Katla
Katla Islandia, 2021
Título original: Katla
Dirección: Baltasar Kormákur, Börkur Sigžórsson
Guión: Baltasar Kormákur, Sigurjón Kjartansson, varios más.
Producción: Baltasar Kormákur
Música: Högni Egilsson
Fotografía: Bergsteinn Björgúlfsson
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: Gušrún Żr Eyfjörš (Gríma); Íris Tanja Flygenring (Ása); Ingvar Sigurdsson (Žór); Aliette Opheim (Gunhild); Žorsteinn Bachmann (Gísli); Haraldur Stefansson (Einar); Sólveig Arnarsdóttir (Magnea); Baltasar Breki Samper (Kjartan); Birgitta Birgisdóttir (Rakel); Björn Thors (Darri)
Comentarios de: Luis del Barrio

No se lo digan a nadie, pero esta serie es una nueva versión de SOLARIS, de Stanislaw Lem. Tal cual, de hecho, esperé pacientemente a que se diera algún atisbo de explicación de todo lo que sucede en las inmediaciones de éste volcán e eterna erupción hasta que, finalmente, mis sospechas se vieron confirmadas.

No voy a decir como ni de que manera, pero vaya por delante que si he logrado convencer al webmaster del Sitio de la publicación de una reseña sobre esta serie, de aparentes tintes fantásticos y sobrenaturales, es porque los paralelismos son tan evidentes que o bien Ólafur Egilsson, Sigurjón Kjartansson y Baltasar Kormákur, creadores de la misma, se han empapado de cabo a rabo a Lem o se ha producido una casual conjunción astral que los ha encaminado por los misteriosos caminos de los que llegó SOLARIS.

He leído por ahí que se trata de una copia de Dark o de Les Revenants. Hasta le podríamos sacar paralelismos a Manifest. La segunda no la he visto, pero ya les digo que no tiene nada que ver con Dark (son viajes en el tiempo puros y duros) ni con Manifest, donde la componente religiosa empezaba a tomar un cariz desconcertante.

En este caso se trata de la misteriosa reaparición de personas desaparecidas (y no necesariamente muertas) hacía tiempo. ¿Dónde? En el ambiente más hostil imaginable, en las inmediaciones del volcan Katla que tras un año de continua erupción ha dejado la comarca que lo rodea desolada y colmada de cenizas. Todo el mundo ha abandonado los alrededores, solo algunos esforzados se han quedado en los alrededores de Vik, el pueblo donde se desarrollan los hechos, sobrellevando el lento pero devastador cataclismo, aislados del resto del mundo por una ancha manga semi pantanosa que solo se puede atravesar en un curioso transbordador mezcla de lancha de desembarco y plataforma rodante.

En esto, aparece una mujer desnuda y cubierta de una gruesa capa de cenizas. Es recogida por los científicos de la estación de observación geológica y trasladada al hospital local, allí, Þór (Ingvar Sigurdsson) pronúnciese Zush o Zour, un granjero local, la reconoce, cree que es Gunhild (Aliette Opheim) una turista sueca con la que tuvo un asuntillo hacía al menos veinte años. Pero ésta Gunhild parece congelada en el tiempo, conservando el mismo aspecto que entonces.

La aparición también despierta el lógico interés de Gísli (Þorsteinn Bachmann) el jefe de policía que investiga a la aparecida y acaba dando con la verdadera Gunhild en Estocolmo. Poco a poco irán apareciendo más dobles, el de Gríma (Guðrún Ýr Eyfjörð;, más o menos Gudrun Ir Eiferz), la nuera de Þór, y miembro de protección civil, o Magnea (Sólveig Arnarsdóttir) esposa de Gísli, enferma y postrada desde hace años.

Cada uno de los aparecidos es un recordatorio del pasado, con sus alegrías y tragedias, con lo que la tensión va creciendo, cada vez más, hasta que los desenlaces de cada drama personal se tornan en sucesos cada vez más siniestros.

Con todo la serie no es perfecta. Hay inconsistencias a cada paso. Por lo pronto, la nueva Gunhild vuelve tal y como se fue en 2001, pero no se sorprende en absoluto por la obvia vejez de Þór, en otro momento, se produce un accidente de tráfico y Gríma debe acudir rápidamente, no obstante, el accidente se ha producido al otro lado del río, allí ya está Gísli, cada uno en su propio vehículo. Demasiado trajín en demasiado poco tiempo para el transbordador.

Como todas estas producciones nórdicas el ritmo es pausado, lo que en este caso acrecenta el misterio. Los escenarios son deprimentes, todo está cubierto por la ceniza volcánica y el día a día es una mezcla de supervivencia, desesperación, amargura y viejos rencores enquistados.

La última escena de Katla quizá sea la más inquietante de todas. Tras los sucesos narrados parece como si todo hubiera terminado, pero no es así. El vientre del volcán alberga nuevos sorpresas turbadoras que, además de provocar la lógica inquietud, dan pie para una segunda temporada de la que, al menos de momento, no tengo noticias de que esté en proyecto.


Notas

Aproximación no fonética a como lo pronuncia el traductor de Google,.

Y dependiendo del momento, porque a veces me parece escuchar Gedrun Ir Eiforz.

© Luis del Barrio (722 palabras) Créditos