VELEROS EN FUGA
Luis Antonio Bolaños de la Cruz
Konsumo, Pixabay License

Era la noche eterna que desplegaba sus faldas de terciopelo renegridas, telaraña plateada que emitía esporádicos latidos luego desvanecidos en filigranas crecientes donde se mezclaban pozos de sombras con charcos luminosos, granos destellantes repentinos, figuras entrevistas con el rabillo de los ojos cual huellas de tragedias pulsando tras la frente o de recuerdos apenas presentidos. La ausencia de la gama de colores se convertía en una hemorragia de tonalidades de negro compitiendo cada una por ser la más profunda expresión de la tinta con que se dibuja a si mismo el infinito.

En la oscuridad trazar líneas entre las estrellas adquiere características de mensaje, si persistimos puede surgir una animada conversación, es lo que hago después que muy rápido con primorosa habilidad he intervenido en los nódulos y hebras de la inmensa semimalla múltiple que atrapa en su piel los fotones, culminando la tarea me recompenso sumergiéndome en el vientre nigérrimo de la prieta oquedad que nos envuelve. Me hamaqueo y entro a una especie de trance suave y delicioso donde la oscuridad del vacío me abraza y me sustenta.

De repente una advertencia parpadea una y otra vez: ¡desequilibrio, desequilibrio! y compruebo mirando a lo largo del eje en revisión que los tripulantes Ntronab y Puldramat se encuentran lejísimo y que continuan en movimiento veloz, son cuerpos en evasión que doblan siempre a la izquierda para ir acercándose al centro desplazado hacia adelante de los módulos arracimados de la seminave, ovoides grises, esferoides celestes, cilindros blancos y conectores beige en un diseño de geometría descriptiva sencillo y eficaz. Refuerzo: Ya que si se dobla siempre a la derecha arribamos al confín de la gran vela fotónica donde las multipieles se funden en una frontera definitiva inflada siempre por los distintos vientos solares.

De acuerdo a las reglas del algoritmo de desplazamiento del velero, en su derrotero laberíntico ocurren: recolección, impulso, aceleración, frenado mediante rearticulación de la semimalla, empuje en el ángulo adecuado para reducción de la rapidez, recuperación de las coordenadas de destino, flotación al pairo con revisión del entramado. Es como un colosal globo aplastado a franjas con troneras asimétricas para que se cuelen los fotones y lo inflen siempre mientras se desplaza.

El tipo de tránsito que va asociado a su construcción liga multiplicidad de pieles e impulso con flujo constante, mediante un diseño a base de botellas de Klein con fibrado entrelazado donde cada extremo delgado del cuello en lugar de ligarlo a su propia base (como ocurre con las botellas de Klein clásicas) se deja suelto para embonarlo en la siguiente mediante un truco electromagnético que crea una cuarta dimensión transitoria, la cual a efectos prácticos, aunque sea por segundos, funciona, y así una y otra vez el enorme velero se desplaza a crecientes velocidades, inmaterial y material en sus conectes más con simultánea expresión material permanente en su fibrado molecular, que recoge los fotones solares (y hasta de otras estrellas) para impulsarlo.

Me preocupo, si lo que sospecho motiva su prisa y su silencio, llegarán a la esclusa de entrada primero y la sellarán para dejarme afuera en la semimalla de la cual seré arrancado apenas el velero Richard Feynman sonríe retome el ímpetu viajero tras culminar las tareas de revisión del entramado e ingrese a la etapa de maniobrar y acelerar. Con un bloqueo previo de las señales transmitidas desde el exterior de la nave (ejecutado por un cómplice en la guardia) nadie sabrá que me ocurrió, pasaré a ser un desaparecido, entonces aquí en la penumbra definitiva mi única opción será morir, y aunque tenga un compromiso con la muerte, y me encuentre dispuesto a apretujarme contra ella, aún no es el momento.

La invitación a supervisar con que me atrajeron era una trampa sin retorno. Y al ser informal no quedaba huella ni registro, éramos cual trío de pilluelos que salía a echarse un porro de mariguana a base de negror eterno... pero con una baja inesperada e ignota.

