Tras el fiasco de la tercera trilogía de Star Wars, los aficionados esperábamos esta serie entre el desasosiego y una nueva esperanza. Yo temía que se reprodujeran los mismos tics que en esta última trilogía: guiones deslavazados, recuperación obsesiva de las viejas glorias... para matarlas sin piedad, obsesión por la inclusión
, tonterías varias.
Sin embargo The Mandalorian ha devuelto a la Saga a sus orígenes: desiertos polvorientos, tipos duros y de una pieza, malos malísimos y una historia sólida y contada sin altibajos. De alguna forma extraña Kathleen Kennedy y su camarilla han renunciado a meter sus zarpas en esta producción, dando gran libertad creativa a Jon Favreau, con magníficos resultados.
El protagonista es un cazarrecompensas mandaloriano, al igual que el celebrado Bobba Fett, que se busca la vida tras la caída del Imperio. Es importante para comprender al personaje saber que los mandalorianos no forman exactamente una tribu, o una casta o una raza, sino que su credo y filosofía es más bien de carácter semi-religioso y por ello, entre otras muchas cosas, nunca deben quitarse el casco de su armadura en presencia de terceros.
Mando, como es llamado de forma entre familiar y despectiva por quien le conoce, tiene un odio porcino contra los androides puesto que sus padres murieron en una incursión de droides de combate. Él se salvó gracias a que una partida de mandalorianos le rescataron en el último momento adoptándole e iniciándole en el credo.
Mando es reservado, eficaz y, en teoría, no tiene escrúpulo alguno. Por ello es requerido por Greef Karga (Carl Weathers), jefe de los cazarrecompensas para un trabajo fino y delicado encargado por un misterioso cliente. Al cabo descubre que se trata de la entrega del Niño, un pequeño y misterioso extraterrestre, pero el trabajo huele mal desde el principio, y Mando acaba huyendo con el bebé que tiene nada menos que... 50 años.
El argumento es sencillo, directo y con pocas fisuras, a partir de ahí solo había que rodearlo de tiros, explosiones, naves chulas, seres asombrosos y escenarios monumentales, y a fe mía que Jon Favreau lo consigue. De sobra, creo que no me he entusiasmado tanto con un producto Star Wars desde que vi LA GUERRA DE LAS GALAXIAS original. Todo ello narrado, además, con una sorprendente sobriedad propia del western crepuscular, género con el que tanto se le ha relacionado, y que casa muy bien con una historia tan aventurera y violenta como esta.
En esto ayuda el propio personaje de Mando. Torturado por su pasado, en apariencia despojado de toda su humanidad, el hecho de que jamás (no exactamente) se quite el casco le convierte en una especie de droide de sangre caliente. Sin embargo, su encuentro con el Niño, la particular relación que inicia con Cara Dune, y el estricto código ético de los mandalorianos le acaban convirtiendo en un personaje ciertamente entrañable.
El Niño es otro acierto. No tengo muy claro que la Disney pensara que se convertiría en un personaje icónico, más allá de un señuelo para vender peluches. Ya de por si estaba fabricado para el éxito, puesto que al ser de la misma raza que el maestro Yoda contaba con la simpatía de los aficionados, pero al dotarle de su propia y muy particular personalidad, tampoco muy desarrollada que al cabo se trata de un bebe, ha conquistado el corazón de todo el mundo, empezando por el propio Mando. Tal fue el éxito que desbordó todas las expectativas, incluso haciéndose incómodo a la Disney ya que Baby Yoda, tal y como se le conoce popularmente, ha ninguneado la denominación oficial de el Niño, e incluso generó una enorme cantidad de merchandising no oficial, que no copias o falsificaciones, que desató las iras de Disney y la hiperactividad de sus abogados.
Otro personaje sobresaliente es el de Cara Dune. Ex soldado de choque de la República. Con tino y acierto Favreau eligió para el papel a Gina Carano, antigua luchadora de muay thai y artes marciales mixtas, con una presencia física imponente, acorde con el papel. Nada de frágiles muñequitas que hay que subir a plataformas de 15 centímetros para igualarlas a sus fornidos compañeros de reparto. Carano con su 1,73 y un cuerpo trabajado en el ring y el gimnasio, es perfecta, y sobre todo creíble en el papel de Cara.
Los demás personajes siguen en la línea, Kuiil (Nick Nolte) el típico cascarrabias de buen corazón, Greef Karga, el típico jefe cabrón... de buen corazón, IG-11, el frío pero chistoso androide... de buen corazón moff Gideon (Giancarlo Esposito), el típico oficial imperial... de corazón renegrido, además de contar con lujos como Werner Herzog en el papel de Cliente, conforman un marco muy solvente que garantiza el éxito, como así ha sido.
A fecha de hoy estamos en puertas del estreno de la segunda temporada. Hay rumores que afirman que se han tenido que retocar bastantes escenas puesto que se han desviado del espíritu de esta primera temporada y la Disney teme otro aluvión de críticas similar a las recibidas por la tercera trilogía, con más razón aún puesto que habían logrado un producto que ha entusiasmado a todos por igual y sería estúpido pervertirlo.
Lo veremos dentro de muy poco.
El personaje
más odiado de Star Wars, más incluso que Jar Jar Binks o los Ewoks.
