Missions
Missions
Francia, 2017
Título original: Missions
Dirección: Dirección: Julien Lacombe
Guión: Henri Debeurme, Julien Lacombe, Ami Cohen
Producción: Julien Lacombe
Música: Etienne Forget
Fotografía: Maxime Cointe
Duración: 3T. 25E. 26min.
IMDb:
Reparto: Hélène Viviès (Jeanne Renoir); Mathias Mlekuz (William Meyer); Giorgia Sinicorni (Alessandra Sassosi); Clément Aubert (Simon Gramat); Arben Bajraktaraj (Vladimir Komarov); Ben Homewood (Allan Brody); Natasha Andrews (Gemma Williams); Vincent Londez (Ivan Goldstein); Côme Levin (Basile Verhoeven); Adriane Grzadziel (Eva Müller); Jean-Toussaint Bernard (Yann Bellocq); Barbara Probst (Alice Meyer); Christophe Vandevelde (Martin Najac);
Comentarios de: Luis del Barrio

Una de las pocas cosas que los aficionados exigimos a la ciencia-ficción es un mínimo de realismo, es decir, que aquello que se cuente no se interne en los pantanosos terrenos de la fantasía pura y dura. Podemos admitir pequeñas licencias tecnológicas, como viajes a mayor velocidad que la luz, comunicaciones instantáneas, la convivencia sin problemas de alienígenas de variado pelaje, o retorcidas construcciones sociales que no terminan de tener mucha lógica, pero todo ello fiado en que en algún momento del desarrollo humano pudiera llegar a suceder.

Lo que nos hace sentir fatiga a muchos son las mezclas extrañas con elementos fantásticos o directamente mágicos. Una de las controversias más destacadas es la que sitúa la Fuerza de Star Wars directamente en el ámbito de la magia (por mucho midiclorianos que se sacara George Lucas de la manga para darle algo de lógica), y por tanto pone la franquicia en el terreno de la fantasía heroica (esos sables láser...) antes que en el de la ciencia-ficción.

Pues bien, Missions se nos vende como ciencia-ficción pero en realidad está en el pantanoso terreno que la separa de la fantasía. Algo que si bien a mi no me la hace cómoda, la emparenta con obras tan respetables como 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO, o SOLARIS. Missions juega en ambos terrenos. Por un lado el asalto a Marte y por otro la existencia de extrañas inteligencias alienígenas que se comunican con los protagonistas entre pases de mago de vodevil.

El argumento gira alrededor de la competencia entre dos milmillonarios (remedos de Steve Jobs, Jeff Bezos, Elon Musk, etc.) que organizan sendas expediciones a Marte tras descubrirse en una de las infinitas fotografías de la superficie ciertos detalles bastante desconcertantes. La expedición financiada y liderada por el magnate suizo William Meyer (Mathias Mlekuz), bajo los auspicios de la Agencia Espacial Europea, se enfrenta a las enviadas desde Estados Unidos por Ivan Goldstein (Vincent Londez), ya muy enfermo y que pretende conseguir un tiempo extra de vida con los teóricos hallazgos marcianos. Para darle dramatismo al arranque la expedición de Meyer sufre un accidente al llegar a la órbita marciana, y pierde a su comandante (Meyer solo marca el objetivo y pone el dinero) A partir de ahí se empiezan a dar toda una serie de enrevesadas circunstancias que culminan con la desconcertante aparición de Vladimir Komarov (Arben Bajraktaraj) un cosmonauta ruso muerto en los albores de la exploración espacial.

El cosmonauta señala a Jeanne Renoir (Hélène Viviès) la psicóloga del grupo, como la elegida, no se sabe muy bien para que, ante el estupor del resto de la tripulación que reacciona desde el total desconcierto hasta la insubordinación. A todo esto, la expedición de Goldstein también llega a Marte, pero como su interés es bastante menos filantrópico, y ante la necesidad de Meyer de su ayuda, se hacen dueños, de no muy buenas maneras, de la situación.

A todo esto, los indicios de las fotos se concretan en ciertos descubrimientos de lo más misterioso que traen de cabeza a unos y otros.

Pese al despliegue de medios esta primera temporada funciona a medias, lo extravagante de ciertas premisas el guión y la sobreactuación de algunos actores deja un regusto extraño, y la sensación de que con una mejor dirección, e incluso con el absurdo del cosmonauta resucitado, podría haber estado mucho mejor.

El final de la temporada, épico y más o menos emotivo, da pie a una segunda en la que se abunda en lo extravagante. Esta vez nos encontramos en una extraña comuna en la que Renoir­ parece ser la jefa, y que sobrevive en un entorno no demasiado hostil pero si lleno de extraños peligros y misteriosos tabues. A todo esto, Meyer organiza una nueva expedición a Marte con el fin de desentrañar de una vez los misterios planteados en la primera temporada.

No es tanto que el desarrollo de la historia sea malo, sino ques el guión ideado por Julien Lacombe (que además dirige todos los episodios) Henri Debeurme y Ami Cohen es demasiado ambicioso, y les desborda como guionistas y realizador. O dicho de otro modo, ninguno de ellos es Stanislaw Lem, ni Marte es Solaris, ni Jeanne Renoir es Kris Kelvin.

Finalmente, la tercera temporada, y ya sin un duro en las arcas de los productores, se desarrolla íntegramente en la Tierra (ambientación low cost, pocos efectos especiales) y se trata más bien de un trhiller de espías con un buen montón de conspiraciones y contraconspiraciones. Por fortuna el final es definitivo, o al menos lo suficientemente cerrado (a no ser que se trate de un sueño o algo así) como para estirarlo con una cuarta temporada.

Uno de los detalles curiosos de esta serie es que los episodios duran alrededor de 25 minutos, lo que la hacen muy digerible pese a sus premisas argumentales. Un guión menos fantasioso, o que al menos hubiera tratado los secretos de Marte de una manera menos milagrera, le habría dado mucho más empaque, además de que algunos actores y la interpretación de los mismos no es de lo más acertada.

Defectos aparte, la serie en general es entretenida, y si no se es muy puntilloso con las inconsistencias de la historia puede hasta llegar a gustar, el hecho de que llegara a su tercera temporada ya demuestra que entre el público generalista tuvo una buena acogida, y dio tiempo para culminarla con un final cerrado.

© Luis del Barrio
(908 palabras) Créditos