LA VILLA
Tristán Centeno M.
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Cuando Yulio despertó de un sueño sin sueños aún tenía cerrado los ojos. Lo último que recordaba era estar rodeado de su familia, en la cama con sus seres queridos. El es un hombre viejo y se estaba... un segundo se pregunto inquisitivo. No se notaba mal como... ayer. De hecho se notaba muy bien. Demasiado bien. Si algo enseña la vejez es que se va acumulando una pequeña pero cada vez más larga lista de todos los pequeños achaques y enfermedades que otorga el tiempo por una sola razón: somos mortales, la naturaleza no le interesa otra cosa.

Abrió un ojo, abrió el otro. Miró al rededor y se percató que buscaba en vano las gafas en la mesita de noche. Pero no las encontró. Notó algo extraño, todo era luminoso, nítido. Demasiado. ¡¿Veo bien? ¿Tengo la vista restaurada?! El asombro asomaba a su cara, si hubiera tenido un espejo se hubiera mirado con cara de pasmado.

Se miró las manos y se llevó un susto. Pero... si están lisas, no hay manchas ni venas! Admiró sus manos, fuertes de nuevo. ¿Qué estaba pasando? Decidido se levantó de la cama y se puso en pié, se percató de algo más; Me he levantado muy rápido. ¿Y mi dolor de espalda? ¿Cómo puedo tener tan ágiles las piernas?.

Su cerebro, tramando una sospecha se acercó al armario. Y abrió la puerta interior para mirarse en el espejo. ¿Cómo sabía dónde estaba el espejo Se preguntó. Y al mirar su reflejo se llevó el segundo susto del día ¡Soy joven!, pegó un bote que casi lo hace caer al suelo. De la impresión se empezó a marear y tuvo que cerrar los ojos para centrarse Muy bien, esto tiene que ser un sueño o estoy en una fase mi cerebro mori... no terminó la frase. A pesar de la zozobra se controló y se recompuso. Abrió un ojo, luego el otro y ante lo que veía ante el espejo ya le dejó boquiabierto; era joven y sano de nuevo. En perfecta forma.

Se miró ante el espejo un buen rato, no daba crédito a lo que veían sus ojos. A parte que estaba desnudo y que el recordara lo último que vistió era una bata de hospital. ¿Qué está pasando aquí? Se puso a observar su entorno inmediato y reconoció la habitación. Era su dormitorio de la casa de la playa, que poseyó cuando se jubiló y vivió en ella por diez años hasta que tuvo que volver a la ciudad.

Rebuscó en el armario del dormitorio y encontró ropa apropiada para él, unos pantalones, camisa y zapatos. La situación le había puesto rápidamente en alerta, un viejo hábito que jamás le abandonó desde que pasó por el ejército. Revisó toda la casa, era idéntica a la que él recordaba de joven, pero ya no debería existir, pues las subidas del mar de principios del siglo XXI se habían comido la costa.

Tenía hambre y por costumbre se hizo el desayuno: café y huevos revueltos. Cuando fue al salón con todo preparado reparó en un periódico, miro la fecha: 24/09/24. No puede ser posible. Era papel satinado, de una sola página, con colores, y las fotos se movían. Se quedó sorprendido y tuvo que parpadear un par de veces antes de confirmar que así era.

La Luna declara el establecimiento de la República Democrática....

El gobierno mundial establece alianza industrial con la colonia de Marte....

Se desmantela el último reactor de fisión en la región Eurasiática para dejar establecido la red de generadores de energía por fusión.

La comunidad de máquinas pensantes toma el control climático y ecológico para regular la subida de intensidad del Monzón en el ecuador, planificando la bajada del nivel del mar en los próximos seis meses.

Llamaron a la puerta y se levantó rápido. Abrió la puerta para ver quien era. Vio a un sereno de pueblo. Vestía uniforme con gabardina abierta y gorra, pero no llevaba ningún identificativo o insignia de la villa. Físicamente se parecía mucho a Hemingway, el escritor.

—Hola,... ¿Y usted es...? ¿Y qué hago aquí? ¿Dónde está mi mujer? ¿Y...?

El hombre, sonriendo con confianza, le extendió la mano.

—Edward, el sereno del pueblo y el primero en recibirle aquí. Disculpe el susto a todos les pasa. Es normal la primera vez.

Mientras Yulio la estrechaba la mano, notó que Edward era firme en el apretón. Mirada franca y sonrisa fácil. Casi se diría que le recibía con júbilo y como si le hubieran esperado hace mucho tiempo.

—No se preocupe, en breve responderé a todas sus preguntas. No le va a quedar ninguna duda al respecto. Por cierto... ¿Le gustó el café turco? ¿Los huevos y la mantequilla sabían bien? Mire usted que el sabor es algo difícil de lograr, sobre todo porque es algo muy subjetivo.