Botella de Klein Clásica

Estremecido de pavor pienso. El peligro estimula. Mis neuronas se iluminan y comprendiendo que en un entrelazamiento de botellas de Klein ahora inmóviles y desinfladas las nociones de adentro y afuera no tienen importancia, me lanzo como bólido mediante el empujón que proporciona el haz de fibras en que me columpiaba hacia el corazón del velero. Rompo los protocolos, acepto peligros extraordinarios y elevo el riesgo global de la expedición de manera considerable... si fallo y me estrello o enredo, el daño a la hipervela es muy probable, pero eludiendo con agilidad los haces de fibra y filtrándome por los espacios estrechos —que los hay— obtengo un resultado formidable: arribo a la esclusa con anticipación y tengo oportunidad de tender una emboscada.

* * *

Usamos escafandras ultradelgadas y ceñidas a la piel confeccionadas con cultivos micobacteriales que ávidos de contacto con el vacío adquieren la capacidad para exudar tres capas combinadas en delimitados porcentajes, las mismas que otorgan cualidades específicas: aislante, productora de oxígeno y entrelazadora elástica, la primera para protegernos, la segunda para nutrirnos y la tercera para que el cuerpo se propulse en el vacío y logre los movimientos que decida con facilidad.

Explico para que se entiendan mis preparativos, como acuclillado al inicio de mi espera pujo para expulsar por el ano mi arma, una cajita rectangular de bordes ovalados atraviesa la triple capa que en seguida se autorepara, luego pulso su boton de arranque y se desenfunda mi fusta de trenzado cuántico aleatorio a base de muones: aquella que permite a la sopa de partículas proveniente de la cajita quedar encerrada en un látigo paradójico que se desvanece a cada instante, pero que a efectos prácticos constituye un formidable cortador de materia, tendido me camuflo con la estructura, me preparó y a través de los comusensores corporales organizo mis líquidos y ordeno mis nanoelementos para sesión de combate, emitida la orden lo demás que devendrá es casi automático.

Me acomodo, agazapado tras el nódulo me desimulo, y rememoro en cómo la civilización terráquea había llegado a la situación que moramos: una catástrofe ambiental peor que la pronosticada desde el XX ocurrió y con estropicios superlativos, los cadáveres se amontonaron por cientos de millones, los ecosistemas superada su capacidad de carga colapsaron, las comunidades de especies implosionaron sin remedio y desaparecieron como espuma sucia por el desague, la superficie del océano era una capa gelatinosa de mugriento estercolero, sus podredumbres coligadas contribuían a la putrefacción generalizada que azotaba el globo, además las redes de comunicación se quebraron y perdieron capacidad conectiva y aunque rebosaban de mensajes con frecuencia eran solo ecos fragmentados de eventos ya perimidos y su actualidad oscilaba entre espúrea y superflua, en concreto no ayudaban y se sumaban al derrumbe creando archipiélagos de podredura digital.

Paisajes sobrecogedores dignos de Palencar o Beksinski brotaban por doquier a compás de la debacle erosionando la psiquis global, la gente enloquecía o se suicidaba —ya fuera en masa o individualmente—, la amarga desilusión o el desánimo ascendente instalados en la conciencia diluían la cohesión social necesaria ante la hecatombe, se multiplicaban los asesinatos y cada uno era enemigo del otro (eso decían las crónicas que nos han transmitido a pesar de resultar ahora difícil de asimilar ese todos contra todos, queda claro, muy claro, que sólo existían dos opciones —morir o huir— que no manifestábamos, ya que para protegernos las ocultamos de los demás y nos comprometíamos a las tareas colectivas del sobrevivir).

Pero una idea deflagró y recorrió gentes y continentes (bastiones artillados que aislaban del entorno a sus moradores) y mares (flotillas de embarcaciones encadenadas unas a otras): decía que debíamos migrar y abandonar la tierra demudada y destruida y las aguas contaminadas y desiertas, promesa de salvataje que vino acompañada de inventos diversos y hasta del artilugio ideal que lo permitiría: veleros espaciales, y así de las memorias de computadoras de los centros de investigación y de las universidades nacían los aspectos tecnológicos que posibilitarían su plasmación y siendo un clavo ardiente del que agarrarse se aferraron a su abrasadora sustentación sin vacilar, galvanizados por la esperanza se dedicaron a convertir en realidad el sueño y demostrar su viabilidad; los restos del programa espacial ruso & chino & internacional constituyeron las semillas para crear los talleres de fabricación de vehículos e instrumentos, que cual collar (los opositores y pesimistas decían dogal) empezaron a destellar en el cielo nocturno.

