The Expanse
The Expanse
EE.UU., 2015
Título original: The Expanse
Dirección: Jeff Woolnough, Terry McDonough, varios más
Guión: Mark Fergus, Hawk Ostby, varios más
Producción: Mark Fergus, Hawk Ostby
Música: Clinton Shorter
Fotografía: Jeremy Benning, Ray Dumas
Duración: 6T. 62E. 52min.
IMDb:
Reparto: Steven Strait (Jim Holden); Cas Anvar (Alex Kamal); Dominique Tipper (Naomi Nagata); Wes Chatham (Amos Burton); Thomas Jane (Joe Miller); Shohreh Aghdashloo (Chrisjen Avasarala); Shawn Doyle (Sadavir Errinwright); Frankie Adams (Roberta Bobbie W. Draper); Jared Harris (Anderson Dawes); Chad L. Coleman (Coronel Frederick Lucius Johnson); François Chau (Jules-Pierre Mao); Florence Faivre Florence Faivre (Julie Mao)
Comentarios de: Luis del Barrio

El webmaster de este sitio ya describió acertadamente la primera temporada de esta serie, así que, con su permiso, le cito: La primera temporada de The Expanse va de eso (lostización), Me han sobrado ocho capítulos. La única revelación con cierta entidad es el destino de la chica. Todo lo demás: coso rampante de origen extraño, naves de combate misteriosas, conspiración gorda y politiqueo vario, ya lo dejaron perfilado en los dos primeros capítulos. No han cerrado nada, no han concretado nada, me sobraron personajes, naves y asteroides, han sido ocho capítulos de grandes frases y pocas conclusiones. Si todavía tuvieran la decencia de llamarla middle season, vale, esperamos dos meses o medio año y terminan de contárnoslo todo, ¿pero llamar a esto una temporada entera? Algunas pistas y el avance de la segunda temporada parecen indicar que el asunto está encarrilado. Esperemos que sea así y no se trate de un sueño.

Efectivamente la primera temporada de The Expanse no hacía más que preparar el escenario de lo que ha sido una formidable segunda temporada, donde todas las vacilaciones de la primera han quedado enterradas entre una buena cantidad de tiros y explosiones, aderezados además, con las tensiones entre la Tierra y Marte, la pujanza de las colonias del Anillo y la imprevisibilidad de jugadores independientes que son la sal y la pimienta de la serie.

Pero más allá de su misión como presentación, esa primera temporada despertó muchas dudas porque, efectivamente, se podría haber resumido en dos capítulos más allá de la narración deliberadamente tortuosa, y en demasiadas ocasiones opaca, que únicamente introducía dudas y confusión, hasta el punto de que aspectos cruciales de la serie, como el escenario geo-político de la misma tarda demasiado tiempo en quedar claro.

Sin embargo, la segunda temporada fue un festival de pura space-opera. Las conspiraciones, los bandos, las estrategias y los misterios planteados en la primera quedan al descubierto, y sin la necesidad (o viendo la inutilidad) de ocultar al espectador más de lo que exige el manual del suspense de Hitchcock, que puede resumirse en la frase Hay que informar al público (de que se puede producir una desgracia, y cual) siempre que se pueda, excepto si la sorpresa es un twist, es decir, cuando lo inesperado de la conclusión constituye la sal de la anécdota, pero Hitchcock hablaba de quince minutos, no temporadas enteras.

The Expanse se basa en la serie de libros del mismo nombre de James S. A. Corey (marca del equipo formado por Daniel Abraham y Ty Franck) que arrancó allá por 2011 con la novela EL DESPERTAR DE LEVIATÁN, que no he leído, pero que se resume así, copio y pego: En el siglo XXIII la humanidad ha conseguido colonizar la mayor parte del sistema solar. Las relaciones entre la Tierra y Marte son algo tensas, pero conviven y consiguen la mayor parte de sus recursos y mano de obra gracias a los habitantes del cinturón de asteroides, que se han conformado como una gran civilización viviendo en estaciones espaciales. Más allá del cinturón de asteroides también hay humanos, pero algunos de ellos se han unido en lo que se llama la OPA (Asociación de Planetas Exteriores) y están empezando a luchar por sus derechos y a enfrentarse a la hegemonía de los planetas interiores (Tierra y Marte). En este futuro, Julie Mao, hija de una importante corporación de la Luna desaparece y Joe Miller, detective privado del cinturón de asteroides, recibe la misión de encontrarla. Por otra parte, James Holden, antiguo militar de la Tierra que ahora se dedica a comandar un carguero de hielo en el cinturón de asteroides, carguero que unas naves muy sospechosas destruyen justo cuando Holden había salido en una lanzadera para investigar una extraña llamada de auxilio.