La pregunta le pilló desprevenido y respondió con un poco de desconcierto.

—Bueno, ahora que usted lo dice, si. Estaban muy buenos. ¿Pero cómo sabe usted lo que he desayunado? ¿Y por qué me pregunta eso?

—Bueno, no se impaciente. Lo primero, vamos a dar un paseo que hoy hace un día maravilloso. Y de paso le explico el porque, el como y todo lo de más.

Ambos hombres salieron de la casa, al abrir la puerta de la valla del jardín salto dentro un bonito gato atigrado de mirada sorprendida, que empezó a frotarse insistentemente ya modo de saludo contra las piernas de Yulio.

— ¡Risko! ¿Qué haces aquí? Que alegría verte de nuevo —Dijo con ojos a los que asomaban unas incipientes lagrimas, pero las reprimió inmediatamente. Y pregunto al sereno...

— ¿Cómo es esto posible?

—Bueno, como todo lo demás. Tal como le dije ahora, al pasear, le mostraré la villa, que no es exacta a la de su juventud, pero creo que le va a gustar mucho. Además le están esperando.

— ¡¿Quienes?!

—No se impaciente, pronto lo sabrá. Bueno, deje que Risko nos siga mientras tanto. El puede hacer el camino sólo.

—Prefiero tenerle en brazos.

Risko fue cogido en brazos y empezó a parpadear lentamente mientras su ronroneo se hacía más grande que él mismo.

—Como usted prefiera, mientras tanto déjeme pensar en como explicárselo.

— ¿Ésto es el más allá? No creía que existiera y además...

—No se impaciente hombre, digamos que en sus términos usted es un fantasma y esto es un... más allá, artificial, pero más allá.

— ¿Artificial? ¿No está usted desvariando?

— ¿Déjeme terminar? Voy a explicárselo con metáforas, ¿le parece bien? Esto es un más allá, pero hecho por el ser humano.

— ¿Cómo lo han logrado?

—Le podría explicar el como si usted fuera físico, pero hemos avanzado mucho, incluso así se le antojaría un autentico galimatías.

Mientras paseaban bajando la cuesta ajardinada, con casas y jardines a los lados, el sereno se detuvo en seco y con una sonrisa dijo:

— ¿Ve esa montaña?

—Si.

—Pues nosotros estamos dentro de una.

—Mirando al rededor no lo parece, de hecho veo el cielo azul a no ser que hayan construido la bóveda de cemento pintado más grande del mundo.

— ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Esa si que es buena, la usaré como explicación para la próxima visita. No es nada de eso, digamos que debajo de una gran montaña hay un ser artificial, un gigante que no se puede mover y solo sabe soñar. Nos sueña incesantemente a nosotros. A este pueblo, a usted, a Risko, a mi.

—Me esta diciendo que estoy en un sueño, que no sueño yo si no otro y que... ¿Puede en cualquier momento acabar? ¡Eso no es justo!

—Tranquilo, el gigante durmiente no sabe hacer otra cosa. Es... una maquina pensante, cuyo único fin es soñarnos para siempre a usted, a mi y a todos.

—Vale, algunas noticias que ví en mi vejez decían que se estaba intentando hacer pensar a las máquinas, ¡Ordenadores! Eso es. Pero se lograba poca cosa y que faltaría mucho y entonces...

Yulio se paró en seco y Risko salto de sus brazos al suelo, se sentó y empezó a lamerse una pata con la tranquilidad e indiferencia que caracteriza a los gatos sabios.

— ¿Hace cuanto que... morí?

—Bueno, esta parte es siempre delicada y me cuesta mucho encontrar las palabras adecuadas, pero mejor rápido: hace 110 años.

— ¡110! ¿¡Y cómo es posible que me hayan... recuperado? ¡O como se diga...! ¿No seré una invención pura y dura y esto una broma cruel, verdad? Porque no me hacen ninguna gracia las bromas...

El sereno sonriendo levanto las manos palmas al frente en tono apaciguador y dijo:

—No, no, no! No es nada de eso. A parte que hacer sufrir a un ser artificial es ilegal y muy perseguido. Y antes que me diga ¿Cómo que artificial?, que le veo venir, llego a la parte más difícil de explicar con metáforas porque...

—Si, lo sé, no soy un físico. Pero déjeme adivinar... han inventado una máquina del tiempo en el futuro y me han secuestrado el cerebro o algo así ¿Voy bien con mi metáfora?

El sereno dejó caer las manos y puso su cara de asombro absoluto de una forma tan natural que incluso afecto a su interlocutor.

