SIEMPRE EXISTEN VARIAS LECTURAS
Luis Antonio Bolaños de la Cruz

...Y si creéis que se llamaba Jesús revisad el dato

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Las hornacinas de meditación estaban vacías, los divanes de reposo también, no obstante las otomanas colectivas en cambio bullían de conversadores y jugadores, asimismo ocurría con las albercas de placer rápido y los canapés de parejas; alrededor de los retretes una multitud que quería apresurar los procesos metabólicos o darles fin para seguir trasegando licores o deglutiendo manjares se apretujaba, la moda derivaba hacia la mezcla móvil de minúsculas porciones geométricas de cuero con múltiples figuras de las soguillas entrecruzadas que los entrelazaban, diseño que estimulaba las exploraciones, suscitaba ojeadas y ocultaba en momentáneos fogonazos ciertos puntos mientras exponía sin ambages otros.

Era posible que hasta tres tripulaciones se superpusieran en la celebración del ciclo, un airecillo festivo recorría los rebosantes pasillos y aunque restaban apenas tempomedidas para que se llevara a cabo la maniobra de procesamiento corporal igual me dirigí hacia la zona de reservaciones, allí a mi nombre: Estrigorios ElPe me esperaba una de las burbujas ovaladas celestes perfumadas con olores a especies estimulantes y provistas de frutas y sorbetes, almohadones diversos para ayudar a ensartadas, acrobacias y apretamientos y variaciones de temperatura acordes con la animación continua de los practicantes de ejercicios amatorios, conectado a la red tarde apenas un instante en hallar a Magdalena, mi compañera.

Amaba el cuerpo del que debía deshacerme para cumplir mi próxima misión, no por algo era en alto porcentaje natural, dejaría de usarlo una vez culminara mi encuentro con mi hermosa chica que llevaba un breve pantaloncito repleto de aberturas simulando corazones siendo la más llamativa aquella que se abría en la parte baja de su espalda abarcando en la práctica ambas nalgas... allí tenía mis manos mientras nos extraíamos fluidos y nos frotábamos y acariciábamos, apliqué mis labios sobre una herida de su cuello y degusté su sangre, ella realizaba similar maniobra en mi hombro, los tejidos eréctiles de mi miembro repletos de fluido se distendían hasta el dolor, para no repetir el goce vulvar lo empujé contra su palpitante esfínter abriéndolo gracias a lo bien lubricado que se encontraba y penetrándola de golpe, en seguida aceleramos y empezamos un coordinado mete-saca con mucho vigor y alegría, su ano apretó con astucia, no obstante la eyaculación venció obstáculos y se derramó en el interior de su intestino. Culminamos jadeando y gimiendo mientras nos alabábamos por la perfecta adecuación alcanzada, la sincronía y el mutuo placer entregado.

Gredxiorio, mi mentor fue explicando, mientras el equipo de ayudantes me atiborraba de instrumentos, los pasos que no por conocidos se podían omitir, ya que debían aparecer registrados para efectos burocráticos, dado el espesor de la data compartida así se evitaban confusiones y repeticiones. El nuevo cuerpo poseía tal cantidad de artilugios que era probable que algunos nunca llegaría a utilizarlos, otros como las vacuolas de entrelazamientos múltiples eran indispensables para el deslizamiento de tejidos y órganos hacia el interior o exterior de lo visible y permitían que creciera o disminuyera según lo que fuera conveniente.

La visita se vinculaba con la búsqueda de información —y su creación— inclasificable más sustancial por ser irrepetible, ya que al final por lo que sabíamos el planeta a visitar nunca se integraría a alguna de las culturas viajeras y no se expandiría por su espacio cercano reconocido, y como era frecuente en aquellos planetas sin proyección futura, que semejan simas escuras que se hunden una y otra vez sobre si mismos hasta desaparecer sin apenas huellas, era conveniente recolectar sus especificidades inéditas por su carácter desconocido y no inferible, por lo tanto cualquier extracción poseía un valor incunable.