Delineado, esbozado y proyectado el objetivo a lograr: que cada nación tuviera una armada y que existieran veleros sin bandera para recibir aquellos que procedían de sitios o de comunidades desintegradas o que habían abandonado ese concepto, nos dedicamos a esa meta; así fue como la potencia de la voluntad, la solidaridad desbordante a contrapelo del amok inicial de todos contra todos, que se diluía en la creciente pleamar de raciocinio señalando que la propiedad de los recursos era colectiva y toda la humanidad debía beneficiarse de los mismos, fueron valores empáticos que facilitaron durante ese crítico período el avance del proposito, lo convirtieron en viable y tornaron practicable. Ríos de bienes y riquezas convergieron en el collar de talleres, la inteligencia aplicada destelló y floreció y el proceso de migración mediante veleros de vaga intención fue mudando a hecho latente.

Como sucedió con frecuencia en otras coyunturas álgidas de la historia, de la abisal sima nos impelimos a la excelsa cima, puestas las fuerzas en tensión y orientadas hacia un designio convertimos flaquezas en virtudes, puñados de fallas en ramilletes de perfecciones y empezamos a acumular sucesos de óptimos resultados, cifras estadísticas positivas y oleadas minúsculas en volumen pero paulatinas en bienestar constante.

Primero decenas y luego centenares y después miles de veleros recorrieron el sistema solar, estableciendo colonias y asentamientos cada vez más remotos e independientes, la exquisita maniobrabilidad conseguida gracias a las botellas de Klein embonadas sosteniendo varias capas de fibras que se inflaban en cada resquicio del sutil andamiaje permitía su uso sin restricciones, por un momento parecía que habíamos escapado de la extinción y eludido la calamidad.

Sin embargo, concretados los primeros hitos, moldeados los habitats en Luna, Marte, los asteroides y las estaciones espaciales comprobamos que esa vida era dura, encerrados en domos, circulando por túneles de temperatura controlada, con alta densidad poblacional, cierta monotonía en la alimentación: sana y nutritiva pero algo aburrida, se sentía como horizontes deprimentes si aplicabamos prospectiva; anhelos quebrados en su germinación, redefinían las circunstancias como insatisfactorias. Un gusanillo de malestar devoraba y ensuciaba lo conseguido.

Combate

De repente, con algo de sobresalto a pesar de esperarlos, compruebo que llegaron, ambos bajos, de contextura maciza para ser veleristas, siempre con Puldramat soltando chascarrillos y Ntronab cerrando con un par de palabras las carcajadas; me desprendí del nódulo y lancé a Ntronab un correazo a la panza, reaccionó veloz pero no pudo esquivar el ataque, su pierna izquierda se desprendió a la altura del tendón del cuadriceps y el vasto femoral, el chorro de sangre se congeló y su masa derivó con destino al borde. Puldramat me sorprendió, comprobé que además de las herramientas que aferraba manejaba un arco hueco que podía arrojar dardos a cierta distancia en el vacío, finté y el proyectil me golpeó en la boca y por un instante, una nubecilla rosada —astillas de dientes y fragmentos epiteliales— me envolvieron la cara, me sobrepusé al dolor y ayudado por la preparación previa en el cordaje conjugué un giro colgando de una fibra con un impecable cintarazo en la parte alta de su espalda, que lo atravesó y lo decapitó.

Ambos cuerpos flotaron con lentitud aproximándose hacia al bordillo. Mis nanitos ya estaban reparando el daño dentobucal cuando me acerqué a la esclusa para ingresar en la nave.

