Los 100 está basada en la serie de novelas homónimas escrita por Kass Morgan. A medio camino entre el drama/romance adolescente, la ciencia-ficción apocalíptica de toda la vida y la fantasía heroica, creo que su éxito radica precisamente en dar a los adolescentes
gran parte de lo que demandan: el protagonismo casi exclusivo y una ración adelgazada
de Juego de tronos. Los que preferimos la parte de la ciencia-ficción apocalíptica también tenemos nuestra ración de soma
, bastante disfrutable si no nos ponemos dramáticos con los arrebatos juveniles ni las incongruencias del espadazo y tentetieso.
La premisa de Los 100 es que la Tierra ha quedado completamente arrasada por una catástrofe nuclear, y la superficie ha quedado inhabitable. Por fortuna, unos cuantos afortunados escapan y consiguen sobrevivir de forma precaria durante casi cien años en El Arca, una gran estación espacial en órbita. Siendo un sistema cerrado, las condiciones son cada vez más duras, los recursos se agotan, las faltas graves se castigan directamente con la muerte, y absolutamente todo está orientado a la pura supervivencia.
Pasan los años y la estación va a peor. Se hace imperioso comprobar si la Tierra es de nuevo habitable, y para ello no se tiene mejor idea que enviar a un grupo de cien delincuentes
juveniles (el pecado de algunos es, simplemente, existir) en un transbordador para que comprueben las condiciones de la superficie. Si sobreviven y las condiciones son buenas, el resto les seguirá en breve.
Por supuesto, todo lo que puede salir mal, sale mal. El aterrizaje es un desastre, pero la cosa se complica porque los egos de todos y cada uno de los Cien exploradores son cualquier cosa menos fáciles, y nada más pisar tierra empiezan a formarse bandos y bandas comandadas, para variar, por los más psicópatas. Por si eso fuera poco, la Tierra no es tan venenosa como se pensaban en El Arca, y la población autóctona, mal que bien, ha ido medrando a base de mucha fiereza y mucha eugenesia, organizada en doce tribus, al menos en el área del antiguo Nueva York, donde suceden los hechos. Además quedan otros supervivientes aislados en el subsuelo y ciertas monstruosidades que vagan a su aire y le dan sabor
a la serie.
El caso es que como la vida en la Tierra es más que viable, los habitantes de El Arca la abandonan bajando a la Tierra fundando Arkadia y conformándose en lo que será el décimo tercer clan, el Pueblo del Cielo. Eso no sienta bien a los tribus que harán lo posible por destruirlos aunque al final, acaban por aceptarlos de mala gana y más bien a causa de la superioridad tecnológica de los nuevos
.
En la primera temporada se muestra el choque cultural
de los Cien con los terrestres
, con las obvias diferencias de mentalidad y tecnología, pero si los terrestres creían que su conocimiento del medio les daba ventaja sobre los espaciales, no sabían que estos, a su vez, son supervivientes natos. Los enfrentamientos son brutales y no es raro que acaben en masacre. No conviene tomar cariño a ningún personaje.
Terminada esta primera temporada y estabilizados, más o menos, ambos bandos, establecidas alianzas y trasvases de personal, asumido por parte de unos que El pueblo del cielo ha venido para quedarse y de los otros que mejor adaptarse a la cultura local, la cosa empieza a tomar otros derroteros.
En la segunda temporada se cuenta como los Cien se enfrentan a los habitantes del Monte Weather. Protegidos en el interior de un bunker han conservado
la antigua civilización, y a la vez evolucionado de una manera muy distinta a los terrestres. El choque entre unos y otros tampoco es bonito de ver.
En la tercera los Cien, ya muy mermados, de hecho el protagonismo se lo llevan desde hace tiempo apenas seis de ellos, se encuentran con los restos de la tecnología que destruyó el mundo, y que por esas cosas de los automatismos, sigue en sus trece intentando exterminar a la humanidad.
En la cuarta, otro cataclismo en forma de colapso de las centrales nucleares amenaza con arrasar de nuevo la Tierra, volatilizando, literalmente, cualquier rastro de vida, todo ello enmarcado en una formidable y bastante salvaje lucha de poder entre los clanes.
En el último episodio de la cuarta temporada se ponen los cimientos de la quinta: unos visitantes del espacio exterior, no necesariamente alienígenas, llegan a la Tierra dando la impresión de que la cosa se va a poner divertida.
