Estoy vivo
Estoy vivo España, 2017
Título original: Estoy vivo
Dirección: Oriol Ferrer, Jesús Rodrigo, varios más
Guión: Daniel Écija, Jesús Mesas Silva, Andrés Martín Soto, varios más
Producción: Daniel Écija, Jesús Rodrígo
Música: Daniel Sánchez de la Hera
Fotografía: Néstor Calvo, Paco Belda
IMDb:
Reparto: Javier Gutiérrez (Manuel Márquez); Anna Castillo (Susana Vargas); Alejo Sauras (Enlace); Cristina Plazas (Laura); Fele Martínez (Óscar Santos); Alfonso Bassave (David Aranda); Jesús Castejón (Sebastián Rey); Zorion Eguileor (Arturo); Lucía Caraballo (Bea Vargas); Goizalde Núñez (María); Mon Ceballos (El Carnicero); Ángela Arellano (Patri); Patricia Valley (Cristina); Roberto Álamo (Andrés Vargas)

Antes de escribir este artículo le pregunté a fjsi, amo y señor del Sitio de ciencia-ficción, si me aceptaría una reseña de esta serie. Estoy vivo no es exactamente una serie de ciencia-ficción convencional, de hecho es bastante aventurado incluirla dentro del género. Me contestó que si de verdad había marcianos y tecnología adelantada podría valer. Total, los aficionados hemos aceptado El ministerio del tiempo como animal de compañía, así que tampoco era cuestión de ponerse demasiado tiquismiquis habiendo elementos más o menos identificables.

Así pues, aquí estamos comentando que fue Estoy vivo. Por lo pronto hay que situarla para que nadie se lleve a engaño. Se trata de una versión actualizada y corregida de Los Serrano. Creo que esto ya describe en gran medida de lo que va la serie. Ambas son producciones de Globomedia, ambas están concebidas por Daniel Écija, ambas comparten muchos de los guionistas (el propio Écija, Adriana Rivas, Jon de la Cuesta) ambas se centran en la cuitas familiares de clanes extensos, y ambas intentan llegar al espectro más amplio de público posible. Lo que viene a ser una serie familiar made in spain.

Así pues, tenemos abueletes cascarrabias, adolescentes más o menos atontados, adultos inmersos en sus contrariedades diarias, y romances, muchos romances. Excepto el abuelete, todo el mundo piensa con la entrepierna. Mientras en Los Serrano todo giraba alrededor de una familia de taberneros y maestros, en Estoy vivo, el oficio principal de los protagonistas es el de policía. Incluido el abuelete. Por si fuera poco, se pasan media vida en un bar regentado por Sebas (Jesús Castejón), un policía retirado, que parece primo hermano de Diego Serrano.

Cambia, eso si, el leitmotiv. El de Estoy vivo es la resurrección de pater familias de los Vargas, Andrés Vargas (Roberto Álamo) asesinado por El Carnicero (Mon Ceballos) al que perseguía tras haber matado de forma muy violenta a seis mujeres. Una vez fallecido, Vargas llega a la pasarela, un lugar de tránsito donde las almas de los difuntos son encaminadas a sus más allás definitivos. Allí es recibido por El enlace (Alejo Sauras) y conducido hasta la Directora (Julia Gutiérrez Caba) que le comunica que ha sucedió una grave anomalía, que no tendría que estar muerto, y deberá volver a la Tierra con la Misión de averiguar que ha ocurrido. Vargas y El enlace vuelven pues para buscar un nuevo recipiente (si, he visto Supernatural) y allí encuentran al inspector Manuel Márquez (Javier Gutiérrez) recién atropellado y que resulta ser el envoltorio ideal: su expediente está blindado porque ha trabajado de infiltrado en varias bandas y además está recién trasladado a la comisaría de Vallecas. Casualmente, el barrio de Vargas.

Las cosas han cambiado mucho, aunque para Vargas apenas han pasado un par de horas, en el tiempo de la Tierra han transcurrido cinco años. Su familia se ha mudado del chalet donde vivían a un piso sin tantos recuerdos y con menos gastos, Laura (Cristina Plazas), su mujer sigue de luto, su hija pequeña Bea (Lucía Caraballo) es ya una adolescente problemática metida en investigaciones paranormales, y la mayor Susana (Anna Castillo) ha ingresado en la policía y ahora es subinspectora.

Con estos mimbres empieza el espectáculo. Para dar profundidad humana a la historia Bea sufre de acoso escolar, por friki, Arturo (Zorion Eguileor) padre de Vargas, policía jubilado y acogido por Laura, está en las primeras fases del alzheimer, Susana está inmersa en una relación tóxica con su jefe, el inspector Aranda (Alfonso Bassave) que le ha prometido dejar a su mujer, pero no, y Laura está siendo cortejada por el comisario Santos (Fele Martínez) antiguo compañero de Vargas, al que dejó tirado por una partida de cartas el día de su muerte.