—Increíble, es la explicación más original que he escuchado nunca y en cierta manera se ha resumido usted solo, aunque paradójicamente esta equivocado. No me extraña que su especie haya sobrevivido tanto tiempo con lo que han tenido encima. Son ustedes... admirables.

—Bueno, empiece explicándomelo a su manera. Soy todo oídos.

—Veamos, en cierta forma la ciencia, más en concreto la física inventó hace tiempo un proceso llamado algoritmo de deducción de entropía negativa. Es una herramienta, cómo un detective que parte de un evento concreto conocido y haciendo deducciones al revés del ritmo del tiempo logra llegar al origen de las cosas. Como una mezcla entre Sherlock Holmes y la máquina del tiempo. Se empieza por un evento general importante, una llamarada solar porque suele afectar al Planeta, pero con los aparatos adecuados nuestro detective averigua que eventos afectan al mundo y va reconstruyendo la historia con total precisión. Sabiendo esto la gente se lanzó a investigar la historia pasada en su detalle más fino lográndose obtener una cantidad de conocimientos inmensos. Entre todos éstos avances, un grupo de personas que trabajaba con máquinas pensantes primitivas decidió hace un experimento; investigar la biografía de un famoso personaje histórico para programarlo en una de esas maquinas y ver que pasaba.

— ¿Quién fue el primero?

— ¿Perdón?

—Es simple curiosidad. ¿Qué personaje histórico se trajeron?

—Leonardo DaVinci, menudo susto se llevo cuando vio un proyector holográfico en tres dimensiones. Pensábamos que se sorprendería menos por su gran inteligencia, pero ya sabe; la cultura pesa para bien o para mal. Tuvimos que llamar a un cura especializado en dialectos antiguos, más en concreto el toscano de aquella época para hacerle entender muchas cosas.

— ¿Cómo hace conmigo ahora?

—Efectivamente.

—Supongo que con Risko se evitarían tal problema.

—No crea, se sorprendería. Bueno, volviendo a la historia; con el tiempo la recuperación de personajes históricos llevó al debate de si era ético recuperar a gente del pasado. Pero eventualmente se dejo a libre elección el recuperar sólo a seres queridos del siglo XX o XXI en adelante. Un grupo de personas se organizó para crear el proyecto Oasis y de eso salio todo esto —dijo abarcando el paisaje con el brazo.

—Disculpe la pregunta. ¿Pero hay alguien más?

—Si, están todos Yulio —dijo mirándole a los ojos fijamente y con una sonrisa llena de confianza.

De repente una voz más grave, más mayor, respondió tras ellos.

—Te están esperando, en el centro de la villa. No les hagas esperar.

Yulio y el sereno se giraron para encarar a un hombre mayor alto y delgado, con el pelo plateado. Vestía una especie de traje gris perla, sin corbata, de líneas muy rectas.

—Hola Yulio. A pesar de las arrugas... ¿Te acuerdas de mí?

—No puede ser, por los años que han pasado a no ser que seas su hijo... ¿Eres Adam, mi bisnieto?

El hombre mayor dejo asomar la emoción a sus ojos, empezando a sonreír calmadamente y rompiendo la simetría de un semblante que antes asemejaba una madera de color tiza.

—Si, lo soy.

Se abrazaron efusivamente.

—Y antes de que lo preguntes, no soy un recuperado. El mes pasado cumplí 123 años. A día de hoy es muy común con la medicina actual. Me queda mucho para que... me archiven, por decirlo así.

—Me siento agradecido ¿Pero porque hacéis esto?

—Porque queremos lo mejor para los que amamos. Aquí están todos; hijos, nietos, padres, abuelos, madres, esposas, mascotas, todos los que amamos alguna vez. Al fin hay una segunda oportunidad y fue por nuestro propio esfuerzo. Fue para hacer un mundo mejor. Por cierto, te esperan en el centro de la villa. Te vas a perder tu propia recepción. Te espera tu mujer. ¿Lo sabias?

—No puede ser...

—Si que puede. Simplemente disfruta de éste este presente por siempre.

— ¿No vienes?

—Tranquilo, ahora me uniré —alzo su bastón— mis piernas no son tan ágiles como las tuyas y parece que tu gato se impacienta. Tan temperamentales como siempre.

—Gracias.

—No hay de que.

Yulio y el sereno se alejaron hacia el horizonte a donde estaba el centro de la villa. Sonaban canciones, risas y conversaciones. El olor a sidra inundaba el lugar. Al pie de una montaña y a la orilla del mar, el calor del verano hacia que el aire templado trajera el aroma dorado de un Sol sin fin.

© Tristán Centeno M., (2.258 palabras) Créditos