Todo esto aderezado con múltiples subtramas, espadazos, tiros, conspiraciones, traiciones y amoríos de todo pelaje. Quizá una de las virtudes de la serie es que es capaz de plantear un contexto creíble, dentro de lo que cabe, a cada uno de los hilos principales de las temporadas. No hay ni buenos ni malos, los personajes evolucionan y las circunstancias los acaban esculpiendo progresivamente, algunos con más acierto que a otros. No solo hay espadazo y tentetieso, también política y diplomacia, líderes que de cuando en cuando consideran que si hay que ir a matarse, se va, si bien matarse por nada... Aunque las ambiciones personales empujan a muchos de ellos, no es menos cierto que también se cultiva el espíritu de grupo, pero siempre en la línea de como he leído hace poco en el Sitio Yo contra mis hermanos. Yo y mis hermanos contra mis primos. Yo, mis hermanos y mis primos contra el mundo
.
La principal protagonista es Clarke Griffin (Eliza Taylor) que acaba, contra su voluntad, como controvertida y cuestionadísima lideresa de los ya trece clanes. La secunda Bellamy Blake (Bob Morley) que en un principio parecía que iba para malo
de la serie pero que acaba convertido en su fiel lugarteniente. No hay tensión sexual entre ellos, simplemente Clarke es lesbiana. Igualmente importante dentro de la jerarquía son Thelonious Jaha (Isaiah Washington), Marcus Kane (Henry Ian Cusick) y Abigail Griffin (Paige Turco), esta última madre de Clarke, que han ejercido férreamente el poder en El Arca, han mantenido el mismo, en ocasiones de forma precaria, entre el Pueblo del cielo, y han sabido adaptarse a su vida en la Tierra encargándose de la política y diplomacia de Arkadia ante las doce tribus. Otros espaciales relevantes son Jasper Jordan (Devon Bostick) y Monty Green (Christopher Larkin), inadaptados de vocación aunque el segundo acaba por encontrar su sitio en la vida, Raven Reyes (Lindsey Morgan), mecánica y aventurera, Octavia Blake (Marie Avgeropoulos) hermana de Bellamy y guerrera vocacional, o John Murphy (Richard Harmon), psicópata y perverso. En la parte de los terrestres, aunque con menos continuidad porque tienen como deporte nacional matarse entre ellos están Lexa (Alycia Debnam-Carey), comandante de las doce tribus que se enamorisca de Clarke. Lincoln (Ricky Whittle) guerrero desterrado que en un principio echa una mano a los Cien y tiene un apasionado asuntillo con Octavia, Indra (Adina Porter) lugarteniente de Lexa con muy mala leche, o Roan (Zach McGowan), rey de La nación del hielo, gran estadista pero siempre luchando por mantener la corona.
No tengo ni idea de si la adaptación es fiel o no a las novelas, pero creo que no le hace falta. Tiene personalidad propia, con un componente dramático muy alto y casi sin concesiones a la galería, aunque ya sabemos de que concesiones hablamos, si hace falta degollar, se degolla, pero nada de enseñar más carne que la estrictamente necesaria, ni siquiera cuando las armaduras se ciñen más allá de lo funcional. Eso si, como concesión a la galería una cuantas parejas homosexuales, que se vea que son modernos.
Actualizando: quinta temporada
Recordemos que el final de la cuarta temporada aparecía una nave aterrizando ante la aterrada mirada de una Clarke desconcertada. Esta quinta comienza describiendo como Clarke sobrevive al colapso de las centrales nucleares, como localiza la única isla de vida que queda en la Tierra, como encuentra a Madi (Lola Flanery), otra sangre nocturna
(esta vez natural
, potencial candidata a Comandante) y como descubre malamente que los recién llegados forman parte de una expedición minera de la Eligius Mining Company compuesta por reclusos condenados a trabajos forzados, por supuesto todos ellos malísimos e implacables, empezando por su jefa, la coronel Diyoza (Ivana Milicevic).
Por otro lado, recordemos que los clanes se habían refugiado, previo sacrificio de los miembros sobrantes
, en un bunker antes del colapso nuclear. Las condiciones son extremas (los recursos son limitados, se estropean cosas, la gente no es sociable, etc.), lo que lleva a Octavia a convertirse en una bicha con pintas para garantizar la supervivencia, reunificando los clanes en uno nuevo: Wonkru.