* * *

Traspuse la esclusa y me lancé a velocidad creciente hacia los aposentos comunales, quería observar los rostros de los presentes para comprobar quienes se alarmaban o manifestaban estupor ante mi presencia. La suerte me acompañó, Batabele, un sobrecargo de hidropónicos, de enorme cabeza redonda y torso grueso, hurtó su mirada fingiendo que no observaba mi arribo.

Atravesé sin detenerme la cámara de descanso hacia el siguiente recinto, me apuré y me oculté en el aposento de Puldramat, apenas si tuve oportunidad de extraer mi látigo, ya que transcurridos un par de minutos irrumpió Batabele, abrió mucho los ojos desconcertado por la ausencia de su ocupante y por mi presencia, balbuceó algo, trató de recular, más mi cálculo para el zurriagazo fue exacto: golpeó la tráquea y rebanó la garganta, tuve que alcanzar la cabeza antes que brotara rebotando a la crujía.

La envolví en un trapo que colgué en mi cinturón y aferré el cuerpo empujándolo por el pasaje hacia el próximo punto de expulsión de restos, era lejos para no me cruce con nadie y pronto me libré de los despojos. En apariencia, la suerte me acompañaba.

De inmediato me dirigí a mi encuentro con Zaneenoa, mi compañera de conjura, esbelta, de piernas larguísimas y rabel fabuloso, tan esférico que calcaba una burbuja de carne, aún algo agitado la alcancé en la alcoba de las guirnaldas, atiborrada de flores colgantes: lobelias, mímulos, orquídeas, campánulas, fucsias, capuchinas, gitanillas, que por su ubicación recibía constante luz solar, y minerales y agua pulverizada de los rociadores instalando un entorno húmedo y caliginoso. La cercanía de la muerte había exacerbado mi lubricidad, en lugar de ir a la fosa de alimentación, le sugerí ir a algún lugar donde pudiéramos practicar sexo, escogió su camarote y hacia allí nos dirigimos excitados y libidinosos.

* * *

Glosario y Multitemas para una visión sociológica de los veleros

Croquis: El diseño de los veleros resultó autosuficiente, podían sustentar tripulaciones numerosas, que se turnaban mediante sueño criogénico para manejar el velero, era la entelequia concreta del movimiento perpetuo en un viaje eterno y bastante cómodo a pesar de la baja gravedad. Cada cual poseía su diminuta estancia para aislarse cuando quería y descansar (recordar que la poca ropa usada era común y los adminículos que le adherías desaparecían con la limpieza).

Rutina y maniobras: Ejecutar las rutinas de la nave era fácil una vez las dominabas lo suficiente como para seguir actuando y reflexionando en plano diferido. A grandes brochazos, como responsable de adoctrinamiento, iba por lo general describiéndoles a mis compañeros la evolución de lo ocurrido en el pasado y la síntesis de los debates que sacudían las comunidades de estaciones y escuadrillas de veleros respecto a las fugas. Así como paso a paso no podíamos explicar la decadencia de la biosfera planetaria tampoco lo logramos en lo tocante al surgimiento de la idea de las fugas de los veleros, pero si logramos en los dos temas decir algo al respecto suponiendo que propiciaría comportamientos e ideas convergentes hacia la instalación de bocetos sensibles de percepción que permitíeran modelar ilusiones tornándolas designios.

Horror y Miedo: Numerosas causas complejas convergieron para que explotara el cataclismo, y no era elegible una sobre otra, no obstante está claro como brotó la réplica apoyada en lo biológico. Respecto a la migración, señalar que desde su inicio y en el período de eclosión de la idea se manifestaron horribles deformaciones conceptuales y se desgañitaron en discusiones durísimas sobre el destino de los migrantes, si debían permanecer en el sistema planetario o viajar interminablemente, las cuales siguieron vigentes durante las exploraciones pioneras y estuvieron presentes en diversas esferas cotidianas de las colonias, cadena de sucesos que siguió solapada en el sufrir las calamidades propias de una travesía, hasta el momento en donde ya ocurrieron casos de extravíos de naves, no obstante su importancia, esas excepciones no fueron tomados en cuenta, sólo queríamos ver determinados éxitos, seguíamos optando por los panoramas incompletos y apetecibles, riesgos de la ilusión.

