto
a polvo. Fallo de la narrativa.
Y así unos cuántos. Muchos. Por no hablar de los deus ex machina, el más común la tendencia de los personajes a ir de por libre y hacer lo que les da la gana, o como tanto se dice en las series yankis, lo correcto
, horrible palabra que estoy intentando desterrar de mi vocabulario.
Eso se corrige en la segunda temporada, tanto desmadre no podía tener otra salida que el establecimiento con el espectador del contrato
tan habitual en otro tipo de series por el cual éste sabe que se le va a ofrecer un espectáculo desaforado y no muy congruente, y por tanto se perdona
de antemano cualquier licencia
, Salvation se olvida entonces de plantear un espectáculo plausible con lo que el visionado se hace más cómodo
.
Tanto es así que como folletín funciona perfectamente. Hay sobresaltos, sorpresas, mucho suspense, hay que admitir que bien medido, con lo que una vez se apaga el detector de fallos de narrativa
se puede seguir la serie, aunque no se la pueda tomar muy en serio.
A día de hoy se han emitido dos temporadas, veintiséis capítulos en total, con sorpresa final, un inteligente giro en los acontecimientos que permite mantener casi intacta la estructura conspirativa y romántica de la serie pese a que el meteorito ya ha llegado a la Tierra.