No más Trikru, no más Azgueda, no más Pueblo del Cielo. Solo Wonkru.
Y no nos olvidemos de Bellamy, Raven, Murphy, Eco, Emori y la muy intranscendente Harper (Chelsey Reist), que habían abandonado la Tierra en el último segundo destino, de nuevo, al Arca y logran regresar, oportunamente, en un peligroso viaje tras seis años alimentándose con algas verdes (la cosa esa verde que aparece en el agua estancada expuesta a la luz).
Tras varias peripecias Clarke consigue que los mineros, en realidad movidos por su propio interés, abran el bunker y Octavia y los suyos vuelven a la luz. El lío está servido, los unos y los otros pugnarán por la isla de verdor y las barbaridades se sucederán sin pausa.
En realidad se trata de una variación del esquema de las anteriores temporadas: hay una gente asentada y con sus rutinas (no tienen porque ser plácidas) y llegan unos aliens
que pugnan con ellos por los recursos existentes. Todo ello genera sangre y más sangre hasta que los supervivientes de ambos bandos llegan a un frágil acuerdo y, más o menos, se asocian
.
En esta temporada hay personajes que se asientan definitivamente en el elenco principal, como Eco, (Tasya Teles) antigua lugarteniente de Roan, ennoviada con Bellamy y reconvertida en una Cien honoraria, o Emori (Luisa d´Oliveira) mutante que mantiene una tormentosa relación con Murphy y también Cien honoraria. Bastantes secundarios terminan de hacerse recurrentes como, Gaia (Tati Gabrielle), hija de Indra y lo más parecido a una figura religiosa que hay, al mantener vivo el culto a las Comandantes, o Niylah (Jessica Harmon) antigua novieta de Clarke y ahora conspiradora ocasional. También se introducen personajes nuevos, aunque no se sabe si tendrán relevancia en futuras temporadas. En ambos extremos del ring: Kara Cooper (Kyra Zagorsky) ingeniera rebelde que acaba siendo perrunamente fiel a Octavia, o Brell (Barbara Beall), seguidora de Gaia y el culto a las Comandantes, y líder visible de la (tímida) oposición a Octavia. Por parte de los mineros se introduce a Shaw, (Jordan Bolger) piloto de la nave al que se le dividen las lealtades en cuanto conoce a Raven.
En cualquier caso, ya sabes, no hay que encariñarse con ningún personaje. Son todos perfectamente prescindibles (de hecho, más de uno se cae en esta temporada) Una buena forma de mantener el presupuesto a raya: ¿Cómo? ¿Qué te suba el sueldo? El caso es que en el próximo episodio hay una escena en la que alguien es acuchillado cuarenta y dos veces, quemado con ácido y pulverizado con una picadora de carne, pero todavía no sabemos quien va a ser...
.
Una cuestión desconcertante es que hasta ahora las lealtades y moralidad de unos y otros estaban más o menos claras, pero en esta quinta temporada de Los 100 no se sabe muy bien de que van los presuntos buenos
. La cantidad y calidad de puñaladas traperas que se dan entre si es tal, que no resulta para nada creíble que finalmente acaben siendo amiguitos de nuevo.
Los únicos coherentes son los malos
, para el caso, Octavia, convertida en Bloodreina (si, así, en un chocante spanglish), una sanguinaria psicópata a la que no parará nada con tal de garantizar la supervivencia de los habitantes del bunker (a los que no degolla, acuchilla o descerraja un tiro en la frente, claro). Por otro, McCreary (William Miller), leal a sus mineros (si no le cabrean) e implacable con todo enemigo o aliado desechable. Ah, y por supuesto Murphy, que sigue yendo a su aire y que cada vez que hace o dice algo la lía parda.
En este aspecto los guionistas, a base de querer dar tantas vueltas a las tuercas, han acabado por conseguir que los personajes tengan reacciones absurdas, en demasiadas ocasiones, pasan de mostrarse mezquinos y egoístas al modo grandes sacrificios
sin solución de continuidad, llegando al despropósito en muchas ocasiones.
