Fundación
Fundación EE. UU., 2021
Título original: Foundation
Dirección: Dirección: Alex Graves, Roxann Dawson, varios más
Guión: Isaac Asimov, Josh Friedman, David S. Goyer, Sarah Nolen, varios más
Producción: Josh Friedman
Música: Bear McCreary
Fotografía: Owen McPolin, Tico Poulakakis, varios más
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: Jared Harris (Hari Seldon); Lou Llobell (Gaal Dornick); Leah Harvey (Salvor Hardin); Lee Pace (Hermano Día); Terrence Mann (Hermano Descenso); Cassian Bilton (Hermano Despunte); Laura Birn (Demerzel); Sasha Behar (Mari); Elliot Cowan (Lewis Pirenne); Daniel MacPherson (Hugo); Kubbra Sait (Phara); Pravessh Rana (Rowan); Nikhil Parmar (Freestone);
Comentarios de: Luis del Barrio

Vista esta serie se me ha quedado un sentimiento contradictorio. Por si misma es una buena serie de ciencia-ficción. Comparada con su original literario deja mucho que desear.

No es que Las Fundaciones asimovianas sean un dechado de excelencia literaria, como comenta el webmaster de éste sitio en el extenso artículo que les dedicó en su momento, la trilogía original es irregular, comienza con grandes dosis de ciencia-ficción cerebral para acabar convertida en una especie de kárate a muerte en Torremolinos mental.

Sin embargo, son esos primeros relatos, hasta la aparición del Mulo, lo que define el espíritu de las Fundaciones, un grupo de pioneros y exploradores, que privados de mejores recursos y enfrentados a dificultades sin fin, solucionan sus crisis con grandes dosis de astucia e inteligencia.

La serie de Josh Friedman, David S. Goyer, y Sarah Nolen deja de lado mucha parte de eso para centrarse más en la fuerza bruta dejando la inteligencia como herramienta suplementaria, lo que la hace entretenida y espectacular, a costa de contar una historia que poco tiene que ver con al concepción original de Asimov.

¿Salen triunfantes? Si no se tienen referencias previas, si. Si se es un asimoviano convencido no.

La serie adapta los dos primeros relatos de la trilogía original, LOS PSICOHISTORIADORES y LOS ENCICLOPEDISTAS. En ellos se relata como Hari Seldon, que no Sheldon­, (Jared Harris) maniobra para que se le destierre a Terminus, lejos de Trantor, el planeta-capital de, Imperio, para poder ejecutar su plan de regeneración, y como años después Salvor Hardin (Leah Harvey), el primer alcalde de Terminus, consigue salvar la todavía débil colonia de la destrucción por parte de sus salvajes y codiciosos vecinos.

Mientras que Seldon, apadrinando a Gaal Dornick (Lou Llobell) organiza el viaje hacia Terminus, se muestra como se cumplen las predicciones de Seldon de cómo el Imperio se desmorona. El Emperador Cleon es un clon perfecto del primer Cleon, que ejerce su despiadado ministerio como Imperio en tres encarnaciones sucesivas pero simultáneas, Hermano Despunte (Cooper Carter y Cassian Bilton) en periodo de formación, Hermano Día (Lee Pace), que ejerce la gobernanza y Hermano Descenso (Terrence Mann) ya jubilado a modo de consejero, que se centran en controlar las cada vez más frecuentes rebeliones y conspiraciones que amenazan la integridad del gobierno.

Por su parte, años más tarde con la Fundación ya en marcha, Salvor Hardin hace todo lo posible para impedir que los anacreontes se hagan con avanzada tecnología imperial y destruyan Terminus.

Todo esto entreverado con los muy de moda flashbacks que no hacen más que confundir, a veces, sobre todo porque los Cleones son eternos, a su modo, y a veces se puede enredar el ahora con el antes o el después. Muy desconertante es la narración en paralelo de las aventuras de Dornik y Hardin. Quien haya leído las Fundaciones sabe que son acontecimientos muy separados en el tiempo, pero quien no llegue a la serie con ese conocimiento, puede llegar a sentirse descolocado en algunos momentos.

En el aspecto técnico no hay nada objetable, algunas escenas de lucha no están del todo bien coreografiadas, pero eso solo se nota si se echa un ojo al plano de fondo. Los demás aspectos del diseño son bastante buenos. Incluso resulta atractiva la sobriedad de la corte imperial, que se limita a los tres Cleones, Demerzel (Laura Birn) su enigmática chica para todo, y algunos guardias y asistentes. A eso ayuda el aire art deco con el que se reviste la dignidad imperial. El resto del vestuario es el habitual de este tipo de producciones, mucho correaje y parche de cuero distribuido sin mucho sentido, ropajes amplios, y reciclados varios, ahorrando presupuesto de donde se pueda.

