Matabot
Matabot
EE. UU., 2025
Título original: Murderbot
Dirección: Paul Weitz, Toa Fraser, varios más
Guión: Chris Weitz, Paul Weitz
Producción: Chris Weitz
Música: Amanda Delores, Patricia Jones
Fotografía: Tobias Datum, Daniel Grant
Duración: 1T. 10E. 25min.
IMDb:
Reparto: Alexander Skarsgård (Matabot); Noma Dumezweni (Mensah); David Dastmalchian (Gurathin); Sabrina Wu (Pin-Lee); Akshay Khanna (Ratthi); Tamara Podemski (Bharadwaj); Tattiawna Jones (Arada)
Comentarios de: Luis del Barrio

Vaya por delante que no he leído la serie de novelas de Martha Wells en la que se basa la serie, así que esto no va a ser una comparativa entre unas y otra, aunque si adelanto que, por lo leído por ahí, es bastante fiel al primer volumen, SISTEMAS CRÍTICOS. Otro detalle a tener en cuenta es que, al menos en español de España, solo se han traducido y publicado las tres primeras novelas de la serie que, al menos hasta el momento actual, consta de siete aventuras de éste segurata cibernético, así que puede llegar a darse el caso de que veamos más aventuras televisivas de Matabot (traducción literal de Murderbot) que libros haya disponibles, a no ser, por supuesto, que se domine el inglés literario y se puedan leer en su idioma original.

Por lo pronto nos encontramos ante una serie satírica que saca punta a un buen montón de cosas de plena actualidad, además reparte mandobles a derecha e izquierda, critica sin tapujos tanto al mundo corporativo como al buenismo desaforado a partir de Matabot (Alexander Skarsgård), una Unidad de Seguridad que se ha hackeado a si misma y es capaz de ver, desde su lógica más pura, las contradicciones de los humanos, tanto de los que es propiedad como a los que debe proteger.

Las Unidades de Seguridad son androides a los que se ha potenciado con una buena cantidad de cacharrería electrónica y que sirven de eficaces guardianes, o al menos principalmente, porque en la serie no se especifica que haya ciborgs dedicados a otras labores. Por supuesto todos ellos están férreamente controlados por su programación... a excepción de nuestro héroe que consigue liberarse del corsé cibernético y sintetiza su propio libre albedrío. Solo en parte, porque no le es posible desvincularse totalmente del código que lo gobierna, de modo que su lógica se vuelve consciente, por decir algo, y empieza a ver el mundo desde un punto de vista entre lo cínico y lo sarcástico.

Además, algunos recuerdos se cuelan desde lo más profundo de su memoria, y no son recuerdos especialmente agradables. En parte por ello y en parte por el cinismo que se adueña de sus pensamientos, decide bautizarse como Matabot.

Con todo, es una Unidad de Seguridad muy trillada y está a punto de ser desechada cuando es asignado a una expedición de científicos del planeta PreservaciónAux que quieren realizar ciertas investigaciones en el planeta RaviHyral. Éstos, al tener unos recursos económicos muy limitados, se ven obligados a alquilar lo más barato que consiguen: Matabot. Desde un inicio está claro que los desprecia e ignora a partes iguales, a él solo le interesa ver un culebrón interminable, y a eso se dedica cuando se desconecta, con todo, cumple sus labores de protección y seguridad, incluso cuando los científicos ignoran olímpicamente sus indicaciones.

El culebrón merece una mención aparte. Es una desaforada parodia de las típicas series de enredos familiares, amorosos y corporativos, que da un contrapunto refrescante a los ácidos comentarios y expeditivos métodos de Matabot.

El interés de la serie, más allá de plantear un futuro donde la humanidad se ha expandido por el universo, y su ácido tono humorístico, está en la interacción de Matabot con sus protegidos, y los diversos dilemas que la amoralidad de uno y la moralidad de los otros plantean. Los científicos de PreservaciónAux comulgan fervorosamente con lo que se da en llamar ideología woke, a la que el cinismo manifiesto del cyborg da el contrapunto, no cuestionándolo o contradiciéndolo, sino simplemente desarmándolo con la exposición a la realidad de un planeta hostil y lleno de peligros.

Por su parte, los científicos no se dedican a sermonear al espectador, solo viven y actúan según sus principios les dictan. Esto es muy de agradecer, porque últimamente en demasiadas series y películas debemos soportar pesadas sesiones de adoctrinamiento que solo han conseguido mermar la confianza de muchos espectadores, quienes se sienten interpelados de forma agresiva para asumir premisas más que debatibles.

Como ya nos empieza a malacostumbrar Apple TV+, la calidad visual de la serie es sobresaliente. No hay detalles descuidados ni efectos especiales o CGI chapuceros, y el escenario se imbrica a la perfección con la narración. En ese sentido, el catálogo de series de ciencia-ficción de Apple TV+ está creciendo a base de producciones tan cuidadas e interesantes como esta: Separación (Severance), Fundación, Para toda la humanidad, Silo o Materia oscura, y las que se esperan como Neuromante y Star City.

En cuanto a los actores tampoco nada que reprochar: Alexander Skarsgård hace de Matabot un ser tan entrañable como inquietante, un poco al estilo del Niño de The Mandalorian, con el apoyo de la voz en off que describe, desde su particularísimo punto de vista, el entorno y el resto de los personajes. El resto del elenco cumple sobradamente, destacando David Dastmalchian como Gurathin, que no termina de comulgar con la ideología de sus conciudadanos, además de desconfiar profundamente de Matabot, y Anna Konkle en el papel de la misteriosa Leebeebee. El resto cumple adecuadamente con sus papeles.

La serie es un entretenimiento que pese al humor e ironía que destilan las intervenciones de Matabot, no es un mero espectáculo hueco. A mi, al menos, me parece muy recomendable.


Notas

es-ES: Modo coloquial de referirse a los agentes de seguridad privados.

© Luis del Barrio,
(889 palabras) Créditos