Un quiero pero no puedo. Es la definición más directa para describir lo que es esta serie, que de alguna forma se queda a mitad de camino entre serie lujosa y película de trogloditas de los años dorados de la Serie B.
Parte de la premisa de que en Los Ángeles, en el parque Hancock, donde se encuentran afloramientos naturales de brea en plena ciudad, se abre repentinamente un gigantesco socavón que se traga a personas, edificios y vehículos a la vez que de él salen extraños pájaros de aspecto primitivo. El pozo sin fondo no parece llevar a ninguna parte, y nadie comprende la naturaleza del fenómeno.
Sin embargo, en el fondo
de la sima las cosas son diferentes. Misteriosamente, todo lo que el socavón se ha tragado aparece en el mismo lugar pero 10.000 años atrás. Los supervivientes de la caída
se van reuniendo poco a poco, entre incrédulos y desorientados, sin tener la menor idea de lo que les ha ocurrido y enfrentados a los peligros propios de la época, donde la paleofauna abunda y los rinocerontes lanudos no son los animales más peligrosos con los que se pueden encontrar.
Poco a poco se va formando una comunidad alrededor de los restos de edificios y vehículos donde empezamos a conocer los personajes principales, empezando por Eve Harris (Natalie Zea) y su hijo Josh (Jack Martin), que tardan poco en establecer relación con Scott (Rohan Mirchandaney) un joven científico muy aficionado a la marihuana, Marybeth (Karina Logue), una policía veterana y descreída, su hijo Lucas (Josh McKenzie) que se ha encaminado por el lado opuesto de la vida, Sam (Jon Seda) y Ryley (Veronica St. Clair), igualmente padre e hija, él médico y ella estudiante de medicina. También conoceremos a Ty (Chiké Okonkwo) un comprensivo psicólogo en fase terminal debido a un tumor cerebral, y a un chocante Judah (Damien Fotiou) personaje sin la menor relevancia pero que permanecerá de principio a final de la serie incordiando con estupideces a todo el mundo.
Hay otra buena cantidad de personajes que se irán incorporando y desapareciendo de la trama según avancen las temporadas, los más relevantes serán Gavin (Eoin Macken), exmarido de Eve y ex piloto militar retirado y alcoholico, e Izzy (Zyra Gorecki) la otra hija de ambos, y Levi (Nicholas Gonzalez), amigo de Gavin y amante de Eve. En principio ninguno de los tres ha caído en el abismo, pero las cosas cambiarán con el tiempo cuando se descubra que ha causado la catástrofe.
Otros dos personajes que tendrán trascendencia dentro de la serie, aunque contando con su propio drama separado son las hermanas Verónica (Lily Santiago) y Lilly / Ella (Chloe De Los Santos / Michelle Vergara Moore) con un turbio pasado y un no menos desconcertante futuro. Entre los nativos
destacan Paara (Tonantzin Carmelo) líder de la tribu más cercana a los caídos
y el enigmático Silas (Mark Lee).
Con estas pistas no es difícil adivinar que la serie tiene tanto de aventura como de culebrón familiar. Las relaciones entre padres e hijos son en todo momento tortuosas y conflictivas, y según avanzan los capítulos se harán más difíciles o mejorarán sustancialmente, dependiendo de lo que exija el episodio del momento.
La primera temporada narra la pura supervivencia de los caídos
en un entorno tan hostil, como se organizan, como enfrentan los peligros que les acechan, como superan los conflictos familiares, y como establecen relación con los muy peculiares nativos
del lugar, mientras que en la época presente
Gavin lucha desesperadamente por recuperar a su familia, averiguando los porqués del suceso y trasladándose él mismo a ese año 10.000 A. C.
La segunda da un giro sustancial al argumento introduciendo algunos elementos que madmaxizan
la serie a la vez que contradicen algunas de las premisas que quedaron más o menos perfiladas en la primera temporada, desvelando el origen de muchos de los misteriosos personajes que ya se conocieron e incluso aportando datos del pasado de los propios protagonistas.
La tercera, y más corta, abunda en el desconcierto argumental, personajes que en la primera y segunda temporada eran fundamentales desaparecen, otros son sustituidos por alter-egos idénticos y de nuevo el argumento se vuelve a retorcer dejando al espectador desconcertado ante cuestiones que parecían haberse resuelto con anterioridad.
A todos estos bandazos no ayuda que los guiones oscilen entre la insustancialidad y la grandilocuencia, los decorados muestren el cartón piedra con toda desvergüenza, y los protagonistas principales, sobre todo Eve, Gavin y Sam sean los típicos personajes tóxicos que no paran en cuentas con tal de que sus propósitos prevalezcan por encima de todo lo demás.
Si hay que citar algún aspecto destacable es la evolución de alguno de los personajes, Josh, de ser un delincuente violento pasa a convertirse en todo un responsable líder de la comunidad, emparejándose con Verónica, que a su vez madura y se reconcilia con su oscuro pasado. Izzy, a la que le fue amputada una pierna tras un accidente de tráfico, supera sus recelos y caprichos adolescentes, madurando igualmente ante las adversidades. Como curiosidad, la experiencia personal de Zyra Gorecki al respecto, fue trasladada por los guionistas a su personaje, lo que le da a Izzy mucha credibilidad... hasta la tercera temporada, que descubre el amor en uno de esos giros típicos de la serie.
La brea tuvo las tres temporadas citadas, con unos índices de audiencia discretos, y realmente hay poco salvable en ella. Como serie de aventuras funciona más o menos, aunque los enredos familiares si están a la altura de cualquier culebrón al uso.
Típico producto para adolescentes que si bien puede considerarse como un entretenimiento ligero para espectadores con más recorrido, es probable que lo acaben considerando una pérdida de tiempo.
