LOBBO, EL ÚLTIMO ZSARNIANO
Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Quiero en ocasiones distanciarme del Imperio Decadente, pero tengo deudas con diversos relatos, que una vez solucionados en mi mente se alejaron de su plasmación literaria al extraviarse el estímulo propulsor, por eso en esta ocasión retorno a uno abandonado hace ya cinco lustros, que parece recuperar un personaje asombroso que apareció por primera vez en Omega Men # 3 (junio de 1983), nacido en el planeta utópico de Czarnia, quien se afana en su oficio de mercenario y cazarrecompensas interestelar, para luego terminar aparcando en una empresa tan pacata como DC. Avíso que coincidiendo en apariencia en el nombre, no se relacionan, el Lobbo que presento es un combatiente contra el Imperio y capaz de los sacrificios más excelsos, a diferencia del personaje de comic.

Introducción de Blocmar, el historiador de Rastreadores Arqueoetnográficos

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Lo vi venir hacia la mesa desde lejos, el lugar que escogió para citarme tenía varias características inusuales, era la emergencia de un batolito negro en plena megavilla, pulida y nivelada al extremo de semejar un cristal oscura que se tragaba percepciones o figuras; en torno a la cual se habían además desactivado las señales electromagnéticas y similares, por lo cual sólo se podía transitar caminando o en artefactos sin motores impulsados con los pies, un enorme domo celeste fijado en las torres aledañas lo cubría aislándolo de polvo o inclemencias espontáneas o transitorias programadas por la MCT (Mente Climática Transtemporal) del conglomerado urbano en Ceralde, capital de Amikalbay, famoso por sus franjas blancas y sus explotaciones mineras.

Avanzaba oscilando entre un bamboleo con destino (por lo cual parecía detenerse a cada instante) y un tambaleo vibrante empero acotado (que le proporcionaba determinación y ruta), desplazamiento característico de quienes han perdido el 65-70 de su masa cerebral reemplazada por neuroblastos y pseudo cadenas neuronales; su cabeza se proyectaba cual proa de embarcación cruzando fluidos otorgando a su tendencia a la inclinación cierta dignidad. Supe que era alguien a tener en cuenta y que podía aclarar datos opacos o pulir anécdotas confusas. Lo seguro era que el acierto del pálpito para elegirlo entre montones de expedientes ni rozaba la opulencia que luego nos proporcionaría.

Nuestra mesa de jugos (aprovisionada con frutas tropicales de una quincena de planetas y varias decenas de frutos del bosque de otra decena más) va concentrando y depurando la relación gozosa o atrayente que mostramos ante sus imágenes, colores y olores, así que cuando crees que seleccionas y aparecen los líquidos en tu sorbetera en realidad fuiste suave y hasta con sutileza llevado a tu vaso por tus pulsiones inconscientes, dejarse llevar es así un placer sorpresivo agregado, los sabores se sucederán, se mezclarán, lanzarán señales que se incorporarán el flujo de información, corrientes analíticas y procesos de síntesis que efectuamos en nuestra conversación y podríamos decir que hasta los saborizan y consolidan una experiencia quizás inolvidable, requiere como es obvio de un lapso de adaptación,.

Meggrixto (también MegaCristo) era habitual de la sorbetería Mimos: Efluvios Intrépidos Vertidos con Dilección y entusiasta difusor de sus maravillas. Su reconstrucción físico-fisiológica no rebasó limitaciones claves: no se intervino en los códigos referidos a las secuencias del ADN, pero si abrieron diversas rutas de modificación de mecanismos epigenéticos y una de sus recomendaciones estaba referida al consumo de una dieta rica en vitaminas, antioxidantes y minerales, justo la proporcionada por la sorbetería.

Nuestro equipo de Rastreadores Arqueoetnográficos suponía la existencia de diversos y numerosos subequipos: biografías, acontecimientos, secretos expuestos, decodificaciones, cirugía de datos, hojaldres vitales turbios, extracción de legendarios, reconstrucciones descontaminantes, etc.