Ya que a ese lugar donde iría no correspondía a prioridades o estudios de mi cultura, mi propio cuerpo sería el palimpsesto que luego se descifraría, grabadas unas sobre otras las historias, relatos e informes irían forjando núcleos, ramificaciones y epifanías, se enriquecerían y se multiplicarían de manera mutua e interminable, surgirían (ya se podía inferir, formular o deducir):

:: talladuras de impresiones para láminas impalpables, sublimaciones continuas, extracción de líquidos de poco peso molecular,.

:: cintas de glifos para armaduras, tejidos varicapa o tinglados aéreos.

:: labraduras de cuasifiguras para enormes colecciones de uso restringido, reparaciones instantáneas de desgarraduras musculares deportivas o sistemas evanescentes de seguridad.

:: tatuajes de sello diminutos y protectables, con las imágenes de las especies de los ecosistemas locales visitados y hastade sus obras de arte.

:: cincelamientos de seudofijaciones para cimentación de estructuras interiores, cincelado de piedra, madera, piel o metal,.

y toda una parafernalia de aportes que rozaban el arte, la etnografía, la ingeniería de estructuras y las religiones comparadas de sociedades sin vuelos espaciales.

Establecida la utilidad estipulamos que la visita sería durante treinta ciclos del sol alrededor del cual se iba enroscando el planeta, la llegada a recogerme debía coincidir con la recarga de ciertos poderes del cuerpo, que perdería capacidades de las aplicaciones para si mismo pero no para las proyectables, que podrían continuar funcionando (o sea realizando milagros).

Revisamos el contexto y se dispuso disfrazar la nave como una estrella que colgaría sobre el pesebre donde la pareja a la que sustraeríamos el cuerpo de su nonato se había refugiado, uno de los camellos sería en emisor de ondas para tener completo el marco de intervención y una vez culminado el evento lo desconectaríamos, era probable que enloqueciera y huyera a través del arenal o que sacudiera la burda testa y babeara un poco antes de retornar a la normalidad. En el palimpsesto debía aparece referencia a que la sustracción del nonato para reemplazarlo por mi generó después una larga serie de herejías, enfrentamientos sectarios y dispersión de pueblos.

* * *

Se cumplieron los treinta ciclos y no vinieron por mi. Una aventura extraordinaria se desplegó, con acontecimientos que serían recogidos, recontados y venerados por eras, ya había cumplido con recorrer aglomeraciones urbanas y comunidades agrícolas, atravesar ríos y llanuras, escalar montañas, penetrar en bosques y desiertos, investigar en monasterios y templos, estuve en Pamir y Tibet, la península del Indostán y otros lugares y me esforcé por retornar al país de los arameos en el momento requerido, pero no ocurrió nada, un hilillo helado recorrió mi columna; era cierto que mi mensaje filosófico esparcido podía ser completado con un ejercicio de proselitismo, de conquista de mentes y corazones, mediante observación participante o participación observante según el ángulo que se enfocara hasta que alcanzara la masa crítica y me dediqué a realizarlo.

Los resultados no fueron como suponía, demasiadas sectas, cochinos intereses, otra Magdalena tan hermosa como la que reposaba en su capullo criogénico allá en la nave, pugnas, acusaciones, persecuciones, acelerada velocidad del tiempo político, en síntesis: ahora estoy en lo alto de una colina crucificado y muy mortificado, con los poderes del cuerpo disminuido no puedo evitar mi muerte —aunque si influir en el clima (debo presentar un pedido en mi consolidado de actividades señalando la necesidad de impedir que tales situaciones absurdas vuelvan a suceder) — y justo cuando me rebasa el dolor de la tortura aparece la sonda que me recogerá, y en lugar de regocijarme como debería ser según los protocolos de recojo me encojono y la furia me enceguece y le grito a Gredxiorio Porque me abandonaste so mierda, quien me contesta seco y ríspido por ultralínea Haré una copia virtual de tu cuerpo para no perder la información, pero tu respuesta y actitud demuestran que durante los tres años de retraso fuiste contaminado, ahora eres más parecido a ellos que a nosotros y no puedes regresar, así que adiós y buena suerte.

La cabeza del hombre crucificado se desplomó sobre su pecho y si alguien miraba sus mejillas podría asegurar que lloraba.

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz (1.265 palabras) Créditos