I-Land
I-Land EE. UU., 2019
Título original: The I-Land
Dirección: Dirección: Jonathan Scarfe, Darnell Martin
Guión: Anthony Salter, Neil LaBute, Lucy Teitler
Producción: Anthony Salter
Música: Emily Rice
Fotografía: Walt Lloyd
IMDb:
Reparto: Natalie Martinez (Chase); Kate Bosworth (K.C.); Ronald Peet (Cooper); Sibylla Deen (Blair); Gilles Geary (Mason); Kyle Schmid (Moses); Anthony Lee Medina (Donovan); Kota Eberhardt (Taylor); KeiLyn Durrel Jones (Clyde); Maria Conchita Alonso (Chase's Mother); Bruce McGill (Warden Wells)
Comentarios de: Luis del Barrio

Había leído muchas cosas, y pocas buenas, respecto a esta serie de Netflix, y las expectativas que tenía sobre ella eran muy malas, así que la empecé a ver con bastante prevención, dispuesto a dejarla a poco que se confirmaran esas sospechas.

Pues bien, no es para tanto. Ciertamente la serie está lejos de la excelencia absoluta pero las críticas negativas que ha recibido, algunas bastante virulentas, tampoco le hacen justicia. I-Land no es mala de solemnidad, como aseguran muchos por ahí, lo que ocurre es que I-Land es barata, está hecha con cuatro duros, en escenarios acondicionados por los pelos, excepto los naturales, que ahí si que se molestaron en buscar algo decente en Las Terrenas, República Dominicana, y no ese bosque de las afueras de Vancouver que ya nos conocemos de memoria, dando protagonismo a secundarios de toda la vida, y poniendo de secundarios a figurantes aventajados.

El argumento es interesante. Al estilo de Perdidos, aunque más cercano a Dark Matter, nos encontramos con un grupito de desconocidos desvanecidos en la playa de una isla, que van despertando poco a poco, y rápidamente se destacan varios detalles que empiezan a alejar la serie de Perdidos. No saben quienes son, ni como han llegado hasta allí, todos visten igual y a su alrededor aparecen objetos que tienen un fin un tanto extraño, puesto que algunos son útiles para la supervivencia, mientras que otros no tienen demasiado sentido. Rápidamente descubren en su ropa etiquetas que los identifican, e igual de rápidamente empiezan los roces y peleas cuando las ásperas personalidades de cada uno van saliendo a la luz.

No se tarda mucho en descubrir al espectador que en realidad son unos reclusos que a su vez han sido recluidos en una realidad virtual con el fin de intentar, de alguna forma, que expíen sus pecados y paguen su deuda con la sociedad.

No hay retorcidas especulaciones, ni grandes misterios ni se juega con el espectador con suspenses tontos más allá de los dos primeros capítulos, aunque los títulos de crédito ya dan pistas suficientes como para que aterrice un Jumbo. En ese sentido, desde mi punto de vista, es una serie honesta, que con los medios escasos ofrece una historia bastante bien articulada y con un final cerrado aunque a la vez abierto a nuevas aventuras.

¿Qué los actores podrían ser mejores? Si. No obstante todos cumplen adecuadamente, Chase, Natalie Martínez (La cúpula, La travesía), es la protagonista principal secundada por sus siete compañeros de desdichas, con unas carreras más o menos sólidas, quizá los más conocidos del reparto sean precisamente dos secundarios ilustres, María Conchita Alonso, que siempre ha destacado por sus papeles de mujer dura (un poco lo que le está ocurriendo Natalie Martinez) y ejerce de madre de Chase, y Bruce McGill, encasillado en papeles en los que no suele ser trigo limpio, como es el caso ejerciendo de Warden Wells, alcaide de la prisión donde se desarrolla el experimento, con su propias y poco éticas ideas al respecto.

Como es de esperar, la tensión entre los los reclusos exiliados en la isla no tarda en estallar. Todos son delincuentes peligrosos y las mismas inclinaciones que tienen en el mundo real las desarrollan en este nuevo entorno. Con matices. No todos han llegado a la cárcel por los mismos motivos y, aunque no gozan de un autocontrol demasiado desarrollado, la maldad de su carácter es bastante dispar. Eso da lugar a que las diversas personalidades se desarrollen de forma diferente, y las filias y fobias de cada uno destapen su verdadera personalidad.

En el momento de escribir este artículo no hay noticias de que Netflix vaya a renovar la serie por una segunda temporada. La recepción, como he comentado, fue bastante mala, incluso más de lo que se merece la serie. No digo que sea buena, solo que no es tan rematadamente mala como se comenta por ahí. Son diez capítulos que dan para pasar el rato, con final bastante cerrado y algunas buenas ideas que merecerían un desarrollo con más y mejores medios.

© Luis del Barrio, (679 palabras)