Cada una con sus propios instrumentos (multitud eran comunes, pero con su agregado específico), la faena correspondiente surge obvia en los nombres de la mayoría de las secciones, pero Secretos Expuestos no se refiere por ejemplo a maniobras militares desclasificadas sino a rastreos de elementos conformantes de campañas propagandísticas que fracasaron, o que Hojaldres Turbios alude a esos acumulados que bajo la misma denominación atravesaron coyunturas con significados diferentes y se requiere un bisturí analítico que separe las capas... y una salvedad Reconstrucciones Descontaminantes no intenta desmontar los errores de campañas que alcanzaron mucha fama a pesar de sus magros resultados, sino rescatar momentos de mucha emoción, de esos que entregan la plataforma para crear una obra de arte.

Pertenezco a Extracción de Legendarios, seguimos las huellas indirectas de personajes que influyeron decididos y eficaces en el despliegue de los sucesos, tanto como para ser recordados pero no para elaborar una ficha perdurable, reparamos esa ausencia y con entrevistas nos acercamos a fuentes casi primarias... hasta con-seguir el olor a carne humana como dice en nuestro lema. En este caso, Megacristo nos permitiría con su testimonio incorporar un segmento de historia ahora nebulosa pero que tras las conversaciones y su dinámica de preguntas, recuerdos, fusión de metadatos y anécdotas, y otros mecanismos sería de meridiana claridad.

Investigación puntual sobre el Proyecto de origen

Las decisiones del Imperio afectaban a trillones, sacudían los cimientos de decenas de miles de sociedades, enterraban lo que en ese momento parecía superfluo y empujaban a la emergencia ciertos factores, pautas y algoritmos, que conformaban lo identificable de ese momento tras los cataclismos, otorgar autonomía a la Inteligencia Artificial fue durante largos periplos la excusa para defender al sistema imperial que quedaba eximido de sus responsabilidades por la rapidez, la eficacia y la obsolescencia, el poder se condenó a surcar cada vez más veloz la ola de la realidad creando una temporalidad que se definía para pocos segundos, evanescente, sostenida en acciones y capacidades efímeras, se decía que era tal la masa de acontecimientos que no importaba su orientación o valor eran subsumibles unos con otros tendiendo a la desaparición, por eso al inicio no prestaron atención a las rebeliones, que se suponían no provocarían cambio alguno, excepto por un instante que ni quedaba registrado las pilas de cadáveres, las pavesas de lo que fueron planetas y huellas de flujos energéticos oscilando en los lugares donde ocurrieron batallas.

Una de esas decisiones fue la de producir Guerreros Invencibles, por cascadas de métodos, desde los de clonación (la historia los marcaba ya que siempre tendían a desplazarse en dirección contraria al original) hasta la eclosión de ejemplares maduros desde las pozas de gestación y crecimiento (que demostraron estar más interesados en acumular experiencia que en plasmar las tácticas bélicas que llevaban impresas en sus circunvoluciones cerebrales) pasando por fábricas de monstruos, talleres de Frankenseres, reconstrucción de cuerpos, fusión de especies o zombificación, u otras modalidades basadas en el sufrimiento, la pérdida y la irrisión permanente.

Su error más grave: prohibir las migraciones, cerrar los flujos, querer controlar los recuerdos y organizarlos de manera favorable al poder imperial sin percatarse —se encontraban demasiado obnubilados por la deriva de la situación— que las sociedades llevan a cabo un trabajo de limpieza y selección mucho mejor difuminando lo viejo acontecido y concediendo almacenamiento transitorio a los nuevos conocimientos y sensaciones, quedando presentes sólo aquellos que poseen un significado de orientación y ese es una labor de muchas mentes tejiendo con espontaneidad y gracia una historia inclusiva que supera cualquier voluntad imperial.

Historia de Lobbo

Marena, en ese batiburrillo de dunas que se encaraman unas sobre otras, mezclando gravilla y esquirlas de roca, cantos rodados y arenisca, feldespatos y silicatos, cuarzo y caliza, capas de óxidos y sales, billones de partículas esféricas o laminares, en ese árido continente del planeta Granulom crecí, y como todos creí que por ser un lugar tan inhóspito nadie nos miraría y contabilizaría, pero la guerra es una hoguera incesante donde se calcinan millones de vidas cada día y las empresas reclutadoras deben arrojar material que reemplace al sacrificado y diseñaron un plan para extraer seres d ese refugio que nos envolvía.