Como se ve, todo muy dramático y profundo, tanto que a mi, particularmente, gran parte de la duración de los episodios (de más de una hora, toma ya) se me hicieron bastante aburridos. Me sobraron el hilo de Arturo, el lío entre Susana y Aranda, el acoso escolar de Bea, no tanto el del torpe cortejo de Santos a Laura, porque forma parte del intento de acercamiento de Marquez-Vargas a su familia, pero dedicarle un poco menos de tiempo no hubiera estado de más. El caso es que cada uno de estos hilos tendrá su público, digo yo, que para eso los incluyen, pero no dejan de hacerseme pesados.

De ahí que los alivios cómicos también abunden, empezando por ver a Vargas, con el aspecto de Márquez, tratando con su familia. Pero para alivio cómico, El enlace, al que Márquez presenta como su sobrino y da la identidad de Iago Márquez, (en honor a Iago Aspas). Lógicamente, viniendo de donde viene, choca una y otra vez con los usos y costumbres de la Tierra, choques que afronta con un urbanismo que desconcierta a sus víctimas, entre ellas El pollo (Chemi Moreno) delincuente de poca monta, y un poco ido por las drogas con el que traba una buena amistad. Otro alivio cómico es María (Goizalde Núñez), amiga de la familia Vargas de toda la vida y policía científica descarada, lenguaraz y procaz, y para el público adolescente, y como una mini-María, está Patri (Ángela Arellano), amiga de Bea e igualmente sufridora de acoso, que reproduce el rol de María, esto es, descarada, lenguaraz y procaz.

Además de los temas profundos, los romances (y enredos subsiguientes) y escenas cómicas también hay mucho erotismo. Algo de sexo entre Iago y Susana, pero sobre todo mucha carne. Alejo Sauras, en plena forma, por cierto, nos enseña el culo unas cuantas veces, Alfonso Bassave también sale de cuando en cuando exhibiendo musculitos de macho alfa, Anna Castillo se pasea marcando culo embutida en unos pantalones que no se si son de uso común entre las secretas, pero seguro que son por lo menos una talla menos de la que usa de calle, incluso Lucía Caraballo se desprende de sus ropas infantiles en los últimos episodios enfundándose al igual que su hermana en la ficción en unos pantalones que se me hacen, como dirían los yankis, inapropiados para un personaje de su edad.

Al contrario que el imaginario barrio de Santa Justa en el que transcurría Los serrano (lo hay en Sevilla, pero la serie era más madrileña que la Cibeles), Estoy Vivo está ambientado en Vallecas, sin embargo, nunca se menciona explícitamente Madrid, ocasionalmente la ciudad, y a la vez que no se hieren susceptibilidades se le da un marcado carácter popular y de barrio a la serie. Se aprovecha además para aportarle un curioso barniz futbolero, también en la línea de no ofender a nadie, aprovechando que el Rayo Vallecano es el equipo del barrio, un equipo simpático siempre rondando la primera división.

En fin, un montón de componentes comerciales que han dado muy buenos resultados en la tragicomedia costumbrista y familiar.

Vale de cháchara, ya voy llegando ¿y la ciencia-ficción? Pues quizá sea lo más desconcertante de la serie. Lo que empieza claramente como una historia fantástica, es decir, el ascenso de Vargas al cielo y su posterior resurrección, deriva en una investigación sobre El Carnicero llena de artefactos, fuentes de energía, ordenadores prodigiosos, hologramas, armas de rayos y como colofón, viajes en el tiempo, extraterrestres y saltos interdimensionales. Por si esto fuera poco, además de los elementos fantásticos que ya se nos presentaron en el primer capítulo con La pasarela, tenemos otros de carácter paranormal, como la emisora con la que Bea habla con los muertos.

A los guionistas se les ve muy perdidos, da la impresión de que ninguno tiene grandes conocimientos, o al menos un mínimo de cariño, hacia la ciencia-ficción, el fantástico o los fenómenos paranormales más allá de haber visto (también) Supernatural, porque la mezcla es despreocupada y poco rigurosa, y el revoltijo de tal calibre que funciona raro, al menos como historia del género, pero creo evidente que ese no era el objetivo del creador y los guionistas. Su intención real era volver a reeditar Los Serrano, con sus amoríos y enredos familiares, a ellos dedican la mayor parte del metraje de los larguísimos episodios.