Peligro y Gestión de Riesgo: Pero el proceso posterior si está registrado con minuciosidad, así se descubrió que ya encaminados por la ruta de la migración los veleros solían descarriarse con frecuencia aterradora, se investigó y al acceder al cuadro de datos desde antes del advenimiento del gusanillo de malestar, se supo que ocurrió con cada velero y se documentó su peripecia hallando que a lo largo de la primera etapa el dato de las fugas ocurría apenas se viajaba más allá de la zona de asteroides, en un porcentaje mínimo aunque inquietante, pese a que luego se amplió el marco abarcando el sistema solar integro, y así el viento del sol que en algún momento se levantó como defensa ante el atractivo malsano de la huida era o una protección escasa o un insignificante ante la incidencia de influencias nefastas que parecían arribar de otras estrellas o lugares.

Mitos: Y ahí ingresaron las hipótesis ligadas a la mitología lovecraftiana. Mientras tanto el árbol de las redes sociales era sacudido por los debates sobre que haría la humanidad tras haber perdido su planeta, y confirmado que las urbes y establecimientos artificiales de cualquier tipo no suscitaban el cariño de sus habitantes. En ocasiones, era feroz el rechazo y tremenda la presión para viajar donde fuera, la tensión, el desánimo y la ineficacia pululaban, las discusiones arreciaban y se enarbolaban teorías científicas y creencias injustificadas por igual para sustentar posiciones.

Vida interior: El descubrimiento de que la vida pulula no en la superficie sino en los océanos y el interior de los planetas (en especial de los Errantes sin estrellas) y en los mares interiores de las lunas de los gigantes gaseosos, se vinculó a la influencia de seres enormes, semejantes a semidioses, que desde las heladas profundidades iban emitíendo sueños o visiones que ordenaban o influían en las decisiones de la gente, repercutían en las maltratadas mentes de los sobrevivientes retorciéndolas hacia la desbandada o atrayéndolas para su captura o esclavización.

Camino a la Perdición: Las cosmogonías y creencias elaboradas por las masas en general y los tripulantes en particular se basaban en aquellas creadas en el siglo XX dedicadas sobre todo a Cthulhu y su cohorte de espantosos socios. Era probable que los mensajes emitidos por las redes se potenciaran mutuamente, era como si las entidades aberrantes actuaran en coro y dormir para los descendientes de los terrícolas se convirtió en desasosiego por los mensajes oníricos que recibíamos en el lapso MOR. Terribles pesadillas asolaban nuestro dormir. Algo terrible sucedía en la ruta del ensueño y generaba desasosiego y pánico.

Dinámica del dilema: La relación que existe entre los escapes y la atracción que ejercen dichas visiones y sueños sobre las tripulaciones (y las colectividades de las estaciones y colonias aunque con efecto variopinto) es potente, ya que llega hasta el fomento del crimen, tanto que se dedican a exterminarse entre facciones y según sea la cifra o ecuación alcanzada, orientar entonces el bajel hacia cualquier planeta o luna con vida interior o hacia el vacío intergaláctico para buscar planetas errantes.

Existe tensión porque los tripulantes se dividen entre aquellos que quieren viajar por la eternidad porque eso es lo que los obsede y quienes quieren arribar por fin a un planeta cthulhuiano porque los obsesiona el punto clave de la ofrenda que se sienten compelidos a llevar a cabo, a esa sensación que oscila entre penetrar la nada y entregarse en sacrificio se la denomina tensión Kavafis en honor a unos versos o declaraciones algo confusas del poeta.

Controversia: En el marco de un esfuerzo desesperado por mantener la vigencia de lo alcanzado como especie se establecieron en las colonias foros multiples y en los veleros reuniones tras cada par de jornadas con la finalidad de iluminar nuestras mentes, y para contar, representar o leer en colectivo historias de horror relacionadas con los supuestos anteriores encuentros de la humanidad con los dioses arcanos, cuya debilidad consiste en que ahora hay que ir hacia ellos, ya que moran en los océanos de aquellos planetas con vida interior, por lo general muy fríos y y realizar el ritual de la entrega para trascender; o en describir el éxtasis arrobador de surcar el infinito de manera interminable hasta el agotamiento o el encuentro con una entidad extraña (acontecimiento probable que ocurriría en uno de los planetas errantes) aún discernible para que su contacto nos conduzca a la iluminación.