Un tema permanente de debate en nuestras fiestas, convenciones y saraos era la historia de Granulom, ya que con frecuencia mientras perforábamos para extraer agua, casi siempre salobre, tropezabamos con restos muy diversos que nos hablaban de quienes nos antecedieron: muebles y juguetes, fragmentos de maquinarias y adornos, bisutería y basuras varias; asimismo y era inquietante: restos de aparatos indescifrables, retorcidos tirabuzones irreconocibles cuyas siluetas no aparecían en listado alguno de las bases de datos, así que por lo menos dos asentamientos trajinaron y se fatigaron en las colidunas de nuestro entorno, uno humanoide, el otro incógnito, y cuya distribución obligaba a especular incrementando el misterio porque se rodeaban con trescientos clics de arenas muy finas que funcionaban como un gel ya que las ráfagas de viento no levantaban polvo al pasar sobre su superficie.

La relativa tranquilidad de que gozábamos se interrumpió una mañana cualquiera, una flota completa de reclutadores descendió de las bionaves y durante un período que significó una ruptura profunda para Granulom se dedicaron a recolectar al grupo etario en el rango entre 16 y 24 ciclos orbitales, de sus tres continentes, éramos una cosecha abundante. La tristeza se abatió golpeando a las comunidades, sabían que la probabilidad de volvernos a encontrar —entre los que partían y los que permanecían— tendía a cero, los mermares abandonamos el hogar y tras surcar las rutas estelares terminaríamos donde el azar lo dispusiera, Y así fue, nos distribuyeron y un porcentaje insignificante de dúos o tríos mantuvimos la cercanía durante la intensa preparación para las batallas. Luego, hasta esa categoría de agrupamiento se desvaneció bajo el impacto de los episodios bélicos.

Sucesivos fracasos llevaron a la plana mayor a la reflexión, como resultado decidió organizar vivioasambleas de evaluación para catarsis y modelamiento continuo de las tropas, destinadas a fortalecer los reagrupamientos castrenses. Los puntajes que me asignaron en Rendimiento y Cumplimiento se fundieron en un algoritmo que correspondió a una condición la cual implicaba ser destinado a una experiencia crucial que me transformaría.

Usando mi estructura corporal básica, fui masticado, digerido y vomitado; potenciado y optimizado: músculos supernumerarios, cambio de elementos por otros, inserción de minifábricas químicas que generaban venenos, tinturas, fluidos, lipoproteinas, y menjurjes a los que era inmune pero que liquidaban a quien le alcanzaran; microafactorías para producir y disparar dardos, púas, bombas y misiles a través de los poros, las pupilas y los dedos y hasta crecimiento de órganos, miembros y segmentos perdidos por heridas.

Al igual que otros millones me destinaron a una fuerza especial que sofocaría rebeliones civiles, miles y miles transitamos por igual paradoja, suponíamos que el Imperio se enfrentaba a una oposición quizás justificada pero nunca que se nos usaría para enfrentar a una población, en la práctica, inerme.

Coincidieron los errores motivados por el deseo de venganza del cetro imperial que deseaba ser amado y las historias cruzadas de quienes fuimos sometidos a indignidades y laceraciones en nuestros cuerpos que no perdonaríamos, el tiempo transcurrido para rebelarnos contra los amos sería corto, requería organización y determinación, la segunda abundaba, la primera se conseguiría y para seducirnos y engañarnos nos regalaron el planeta Nivolutta, donde acumulamos armas, fortalecimos capacidades, desde el cual cumplimos misiones con la saña solicitada... y el odio crecía en neuronas y corazones mientras nos volvíamos famosos. Nos llamaron Alcaudones, nos denominaron Alecrines... nos motejaron Asesinos y la tirantez se consolidaba y estiraba, la espaciored vibraba de rumores que surcaban y engendraban resquemores y esperanzas.

El Comando Supremo emitió órdenes de reunir naves y tropas de la fuerza especial en su cuartel general y nos apresuramos a cumplirla ya que aprovecharíamos la ocasión para romper relaciones y rebelarnos contra el Imperio. El azar intervino y trazó una línea tangente para mi con un accidente acaecido justo cuando partíamos, quedé solo en un esquife frente a una de las tres lunas que circundaban el planeta que visitábamos. Los campos de fuerza reiniciarían la secuencia de energía a control remoto que recrearía la burbuja que me transportaría a Nivolutta... y si, llegué a tiempo para observar lo sucedido.

