Es un hecho que en la sobresaturada industria de la animación japonesa se exhiben alrededor de 200 producciones al año. Películas, OVAs (Original Video Animation) y especialmente series abundan en exceso repitiendo con frecuencia lugares comunes: estudiantes que adquieren superpoderes, batallas de robots gigantes o mecha desproporcionadas en las que los combatientes pueden llevar a cabo toda clase de hazañas, historias con tintes y sugerencias sexuales al por mayor (es más que clásico el cliché en el que el personaje principal de una serie tropieza y cae por accidente encima de la protagonista principal y termina tocándole los senos), historias deportivas, chico que es transportado a un mundo de fantasía, etc., etc., etc. Pero dentro de todo este océano de repeticiones y temáticas ya vistas, de vez en cuando el espectador exigente puede rastrear algunas joyas un tanto escondidas que ofrecen temáticas complejas y representan un gran respeto a la ciencia-ficción. Este es el caso de Planetes (2003), serie de 26 episodios que ahora comentamos.
En la segunda mitad del siglo XXI, los viajes espaciales se han normalizado, pero un accidente dispara las alarmas: la basura espacial se ha incrementado de forma desproporcionada. Luego de que un vuelo comercial que se dirigía hacia la Luna estallara debido al impacto con un minúsculo tornillo que se desplazaba a velocidades supersónicas, se establecen toda una serie de regulaciones y protocolos en la que las compañías que explotan los recursos del espacio deben contar con un departamento encargado de dar seguimiento y recoger la basura que pueda resultar perjudicial para la carrera espacial.
La historia sigue a Ai Tanabe, chica joven, idealista, responsable aunque un poco torpe que ha concluido sus estudios y se presenta a trabajar en un departamento encargado justo de retirar basura espacial potencialmente riesgosa. No obstante, dicho departamento se encuentra en las peores condiciones dado que las compañías apenas y le dedican recursos para su pleno funcionamiento. Justo al llegar, Tanabe aprenderá los gajes del oficio con Hachimaki, un astronauta recogedor de basura experimentado cuyas ambiciones van más allá de su trabajo actual. Así, a lo largo de la historia el espectador irá descubriendo que el departamento lleva a cabo un trabajo crucial al salvar vidas y ahorrar mucho dinero para los jefes y las compañías.
Uno de los aciertos de la historia es la animación que representa con rigor la simulación de las condiciones en gravedad cero. Representar la vida en órbita geoestacionaria requiere mucho cuidado, por lo que la serie ha contado con la asesoría de ingenieros y astrónomos japoneses para mostrar con detalle científico la forma en que los astronautas se desplazan. Del mismo modo, el ambiente técnico en las naves espaciales tiene la suficiente asesoría y dota a la historia de un ambiente fiel a la mejor ciencia-ficción hard. Así, los detalles en cuanto al movimiento, la tecnología y las estrategias para atrapar basura espacial se convierten en uno de los mejores aciertos de la serie.
Pero uno de los aspectos más atractivos de la historia es la discusión de temáticas políticas, sociales y filosóficas. Tanabe representa los viejos ideales románticos en los que el objetivo de la humanidad era salir de la Tierra y alcanzar las estrellas. Que el hombre viajara a la Luna y Marte parece a primera vista como una de las cumbres del conocimiento científico y técnico. No obstante, sus compañeros y superiores entablan con frecuencia encendidas discusiones al regañarla y darle a entender que el hecho de que el ser humano esté en el espacio no significa ningún salto para la humanidad: el viaje espacial representa una estrategia geopolítica por parte de las potencias mundiales para asegurar su posición, y quienes han financiado y monopolizado los viajes son las grandes corporaciones. En una de sus frecuentes crisis, Tanabe les dará la razón al ver que países sudamericanos y africanos han sido descartados en la carrera espacial por no contar con los recursos y la tecnología adecuada para participar en la exploración.
Uno de los aspectos que dotan a la serie de intriga y acción es un grupo terrorista que amenaza con hacer volar naves y estaciones espaciales. Como reacción a la carrera espacial han surgido grupos opositores que sostienen que el hombre es como una plaga que ha invadido un hábitat que no le pertenece. Sus objetivos radicales son claros: o el hombre regresa a la Tierra y abandona sus intereses de expansión o la pagará muy caro. En una serie de atentados que resultan en pérdidas millonarias, los políticos y empresarios tendrán que hacer frente a grupos radicales que han infiltrado muchas de sus instalaciones.
La serie conjuga diferentes emociones y circunstancias que le ocurren todo el tiempo a los personajes. Por un momento el espectador es sacudido por escenas humorísticas como aquella en la que los encargados del departamento que recoge chatarra espacial son invadidos por vendedores de seguros que no los dejarán descansar ni un segundo: dados los riesgos en el espacio, las compañías aseguradoras han obtenido millones de dólares buscando vender toda clase de planes de aseguramiento a los trabajadores que viven en estaciones espaciales. En otra ocasión, el espectador presenciará el impacto psicológico y fisiológico de las largas estancias en el espacio: desde personajes cuya vida se ha acortado drásticamente hasta aquellos que desarrollarán fobias al vacío y la oscuridad. Mientras que la estancia prolongada en el espacio produce enfermedades cancerígenas debido a la exposición al viento solar, otras personas que justo nacieron en naves o colonias lunares presentarán toda suerte de condiciones patológicas.
Si hay algún elemento que podríamos cuestionarle a la serie es el pésimo tratamiento final que se le da al personaje de Tanabe. Fuerte y valerosa, ha salido viva de toda clase de percances: ha sobrevivido a ataques terroristas y en una ocasión casi se queda sin oxígeno en la Luna. Pese a las circunstancias, ha aprendido muy rápido, ha defendido a sus compañeros de tratos injustos por parte de la policía espacial y de los propios jefes, y con el tiempo ha mejorado su posición como trabajadora espacial. Sin embargo, se le sigue retratando como un ente demasiado emocional cuyo verdadero lugar es el hogar en el papel de esposa piadosa y sumisa. Con el paso del tiempo, pese a su gran experiencia e ideales, Tanabe termina casándose y esperando pacientemente en su hogar a que su esposo regrese de la primera gran misión a Júpiter.
En definitiva, una interesante y amena serie con una gran animación y una documentación técnica y científica muy cuidadosa. Pese a los grandes temas sociales y filosóficos que aborda, su único gran defecto es que termina desaprovechando a un personaje que tenía un gran potencial.