Es el único lugar donde podemos emitir nuestras feromonas de convencimiento y como ambos equipos de expositores recurrimos a sus efectos se anulan en mutua pelotera gaseosa quedando en el aire sólo un agradable aroma expresado en diminutas nubecillas de fragancia que provocan afecto voluble pero constante.

* * *

Coito: Ya en el recinto de Zaneenoa iniciamos acrobacias y deslizamiento suave de unas artes sicalípticas a otras, ayudados por la baja gravedad logramos auténticas florituras, y sin sacarlo o separarnos seguíamos frotándonos en golpeteo insistente con el cortejo melódico de chapoteos blandos, sonidos chorreantes, pedorreos vulvares y libaciones ruidosas en la habitual melodía libidinosa que practicábamos.

Un intenso metesaca en armonía, cual acompañamiento musical donde los húmedos chupeteos provenientes del pistoneo deslizante y de la succión del apretado canal vaginal parodiaban el percutir del tambor con equilibrio y ruptura hasta que el choque del pubis contra la base del pene llegaba al paroxismo y mientras compartían sus músculos, epitelios y secreciones entregaban la sensación de que los órganos arribaban a una cierta indeferenciación alcanzando una especie de encantamiento que parecía negar cualquier nota oscura tal era la exaltación, pero la emoción no dura para siempre, entre gruñidos estalló el clímax y nos mantuvimos apretados en un abrazo sin fisuras que marcaba un hito en nuestro emparejamiento, esa intensa unidad sensorial con simultaneidad litúrgica era una cumbre, supe que nunca más llegaría a esa cima de placer, repetirla quizás si, superarla nunca.

Echados el uno al lado de la otra, descansamos por un rato, la miré pero sus ojos no brillaban, los cubría una placa opaca y no transmitían; supuse que un antecedente inmediato tan intenso obligaba a practicar otras técnicas, atreverse a otras exploraciones, fustigué a mis nanocitos y nanocomponentes y preparé mi lengua, dirigí un volumen concentrado a la punta para que creciera y otro a su centro para que engrosara significativamente, conjeturé que su desconexión momentánea se remediaba con excitación, así que la invitación a continuar culminó con ella sentándose en mi rostro, primero en un cunnilingus frenético donde ejecutamos una embutida contundente y luego cuando se acomodó proyectando los glúteos hacia atrás en un anuslingus penetrante no menos exaltado y embravecido, donde deje que todo mi nanomaterial expandidor-reparador fluyerá rellenando su recto y bombeando con furor en su intestino.

Una sabrosa y genuina exploración anorectal animó nuestros encogimientos y estiramientos, contracciones y distensiones, ella incorporaba la lengua y se agitaba emitiendo gemidos y sollozos, yo hundía mi creciente órgano móvil impelido por su musculatura extrínseca e intrínseca, sabiendo que absorber y chupetear le proporcionaba deleite... me pareció que alguien nos observaba, para borrar la sensación penetré con mayor potencia en su aro lubricado, con lameteo insistente y tragando con hondas aspiraciones.

Entonces la abracé para obligar a que mi pene resbalara por su esófago, casi de inmediato mi cuerpo se arqueó mientras explotaba en una eyaculación feroz, entretanto los quejidos de Zaneenoa de elevaban y subían de tono... como si disfrazara rozaduras o enmascarara susurros, las bocanadas de semen en su boca se vertieron sobre mis muslos, supe que su torso se elevaba y se tensionaba al abandonar el miembro mamado, sus nalgas me presionaban cual si quisiera asfixiarme... o impedir que la desmontara y arrojara... en ese tris comprendí... pero ya era tarde, dos terribles dolores se encendieron en mi pecho y en mi vientre... quizás sendas puñaladas, mi viaje infinito apretujado en el velamen de la muerte había comenzado.

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz, (3.911 palabras) Créditos