Ver las cosas un poco a voleo te lleva a veces a lo que los antiguos
llamaban lecturas desordenadas, o por decirlo de una forma más castiza, empezar la casa por el tejado. De todo este universo Marvel/Netflix era precisamente Daredevil el super
que menos atractivo me parecía. Total, ¿qué de interesante puede tener un justiciero ciego? Esto por supuesto no es ciencia-ficción, ni siquiera fantasía. Es directamente mentira.
Pero bueno, después de ver Jessica Jones, Luke Cage e Iron Fist solo me quedaban esta serie y Defenders. Claro
, pensé igual si no ves Daredevil, Defenders se queda un poco coja
El razonamiento es bastante lógico, si en Defenders reunen a los cuantro supers
más cutres de Nueva York, lo normal es conocerlos a todos para que la historia no quede rara
. Pues en el caso que nos ocupa, no.
Estas cinco series tienen un orden de visionado concreto, hacer como yo, y verlas una tras otra sin tenerlo en cuenta, solo consigue encontrarse con situaciones desconcertantes, personajes a los que todo el mundo conoce (excepto tu), hechos pasados que se comentan como si fueran de dominio público (que lo son), miembros, y cuando digo miembros hablo de brazos y piernas, que aparecen y desaparecen (literalmente) sin explicación aparente, todo muy raro.
En Internet hay un montón de guías sobre el orden de visionado, si aún no has visto ninguna escribe en el buscador de turno orden de visionado de las series de Marvel Netflix
Ojo, porque algunas meten también a The Punisher (co-protagonista de la segunda temporada de Daredevil) e incluso todas las películas del universo Marvel. Eso ya es un poco excesivo.
Bien, la cuestión es que Daredevil no se llama Daredevil, es solo su nombre de guerra, obvio. Su verdadera identidad es la de Matt Murdock (Charlie Cox) un abogado ciego que se educó en un colegio católico de huérfanos en su barrio, la Cocina del Infierno, que viene a ser el Vallecas de Nueva York. Matt, y su convecino y compañero de universidad Franklin Foggy
Nelson (Elden Henson) montan un modesto bufete de abogados en el barrio, siendo su primer caso, un tanto casual, el despido y posteriores peripecias de Karen Page (Deborah Ann Woll), que acabará siendo su secretaria y recepcionista. Matt, que había sido entrenado en su juventud por el sensei, o algo así, Stick (Scott Glenn) ciego como él, es un radar viviente y pese a su ceguera, brinca como un saltimbanqui y en sus horas libres desface los entuertos que no tienen cabida en los tribunales.
Es gracias a eso que conoce a Karen y los líos en los que está metida, esencialmente haber cabreado a Wilson Fisk, aka Kingpin (Vincent D´Onofrio) un violento y riquísimo delincuente que tiene grandes planes para el barrio. En un principio ellos no saben que se oculta tras decenas de sociedades y empresas interpuestas, pero los fríos tentáculos de sus maldades los van a apretando poco a poco hasta que consiguen meterlo en la cárcel.
Eso pasa durante la primera temporada, en la segunda, Fisk se hace dueño del penal y sus turbios manejos siguen ensombreciendo la ciudad, aunque el argumento se centra en las cuitas de Frank Castle aka. The Punisher (Jon Bernthal) un antiguo militar retirado que busca la venganza por la muerte de su familia y La Mano, al frente de la cual está Madame Gao (Wai Ching Ho) que ya conocimos (o conoceremos) en Iron Fist. Además hace su aparición Elektra Natchios (Elodie Yung), una exnovia de Matt que casi le lleva por el mal camino. Por supuesto todo aderezado con un buen montón de tiros y patadas voladoras.
En tercera (y de momento última, creo) temporada, Fisk sale de la cárcel y mediante los sucios manejos ya comentados consigue extorsionar a varios agentes del FBI, entre ellos Rahul Ray
Nadeem (Jay Ali) y Lester Poindexter, aka Bullseye (Wilson Bethel) además de otros muchos que pondrá a su servicio para volver a dominar la ciudad y acabar con su archienemigo Daredevil.
La verdad es que la serie está bien. No deja de ser un empacho de patadas y puñetazos, pero el armazón argumental es consistente: los manejos de los que mueven los hilos
para que las cosas se hagan a su antojo y ante los cuales, ni la prensa, ni la policía ni los superhéroes pueden mucho a no ser que vayan más allá de lo que la legalidad y la prudencia aconsejan. Otra cuestión que se trata profusamente es la de los conflictos morales. Prácticamente ningún personaje está libre de arrastrar un oscuro pasado que le ha moldeado tal como es, y que dirige sus actos. De hecho los continuos flashbacks
dan consistencia a la construcción de los personajes y, si bien no les justifica (nada justifica un flashbacks
), si ayuda a entender porque son lo que son.
Otra cosa que resulta muy de agradecer es la gran labor de los actores. A Charlie Cox (pese a los brincos) y a la serie en general se la alabó por su aportación a que el público en general dejara de considerar la ceguera como una invalidez. Vincent D´Onofrio está enorme como iracundo contenido, Deborah Ann Woll borda su papel de obsesiva compulsiva destapadota de conspiraciones. Como todos los personajes tienen algo de excesivo, no deja de ser la adaptación de un cómic, los actores pueden expandirse a sus anchas y se nota en el resultado final.
Desde mi punto de vista, muy recomendable (a no ser que seas alérgico a las patadas voladoras).