En el centro de Nivolutta yacía una hiperbomba capaz de desintegrarlo, tras el estallido los restos pulverizados se dispersaron a la manera de una esfera cuya piel se adelgazaba a medida que se alejaba de la explosión. Atravesado de odio y dolor fui recogido, inmovilizado y entregado sumido en un duermevela narcotizado al equipo técnico-médico que me convertiría en un ser inofensivo.

Hacia el día de la rebelión (con datos de lo que ocurría a la gente)

No se cuanto tiempo transcurrió, una mañana cualquiera me encontré consciente mirando por una ventana en el planeta Phourion, famoso por su apacibilidad, en contradicción con el significado de su nombre, que en un idioma antiguo se reseña como Fortaleza Militar. El planeta elegido para mi custodia se encontraba al centro de una zona dominada por las flotas imperiales y no sólo era tranquilo sino que no mostraba registros de violencia social.

Las paredes desnudas y una tarima en el centro de la habitación apenas hollada indicaba que me dejaron dormido. Salté a través del antepecho y aterricé con una maroma sobre la hierba, la brusca irrupción en el jardín provocó la respuesta conturbada de los centinelas que me vigilaban y así establecí la auténtica ilación con esa jauría y sus congruencias. Para establecer las pautas y tendencias no tomaron en cuenta el Efecto Mariposa, y ese simple salto trituró y desmenuzó el cuidadoso andamiaje articulado en torno a las respuestas esperadas por los vigías y las preguntas del vigilado. Una vez quebrantado no había manera de volver a armarlo.

A partir de esa acometida los protocolos establecidos sin mi opinión quedaron vacíos de contenido y pronto comprobé que los celadores, camareros y asistentes sonreían con frecuencia aunque tardaron en conversar conmigo. Con el aparato digestivo extirpado me alimentaba a través de células solares incrustadas en mi cabeza, brazos, piernas y torso, con ese motivo justificaba las largas caminatas que llevaba a cabo. El castigo de los psicólogos era múltiple, me mostraban con la ferocidad anulada, si excedía una cierta velocidad o me malhumoraba me sacudían vómitos y calambres.

Una alameda conducía al malecón ribereño caracterizado por senderos sombreados por colosales banyans, sequoias, oyameles, casuarinas, coníferas, kauris, olivos, cipreses de pantano, fresnos, abetos y cedros blancos y rojos, en una mezcolanza donde lo tropical salpicaba lo templado, al pasear las miradas reciprocadas y devueltas de los días iniciales se desplazaron a correspondidas y permutadas con el transcurrir de los ciclos, disolvieron reticencias y sembraron confianza; y a pesar del evidente temor que sentían ante el Asesino y su cohorte, el deseo de comunicarse se empezaba a cincelar.

La idea de los mentalistas imperiales consistía en quebrar a uno mostrando a los demás lo que les esperaba al rebelarse, sin embargo, condujeron a muchos a coordinarse y modelar un comportamiento de apoyo espontáneo y vislumbrar una estampa donde nos juntábamos para remodelarlo todo, romerías de miles de jóvenes arribaban a la ciudad y las caminatas por sus terrenos trazaban mapas de encuentro y los recorridos fluviales en lanchas eran rondas que cercaban sus barrios desde las aguas; podaban el entusiasmo y así no parecía que crecía y se invisibilizaba el proceso.

Nunca me enteré, sentía la agitación, palpaba la emoción, más allá no captaba y era así como debía ser ya que me monitoreaban constantes y torpes, infiriendo que bastaba refugiarse en la importancia del héroe y el halo del líder, acogerse a su sombra para sintonizar las tiernas reclamaciones de los jóvenes rebeldes, cuando consiguieron el apoyo de mis veladores y montaron un carrusel con las bionaves en órbita el éxito por lo menos del alzamiento estaba asegurado.

Así que me sorprendieron una mañana con rocío, sol suave y leve viento, se acercaron y me levantaron sobre sus hombros y manos, con rugidos y consignas, con mensajes y quejas, la palabra clave era redención, el leitmotiv la reeducación junto a los desagravios y reparaciones. Algo óptimo me atravesó, al desarmarme los tecnomédicos y bloquear las reacciones químicas, eléctricas y nerviosas que me convertían en un arma, mi condición letal me había abandonado, lo cual en y desde ese momento me permitía abrazar, apretar a los demás, enlazar los brazos, apelotonarme contra sus cajas torácicas y no envenenarlos ni herirlos ni causarles lesiones. Comprendí el significado de la felicidad y me dispuse a entregar la vida que me quedaba por los otros.