En resumen, aunque no se ofrece nada nuevo, excepto el final (otra vuelta de tuerca, y van), y muchas de las actitudes de los personajes no tienen ni pies ni cabeza, la quinta temporada ha mantenido el ritmo y el espíritu de la serie. The CW ha asegurado que habrá sexta temporada, y si sigue en su línea, será todavía más bestia y sádica que lo visto hasta ahora. Al menos el escenario al que se enfrentarán los cuatro de los 100 que quedan (más los 400 miembros supervivientes de la raza humana), así lo hace pensar, aunque sospecho que volverán a contarnos una nueva variación de lo visto hasta ahora.
Actualizando: sexta y séptima temporadas
Al fin hemos asistido al término de las aventuras de Clarke y sus amigos caídos del cielo y, francamente, ha estado entre lo decepcionante y la tomadura de pelo.
En la sexta temporada asistimos como los restos de la humanidad llegaban tras su singladura centenaria a bordo de la Eligius a Sanctum, un planeta habitable y habitado que despertó grandes expectativas.
Los restos de la humanidad eran, recordemóslo, Wonkru, que aglutinaba a su vez a los restos de las ocho tribus (si contamos Skaikru) bajo el mando de Madi, la nueva comandante, y los convictos supervivientes de la Eligius. Con esos mimbres había que reconstruir la humanidad, y Sanctum parecía un buen sitio, así que Clarke y la pandilla, tras su largo sueño criogénico, aterrizan en el planeta y descubren que hay nativos. La sorpresa es que éstos nativos son tan humanos como ellos y que se han adaptado muy bien a las particularidades del planeta, además de otra serie de cuestiones más o menos éticas, como una extraña religión, y sus correspondientes marginados que traerán de cabeza a unos y otros.
Por supuesto los conflictos están a la orden del día y entre degollinas más o menos sangrientas va pasando el rato hasta que Clarke y los suyos parecen hacerse con la situación, pero aparece una extraña singularidad que atrae y escupe gente con bastante desenvoltura además de unas cuantas apariciones cuasi fantasmales que rematan el final de esta temporada en un agradable
sobresalto. Y ya sabemos como de agradables
son los sobresaltos de Los 100.
La verdad es que esa sexta temporada fue bastante más floja que las anteriores. Ya la quinta, había reseteado el ciclo que los 100 habían iniciado alterando la plácida
vida en la Tierra, y la sexta hace exactamente lo mismo pero trasladando la acción a Sanctum y convirtiendo a la tripulación reconstituida de la Eligius en el elemento distorsionador, relatándolo esta vez desde su punto de vista.
La séptima temporada no hace más que continuar la sexta. La farsa religiosa ha sido destapada, Madi rescatada, y todo parece ir sobre ruedas excepto por la asombrosa desaparición de Octavia, el inquietante secuestro de Bellamy por parte de un ente invisible, el salto de Echo y el doctor Gabriel Santiago (Chuku Modu) a través de la singularidad hasta un planeta donde encuentran a Hope (Shelby Flannery), la hija de Diyoza. Por lo demás, en Sanctum todo parece ir bien, con las tensiones habituales entre gente que estaba matándose antes de ayer, de no ser porque Sheidheda, (ahora encarnado en/por JR Bourne) el malvado comandante que había poseido
a Madi, y que vuelve para sembrar el caos.
Además, van a tener un asombroso encuentro más allá del tiempo con alguien que les ha condicionado la existencia desde mucho antes que El Arca estuviera en órbita.
Lo desconcertante es que finalmente todo acaba, además de varios baño de sangre, como es marca de la casa, entre un maremagnum bastante pastoso de mística y pseudoreligión, por otro lado sin el menor sentido excepto por los delirios de unos y otros.
Se me hacia que Los 100, tras seis temporadas salvajes y sin tregua debía terminar con algo sólido, consistente, no se, una formidable batalla final con el exterminio de los malos
entre horribles sufrimientos y la promesa para los supervivientes de una vida plácida y tranquila hasta que una neumonía se los lleve con noventa años.
Pero no. Si bien por un lado se dan respuestas a todas las preguntas planteadas desde que se inició la serie, y afectivamente hay un amago de batalla, queda la frustración de que todas las aventuras de Clarke y los suyos han sido en vano. Ni sus sufrimientos, ni sus sacrificios han servido absolutamente para nada. Un episodio final con mucha palabrería, un montón de lugares comunes y cuatro pases mágicos, y todo solucionado
.
Francamente, un colofón muy pobre para una aventura que merecía mucho, muchísimo más.
