Los reps
, unos misteriosos extraterrestres, invaden la Tierra sin grandes problemas. Como preparación previa han creado una organización de quintacolumnistas, llamada eufemísticamente Autoridad de Transición, que han tenido buen cuidado en desmantelar desde dentro los cuerpos de seguridad y defensa de todos los estados. Para controlar a la población civil establecen una serie de colonias, llamadas Bloques, rodeadas de murallas más allá de las cuales está el caos, y en su interior la Zona Verde, donde medran los afectos al régimen. Disponen además de un ejército de colaboracionistas
, llamados popularmente los Gorras Rojas a los que se enfrenta a resistencia
.
Will Bowman (Josh Holloway) es un antiguo agente del FBI que llevaba tiempo oliéndose algo y, en vista de lo hechos, oculta su identidad por lo que le pudiera pasar, pero le cazan al intentar buscar a Charlie, uno de sus hijos desaparecido durante la invasión, y es obligado a convertirse en agente colaboracionista
. Lo que no sabe es que su mujer Katie (Sarah Wayne Callies) pertenece a la resistencia
. La primera temporada transcurre con Will intentando capturar al más importante grupo disidente
del bloque de Los Ángeles, siempre con la promesa de que su hijo le será devuelto. Entre tanto Katie efectúa labores de espionaje, comunicando a los jefes de su célula las confidencias de su marido.
Esta primera temporada funciona bastante bien porque, aparte de la invasión extraterrestre, se cometen pocos excesos narrativos. El ritmo está bien medido, el suspense no se hace agobiante, y los personajes se guían de un modo bastante racional
, para lo que supone la situación. Como representante máximo de los invasores en el bloque tentemos al proxy (literalmente, apoderado) Snyder (Peter Jacobson), un tipo apocado y en apariencia insignificante, pero que en realidad se destapa como un conspirador y manipulador sin escrúpulos. Su contraparte en la resistance
es Alexander Quayle (Paul Guilfoyle, el sarcástico detective Brass de CSI Las Vegas), que casi le gana en desprecio a la ética y la moral. Otro personaje destacado es Eric Broussard (Tory Kittles), antiguo amigo de los Bowman y ex marine (o algo así) infiltrado en los Gorras Rojas, que no deja de ser un lobo solitario que prefiere ir de por libre.
Además tenemos a Bram (Alex Neustaedter), Grace (Isabella Crovetti-Cramp) y Charlie (Jacob Buster) los hijos de los Bowman que ejercerán su papel de niños de película, esto es, pese a todas las recomendaciones, advertencias y consejos, harán lo que les de la gana, metiéndose en todos los líos imaginables y obligando a sus padres a pasar por penalidades y trabajos absurdos para salvarles el pellejo.
Argumentalmente, la segunda temporada flojea y se sostiene solo en la incompetencia de la Autoridad. Aquí se puede aplicar la expresión eres más lento que el caballo del malo
para describir toda la sucesión de meteduras de pata que los Gorras Rojas y sus jefes cometen y que, por supuesto, permiten a la resistencia campar a sus anchas. Desde cordones policiales ridículos, a dejar sin vigilancia o escolta lugares y gentes de una importancia extrema, los despropósitos se suceden casi sin solución de continuidad.
Hay una situación en concreto que me enervó. Tras una serie de errores
Snyder es degradado
a dirigir un campo de trabajo donde, a causa de su mala cabeza, es internado Bram, que tras ganarse la confianza de Snyder, le traiciona y roba la tarjeta necesaria para acceder a un almacén donde se guarda una mercancía vital para los reps. Al almacén se accede pasando por varios patios y pasillos cuyas puertas se abren con la misma tarjeta especial. Bien ¿Quién estaba vigilando tan preciada carga? ¡¡¡Nadie!!! Los conspiradores entran hasta la cocina como quien entra y sale de un supermercado.
Este es solo una de las causas de porqué Colony empieza a hacer aguas, la falta de credibilidad de la propuesta. Además está la deriva de Will Bowman y señora.
Yo ya estoy un poco harto de este tipo de personajes que hacen siempre lo que les da la gana cuando les da la gana. Se les dibuja con un alto sentido de la ética y la moralidad, pero son indisciplinados, arrogantes, egoístas, y además suertudos. Pondrán en peligro toda la organización para la que trabajan con tal de lograr sus más bien mezquinos propósitos, de hecho, no es raro que líen a sus jefes para que les proporcionen equipos de especialistas altamente entrenados que serán sacrificados con tal de rescatar al niño zangolotino de turno, pero a ellos nunca les salpicarán las consecuencias, y seguirán medrando. Son extremadamente familiares, pero si pueden meter a su familia en un pozo de horror, lo harán. Su lema es hacer lo correcto
, aunque lo correcto
se lleve por delante a un buen número de buenos profesionales.
Pues bien, Will y Katie Bowman son de estos. Su Destino Trascendente está por encima de cualquier otra consideración, y la mayor parte de los problemas en los que se meten son causados por su impulsividad e irreflexión. Esto se hace tan evidente, que los guionistas tuvieron el buen juicio de crearles un buen conflicto existencial en la tercera temporada porque, de lo contrario, la cosa hubiera degenerado en esperpento. Con todo, los Bowman siguen siendo cabezones, indisciplinados, arrogantes y egoístas. A mi acabaron por caerme muy antipáticos.
Otro de los problemas de la serie es que si bien en la primera temporada parecían ir por buen camino, no termina de concretar la atmósfera opresiva que debería ser su marca de fábrica. La omnipresencia de los Gorras Rojas en las dos primeras temporadas, y la discreta y grisacea uniformidad de los colaboracionistas están a punto de conseguirlo, la arrogante actitud de los Bowman (padres e hijos) lo echa por tierra, sus constantes imprudencias y faltas de tino les convierten en más peligrosos para los que les rodean que para los propios invasores.
Afortunadamente el proxy Snyder es de esos malos
que cada vez que aparece es señal de buenas noticias para el espectador. Algo interesante va a ocurrir y probablemente los buenos
van a pasarlo muy mal.
No digo que la serie sea mala, se deja ver, pero tiene algunos problemas serios con la actitud de varios de sus protagonistas que acaban por hacerse cargantes.
Una curiosidad es que, por cuestiones financieras, el rodaje de la tercera temporada se trasladó de Los Ángeles a Vancouver. Esto significó que los guionistas tuvieron que adaptarse a la nueva realidad de los escenarios, y eso afectó a las audiencias, lo que llevó a USA Network, la productora, a cancelar la serie al finalizar esa temporada. Una lástima porque durante esta última temporada se daba la explicación definitiva de porqué había sido invadida la Tierra, y se habían introducido nuevos elementos, más allá de la relación entre invasores e invadidos, que prometían darle un giro muy interesante a la serie.
