Una adaptación del ideal superheróico al mundo moderno. En este caso un superhéroe negro que intenta mantener Harlem limpio de hampones y malandrines.
Luke Cage nació en la factoría Marvel allá por los años 1970, dentro de un movimiento más amplio de reivindicación y visibilización de la cultura negra en los Estados Unidos. Lo que empezó como una corriente de demanda de reconocimiento de unas señas culturales, acabó absorbida por la industria del entretenimiento y regurgitada para el uso y disfrute de la población en general. La música negra seguía siendo hecha por negros, pero ya la consumía todo el mundo.
El cómic no se iba a quedar atrás y despreciar a una masa de adolescentes huérfanos de héroes con los que identificarse claramente. Así, de la mano de ilustres firmas como Roy Thomas, Archie Goodwin y John Romita Sr., nació Luke Cage, Carl Lucas en la partida de nacimiento, que de delincuente juvenil pasó a presidiario y de ahí a adquirir mediante un tratamiento experimental superfuerza, piel a prueba de balas y una notable capacidad regenerativa. Como en el fondo Luke es buena persona, usará sus habilidades para luchar contra el mal.
La serie de Netflix que recrea al personaje difiere en varios aspectos sobre el origen de Luke. No es natural de Harlem, sino un ex policía que fue a parar a la cárcel acusado falsamente, donde efectivamente adquirió los poderes y de la que escapó en cuanto pudo tirar muros a puñetazos. Ha ido de acá para allá, ocultándose tras el pseudónimo de Luke Cage hasta caer en la peluquería de Pops en la que trabaja como limpiador, aunque en sus horas libres desface entuertos y rescata doncellas.
Previamente ya le habíamos visto en unos cuantos episodios de Jessica Jones, como encargado de un bar donde intenta pasar desapercibido. Aunque lo ignora, Jessica tiene una oscura y retorcida conexión con él, por lo que le tiene vigilado. Finalmente sus habilidades salen a la luz y debe volver a desaparecer, y ya es en la barbería de Pops donde lo volvemos a encontrar.
En las dos temporadas que dura la serie, Luke tiene que lidiar con mafias locales, mafias importadas, pandilleros violentos, políticos mafiosos corruptos y violentos, policías corruptos, policías íntegros pero amargados... lo que se espera en una serie policiaca un poco pasada de vueltas en la que además el protagonista es a prueba de balas.
Como es natural Luke puede con todo y con todos, aunque pese a su natural abnegación, acaba considerando que ciertos negocios, ejercidos discretamente y con mesura, son más beneficiosos que una peluquería de barrio.
En general la serie está bien, muestra un Harlem ordenado y luminoso, muy alejado de aquella imagen casi de zona de guerra de los años 1970, pero eso no significa que la pobreza y la delincuencia organizada no sigan campando por sus calles, aunque dentro de una normalidad
acorde con el resto de la ciudad.
El guión abusa en ocasiones de diálogos demasiado largos y de las referencias cruzadas con las otras series Marvel de Netflix (la ya mencionada Jessica Jones, Iron Fist y Daredevil) por lo que de repente nos encontramos intentando rellenar huecos inexplicables por circunstancias de las que no tenemos noticia pero que ha sucedido en alguna de esas otras series.
Hay guías para ver el universo Marvel—Netflix sin perderse. Es engorroso.