Historia de Meggrixto

Envuelto en el verdor del ecosistema desplegado a la orilla del río, de aguas azulverdosas, me instalé con varios coterráneos en las amplias horquetas de un grupo de ceibos para dormir durante la noche; para preparar los alimentos teníamos a los fogones solares en los claros a la vera de las serpeantes trochas, además los cuchillos para picar frutas no escaseaban, nos reuníamos con el ánimo de debatir, proponer y analizar con exhaustividad antes de ofrecer síntesis superadoras... o eso queríamos creer, en realidad, lo que avizorabamos era un largo período de luchas sangrientas ya que el Imperio se negaba a aceptar cualquier tipo de autonomía o autogobierno, realizábamos asambleas en los claros del bosque y veíamos pasar a Lobbo, lo saludabamos con gran algazara, lejos estábamos de saber que dentro de pocos días se ejecutaría el alzamiento, y que a partir de la toma de las bionaves ingresaríamos a una etapa de combates continuos.

Lo importante ocurrió en el debate, me eligieron representante del grupo Ceibas y respecto a Lobbo que por formar parte de los delegados nos toco interrumpir su caminata y rendirle un homenaje, lo rodeamos, un chispazo de tensión y por un momentos sus espinas faciales se erectaron, pero casi en seguida sonrió y la reacción fue levantarlo en hombros, alguien tuvo la idea de usar una rueda y así erguido se visibilizaba desde las embarcaciones, vocerío, pitadura, sirenas y un griterío cada vez más percutiente y ensordecedor colmaba el aire, fue filmado y transmitido, marco el arranque de la sublevación.

Tuve la suerte de ingresar a formar parte del grupo de colaboradores inmediatos de Lobbo, un ejército se quedo a defender el suelo, el axioma de que aquello que vale es el control real del fondo del Pozo de Gravedad se mostró cierto un vez más, la cólera de los mandamases imperiales se convirtió en la orden de aniquilar desde fuera a Phourion como cola del exterminio de la célula psicológica que confeccionó su diagnóstico. Lobbo era un combatiente formidable, quien además sufría por las alteraciones que en sus sistemas vitales introdujeron los psicólogos. A medida que caían los miembros de su séquito articulamos una amistad cada vez más cercana.

Durante varios ciclos nos esmeramos por provocar daños y hostigar rutas, vivacs y cuarteles, la suerte desertó cuando nos rodearon fuerzas muy superiores y con volumen de fuego colosal, ambos nos hallábamos en el hospital y nos reconstruían secciones lesionadas, era difícil suspender las intervenciones, lograron terminar y nos abandonaron esperando que se cumplieran los tratados sobre prisioneros heridos. Nunca tuve claro lo que sucedió, lo único que se resume en que el cuerpo de Lobbo estaba sobre el mío como intentando protegerme de algún ataque.

Deambulé por diversos centros de rehabilitación y recuperé fragmentos, detalles y revelaciones respecto a lo sobrevenido en la sala de operaciones, lejos eso sí de obtener una visión más completa, la cual seguro adquiriré al término de esta conversación.

Exposición sobre el Descubrimiento

Creo que aciertas respecto a recibir seguridades inesperadas. Retornaré a un momento crucial, a porqué te cubrió Lobbo con su cuerpo, esa es la clave para nuestra sección Rastreadores Arqueoetnográficos: Ambos agonizaban pero él poseía una facultad que requería de su muerte para transferirla a otro, no era inmortalidad pero se le parece, te abrazó y te provocó numerosas perforaciones en la epidermis y a través de las mismas te inoculó sus reservas de regeneración que se instalaron en tu cuerpo gracias a que previamente por la cercanía con que vivieron ambos cuerpos construyeron una biota común e identificaban marcadores y sustancias, por eso el receptor sobrevivió, y ahora eres ambos: MegaCristo&Lobbo, nuestro Legendario Extraído del Ciclo y así ninguno de los dos será olvidado.

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz (3.273 palabras) Créditos