Donde la serie empieza a alejarse es en las invenciones de los guionistas. Un detalle que desagradará y pudiera provocar problemas a futuro, es que tanto Gaal Dornick como Salvor Hardin tienen algo más que una formidable intuición, tienen directamente poderes mentales. Algo que ningún personaje debería poseer hasta la aparición del Mulo, a no ser que se estén adelantando los acontecimientos que se relatan en SEGUNDA FUNDACIÓN.

Otro personaje desconcertante es Demerzel. El Demerzel asimoviano es mucho más que ésta Demerzel, y no es un protagonista de las Fundaciones originales, su aparición al igual que la de Raich Foss (Alfred Enoch), es coherente con el desarrollo de la narración pero son incorporaciones muy tardías de Asimov a la saga literaria.

Como también hay que contentar a todos los públicos, se introducen romances que Asimov ni pensó. Así, el joven Despunte tiene sus líos, más allá del mero desahogo, con el personal de palacio, y Salvor Hardin también le da alegría al cuerpo en una relación de esas de ni contigo ni sin ti. Hay que agradecer que no sean del todo gratuitas, y tienen finalmente su importancia dentro de la trama general de la serie.

Como era casi de esperar, la primera crisis de la Fundación es exageradamente más épica comparada con la descrita por Asimov. Los enemigos del Imperio la asimilan directamente con él (no deja de ser una Fundación... Imperial) y pretenden su destrucción como primer paso de su asalto al poder, lo que da lugar a escenas grandiosas y viajes más allá del límite de lo conocido.

Llegado al capítulo de las diversidades, condición sine qua non para que un producto (cualquier producto) obtenga el nihil obstat pijopogre hay que reconocer que Fundación cumple con creces. Todas las razas humanas están convenientemente representadas, excepto, la oriental. Apunten este dato. En realidad eso no es un problema, si se piensa bien tras 12.000 años de historia de la humanidad la pureza racial es algo que incluso debería sorprender, y la mezcla y mestizaje la normalidad. Sin embargo en la serie si que juega con la diferencia racial por planeta, así en Synnax. origen de Gaal son negros, los tespios una especie de macedonios alejandrinos de ojos intensamente azules, los anacreontes son claramente indoarios, en Trantor predominan los blancos mientras que en Términus, la mezcla es la norma.

Por otro lado, si algo se le ha echando siempre en cara a Asimov (incluso mientras vivía y ejercía como escritor) era su dejadez a la hora de incorporar personajes femeninos a sus escritos y construirlos con solidez. Naturalmente, eso es falso. Si alguien no ha oído hablar de Susan Calvin es que solo ha tenido un contacto casual con la obra de Asimov. En la misma saga de la Fundación, la formidable Bayta Darell y su no menos insufrible nieta Arcadia, tenían un papel destacado. Sea como sea, la falta de habilidad de Asimov para construir personajes era marca de la casa.

Con todo, la acusación se ha hecho persistente, y además como por los años 1950 tampoco es que fuera muy frecuente encontrarse con mujeres protagonizando casi nada, en el siglo XXI se enmienda la plana a los clásicos cambiando el sexo de los personajes. En esta adaptación de las Fundaciones se hace con gran entusiasmo. El mismo Gaal Dornik es el primero que sufre la transformación. No es para nada problemático, precisamente gracias a la indefinición asimoviana, da un poco igual su condición, aunque en la serie se le da mucho más protagonismo, en varios sentidos.

El siguiente personaje que sorprende es Salvor Hardin. Esto ya resulta un poco más difícil de encajar. Se trata de uno de los alcaldes preminentes de la Fundación, y convertirlo no tanto en mujer, sino de astuto político a aguerrida amazona con cuasi poderes mágicos se hace muy cuesta arriba.

Quien resulta más difícil de asumir es Eto Demerzel. Demerzel no es solo Demerzel, también es el mítico R. Daneel Olivaw, una de las piezas fundamentales del edificio asimoviano. Dejarlo reducido a la condición de institutriz influyente puede llegar a causar problemas en futuras adaptaciones del resto de la obra, en caso de que esta serie le resulte lo bastante rentable a Apple. Siempre se puede aducir que total, Olivaw no deja de ser un robot y puede cambiar su envoltura a conveniencia, pero eso no es lo grave, lo peor es que hacen a ésta Demerzel capaz de saltarse las leyes de la robótica a la torera y tener sentimientos. No recuerdo si R. Daneel Olivaw, llegaba a tanto, en todo caso, es raro. En resumen, simplemente, el Demerzel novelesco y la Demerzel televisiva son dos personajes distintos con el mismo nombre.

Objeciones aparte, Fundación es una serie que hay que ver. Es otra Fundación, diferente significativamente a la asimoviana, pero muy válida por si misma, un poco por encima de Raised By Wolves, con la que comparte grandes similitudes, pero por debajo de The Expanse, que pese a que tampoco es perfecta, si es capaz de mostrar consistentemente un marco galáctico de grandes dimensiones.

© Luis del Barrio
(1.466 palabras) Créditos