En la serie las cosas no son exactamente así. Miller­ es policía, que además de su trabajo habitual de perseguir facinerosos se enfrenta a las tensiones políticas del momento y a las corruptelas del departamento de policía de Ceres. Las facciones en lucha se simplifican, al menos respecto a la sinopsis oficial del libro, solo son la Tierra, Marte, y la OPA, básicamente en un todos contra todos. Por lo que se, también hay ciertas diferencias a la hora de presentar los aspectos geo-político, quizá para dar una idea de la amplitud del conflicto desde el primer momento.

Entre los personajes destacan la implacabilísima subsecretaria Chrisjen Avasarala (Shohreh Aghdashloo), uno de los personajes más influyentes de la Tierra, o su colega y no menos inexorable subsecretario Sadavir Errinwright (Shawn Doyle). Avasarala y Errinwright no solo dirigen los esfuerzos de la Tierra contra Marte, si bien los métodos de Avasarala son más diplomáticos, sino que emplean gran parte de sus energías en competir salvajemente, aunque con mucha educación, entre si.

La contraparte marciana está algo desdibujada, aparte de los sucesivos mandos militares y diplomáticos que van cayendo consecutivamente en combate o en peligrosas maniobras de salón, quien acaba tomando mayor protagonismo en la segunda temporada es la marine marciana Roberta Bobbie Draper (Frankie Adams), que vistos los turbios manejos de su gobierno, es asaltada por una ristra interminable de dudas que minan su fe en la causa que defiende.

De parte de la OPA están Anderson Dawes (Jared Harris) a medio camino entre dirigente sindical y guerrillero urbano, y Fred Johnson (Chad L. Coleman) que desde la estación/astillero Tycho intentar liderar las diversas facciones de los cinturonianos. Al igual que Avasarala y Errinwright, Dawes y Johnson­ viven inmersos en una lucha a tres bandas, contra la Tierra, contra la Marte y entre ellos mismos.

Por fin llegamos a los agentes libres, empezando por los tripulantes de la Rocinante (sic.), un destructor marciano reconvertido, proporcionado por Fred Johnson tras la catástrofe de la Canterbury, el carguero de hielo que suministraba agua al Cinturón. Los lidera el antiguo capitán de la flota de guerra terrestre Jim Holden (Steven Strait), junto a Alex Kamal (Cas Anvar) piloto y antiguo militar marciano, Naomi Nagata (Dominique Tipper) cinturoniana e ingeniera, y Amos Burton (Wes Chatham) mecánico, también terrestre y con una vida muy dura a sus espaldas que le hace una perfecta máquina de matar. Al final de la primera temporada se les une Joe Miller (Thomas Jane), recordemos que también cinturonianao, fracasado su intento de encontrar A Julie Mao y expulsado de la policía de Ceres intenta segur la investigación por su cuenta y por métodos muy poco ortodoxos. Este grupo tan variopinto, ciertamente unido, aunque con lealtades divididas, se comportan como auténticos Quijotes a bordo la Rocinante, resolviendo entuertos a lo largo del sistema solar, aunque sin poder sustraerse al formidable conflicto que se ha generado.

Y por último el verso suelto, Jules-Pierre Mao (François Chau) padre de la desaparecida Julie Mao (leit motiv de la primera temporada) y dueño de un conglomerado de empresas cuya tecnología, que pretende vender al mejor postor, está poniendo patas arriba el equilibrio de poder del Sistema Solar.

Como queda dicho, pese a esa primera temporada que prometía mucho, pero lo que daba lo hacía con cuentagotas y muy perezosamente, la segunda ha cumplido las expectativas y ha resultado ser una estupenda sucesión de episodios a cual más interesante. Esperemos que la tercera mantenga el nivel, e incluso lo supere.

Tercera temporada

Al final de la trepidante segunda temporada habíamos dejado a Avasarala y sus guardaespaldas Bobbie Draper, y Cotyar en muy mala situación, atrapados en la nave de Mao­ que, para variar, los había traicionado inducido por Errinwright. A los chicos de la Rocinante tampoco les iba demasiado bien, tras librarse de peligros varios, la traición de Naomi les tenía un poco tensos, y en la Tierra Errinwright maniobraba para llevar al secretario general de la ONU Gillis por el camino adecuado.

Esta tercera temporada retoma las cosas en ese punto y al mismo ritmo trepidante. Tiene seis primeros episodios más que notables, nuevamente pura space-opera donde las carreras y la tensión consiguen mantener sentado al espectador durante los cuarenta minutos que dura cada capítulo.

Sin embargo, y tras triunfo de los buenos, siguen siete episodios bastante desconcertantes, donde se mezclan una extraña tecnología extraterrestre con toques místicos y una serie de malas decisiones que, como es habitual, se disfrazan de quijotismo y sacrificio para llegar a un final tan poco satisfactorio como abierto a, literalmente, infinitas posibilidades.