La cuestión es que la fórmula parece funcionar, y por lo visto ya está programada la segunda temporada. Al menos, el final del último episodio dejaba todo encarrilado para una nueva misión de Marquez-Vargas y El enlace. Y una última escena que promete desencuentros y enredos sin fin.

Segunda temporada

La segunda temporada de Estoy Vivo abandona casi por completo la ciencia-ficción para centrarse en el aspecto fantástico, con historias de fantasmas, y la vuelta de El Carnicero. También se abandonan los amores adolescentes y en el aspecto romántico enredoso, siempre importante en las series con marca de la casa de la factoría Écija, se centra más en los triángulos amoroso Iago/Susana/Aranda y Márquez/Laura/Santos, con la complicación de que aparece Lola (Luz Valdenebro) la mujer de Márquez, que lógicamente añade un elemento perturbador al descubrirle vivo al cabo de los años. Además se forma nueva pareja entre Sebastián y María. El resto de los personajes de la primera temporada o bien desaparecen o quedan en muy segundo plano, como Bea, que se convierte en una figurante, y sus compañeros de instituto solo aparecen alguna vez y testimonialmente. Una revelación notable es que Iago descubre que ha tenido un pasado antes de ser enlace de la Pasarela, lo que le lleva a cuestionarse su papel dentro de la organización.

En la parte de la trama policiaca, creo francamente que está bien desarrollada, con el enfrentamiento con Mendieta, (Santi Pons) y su trama urbano/sobrenatural.

Lo que desluce la temporada es el final, se quiso que fuera espectacular pero le falla la coreografía, la planificación y hasta la justificación. Se supone que Márquez y El Enlace, con la ayuda de La Pasarela, organizan un grupo de contención, entre lo mundano y lo sobrenatural, con el que enfrentar a la pandilla de El Carnicero, pero no queda bien, parece impostada y forzada.

Tercera temporada

En un giro inesperado de los acontecimientos ¡a los cinco minutos las Vargas mueren en un accidente de tráfico! Pero no preocuparse, estamos en Estoy Vivo y son convenientemente resucitadas. Laura en la comisaria Verónica Ruiz (Aitana Sánchez-Gijón), Bea en Rebe (Irene Rojo) y sorprendentemente, Susana en... bien, eso se debe descubrir viendo la serie. Se podría pensar que fuera Susana quien se reencarnara en la comisaria, al cabo Laura, sin ser policía, sabe mucho del oficio, y podría llegar a haber colado como simple agente, pero lo de ser comisaria le viene muy grande al personaje, tanto que los guionistas se molestan en dar una explicación al respecto.

Todo ello como vehículo de una trama en la que se mezclan el enredo, las conspiraciones, la corrupción policial y de vuelta a la ciencia-ficción, una invasión extraterrestre.

También se redime a personajes como Santos, que ya ha dejado de beber, y el inspector Aranda, dejando atrás su rol de chulito insoportable (y además, se reconcilia con su mujer) Lógicamente, con lo largos que son los capítulos hay que meter nuevos personajes, tramas e hilos secundarios para rellenar. Así, Carlota (Laia Manzanares) es un enlace, como Iago, enviada a la Tierra con una misión ambigua y muy particular que acaba encontrando un nuevo sentido a su vida, Antuán (Hector Meres) es un narco con el que la comisaria Ruiz comparte un oscuro pasado, el inspector Adrián (Jan Cornet) es el nuevo compañero de Márquez, La inspectora Alicia Izquierdo (Lelé Guillén) de origen peruano (bueno, hay Guardias Civiles polacos... y marroquíes, ¡y hasta algún chino!), da el toque exótico y, a la vez, tiene su propia misión que la hace pasar de mera comparsa a protagonista principal.

Además hay revelaciones, muchas revelaciones, de hecho todas las revelaciones, pero gradualmente y a su debido tiempo.

En esta temporada los asuntos sentimentales, tan queridos por la factoría Écija, se limitan a la relación de Márquez con Verónica, Susana con Iago, y la crisis matrimonial entre Sebastián y María, unas como desencadentantes de los acontecimientos, y otras como consecuencia de ellos.

A mi esta temporada me ha parecido mejor que la segunda. Las tramas están mejor imbricadas, de hecho se las puede considerar como puntos de vista de la principal, el guión es más suelto y se recurre con mayor frecuencia al humor, apoyado en una notable ristra de palabrotas, que si bien malsonantes, hacen los diálogos muy naturales, para terminar con un final feliz y bastante cerrado.

No obstante, en las escenas finales se deja una puerta abierta para, como ha terminado por ser el caso, encarrilar la ya anunciada cuarta temporada.

© Luis del Barrio, (2.109 palabras) Créditos