Como no he leído los libros, ni se exactamente que se cuenta en cada uno de ellos, he buscado por Internet los argumentos y efectivamente sucede lo que sospechaba. La primera, segunda y la primera parte de la tercera temporada adaptan los dos primeros libros de la serie, EL DESPERTAR DEL LEVIATÁN y LA GUERRA DE CALIBÁN, mientras que la segunda parte de la tercera adapta LA PUERTA DE ABADÓN. De ahí el desequilibrio que existe tanto en argumento como en ritmo. Desde luego esos primeros seis episodios son muy superiores a los últimos, que si bien cuentan una historia grande, lo hacen de una forma bastante chapucera. Problema que supongo que arrastrarán de la propia novela.

Una lástima porque vuelve a deslucir la serie, convirtiéndola en un espectáculo tan efectista como irregular, de hecho SyFy anunció su cancelación tras este desconcertante final. Sin embargo, en estos días de plataformas y productoras independientes, es más que probable que cualquier interesado se haga cargo de una serie con una simple transferencia de derechos. En este caso ha sido Amazon quien se ha llevado el gato al agua, además de forma sorprendente porque era Netflix quien tenía los derechos de distribución internacional... vía streaming. Al parece la productora Alcon, quien detenta realmente los derechos sobre The Expanse, había cedido a SyFy los de emisión clásica (radiodifusión y cable) en Estados Unidos, quedándose con los de emisión online, que había cedido a Netflix, pero al decidir SyFy que The Expanse no era rentable en la televisión tradicional, Netflix tampoco se quiso hacer cargo de ella y de esta forma Amazon se hizo con la serie, tanto con la producción de la cuarta temporada como la emisión de las tres primeras. Todo un culebrón.

Ya comentaremos esta cuarta temporada en su momento.

Cuarta temporada

Sigo con problemas con esta serie. Todo está muy bien, excepto porque los guionistas dan por supuestas muchas cosas y siempre me queda la extraña sensación de que no me estoy enterando del todo de lo que me están contando.

En esta cuarta temporada, una vez que se han abierto los anillos de la esfera, muchos están dispuestos a dar el salto y colonizar los mundos habitables que haya al otro lado, pero la ONU y Marte, liderados por Avasarala, (me ha desconcertado la interpretación de Shohreh Aghdashloo, histriónica y sobreactuada) quieren ir con cautela y no dar pasos en falso porque no se sabe muy bien que se pueden encontrar en esos mundos.

No obstante un grupo de cinturonianos consiguen saltarse el bloqueo y fundar una pequeña colonia en el planeta Ilus. Lógicamente la ONU no se está de brazos cruzados y Avasarala envía a los chicos de la Rocinante a ver que pasa allí. Hacia Ilus también viaja una expedición científica junto a representantes de una compañía minera que quieren tomar posesión del planeta. El aterrizaje de la expedición científica acaba en desastre y la tensión entre los supervivientes del accidente y los colonos obligan a la intermediación de Holden y sus chicos. Además, la tecnología alienígena aparentemente abandonada en Ilus se activa con la llegada de Holden (y Miller, o lo que sea que se le ha colado en el cerebro) y todo se pone patas arriba.

En la Tierra, Avasarala se las tiene que ver con la reelección como secretaria general de la ONU, pero el enemigo le ha crecido en casa y es su propia asistente, prometiendo políticas abiertas respecto al Anillo, la que se le opone políticamente. En Marte la cosa tampoco no va bien, Bobbie ha sido expulsada del ejército y se ve obligada a trabajar en un desguace donde se desmontan las naves de guerra, ya inútiles tras la paz con la Tierra, sin embargo, se ve envuelta en un turbio asunto con unos delincuentes, bastante peligroso pero sin duda muy lucrativo. Respecto a los cinturonianos siguen a lo suyo, ahora aliados de la Tierra y Marte mantienen un soterrado conflicto interno, muchos irritados por la prohibición de colonizar nuevos mundos, lo que lleva a algunos radicales a radicalizarse más todavía, lo que ofrece unas perspectivas muy negras.

Esta temporada en general está bien, pero como digo muchas cosas están explicadas a medias, se introducen personajes sin presentación, y aunque todo avanza a paso firme hacia su respectivo desenlace, el desarrollo mantiene el carácter etéreo que es marca de la serie, y no se trata de contar con la complicidad del espectador o proponer una narrativa inteligente, es sencillamente explicar las cosas mal, o presentar con mucha ligereza y de pasada cuestiones que a la larga acaban siendo importantes.

La renovación por una quinta temporada ya está anunciada, y sospecho que programada incluso antes de empezar a rodar ésta. El final promete un futuro tan apocalíptico que no creo que los responsables de Amazon se hubieran atrevido a finiquitar la serie sin resolver el gran (enorme, gigantesco, galáctico) problema que han planteado a los chicos de la Rocinante. Porque lo solucionarán ellos, por supuesto. Ya veréis.

© Luis del Barrio,
(2.228 palabras) Créditos