DÉJÀ VU
Lorenzo Salgado
$Titulo$

I

Miércoles, 2 de junio de 2121

El despertador empezó a sonar a las 8:30 como todas las mañanas. Marc Salas se revolvió en la cama, apagó la alarma y se levantó.

Tomó una ducha y con la toalla envuelta en la cintura se dirigió al armario. Tiempo atrás, había leído que Einstein tenía siete trajes, siete camisas y siete pares de calcetines exactamente iguales, así no tenía que perder tiempo pensando en que ponerse, simplemente se limitaba a coger el siguiente juego de prendas. Marc pensó que era una idea genial, así que la adoptó. Tomó el siguiente juego de prendas y se vistió.

Fue a la cocina para prepararse el desayuno. Marc había adoptado con las comidas una costumbre similar a la de los trajes, así, había elaborado una lista para todas las comidas de la semana y ya no tenía que pensar en que prepararse, simplemente seguía la lista. Los miércoles tocaba desayunar huevos revueltos.

Después de desayunar cogió el coche y tomó el camino al laboratorio. Había acabado la carrera de física el año anterior y se había graduado el primero de su promoción, por lo que había conseguido el puesto de ayudante del profesor Luis Cuevas, afamado científico. Marc estaba entusiasmado con el nuevo proyecto del profesor Cuevas, nada más ni nada menos que una máquina del tiempo.

La mujer le distrajo de sus pensamientos, venía andando por la acera en dirección opuesta a la suya y estaba realmente estupenda. Giró la cabeza para no perder de vista a esa belleza cuando por el rabillo del ojo vio algo en la carretera, era un balón de fútbol. Dio un pisotón al pedal de freno y el vehículo se detuvo con un fuerte chirrido de los neumáticos, acto seguido apareció el inevitable niño persiguiendo el balón. Suerte que tenía una buena visión periférica, sino habría atropellado al maldito crío. Cuando su corazón recuperó el ritmo normal puso en marcha el coche y continuó su camino sin apartar la vista de la calle.

* * *

—Buenos días profesor —dijo al entrar en el laboratorio.

—Buenos días muchacho. ¿Preparado para ser el primer hombre en viajar a través del tiempo?

—Preparado e impaciente.

—Bien, vamos a hacer las últimas comprobaciones antes del experimento.

—De acuerdo profesor, asegurémonos de que todo está correcto.

Las comprobaciones les llevaron cerca de tres horas al final de las cuales, ambos hombres coincidieron en que todo estaba correcto. Marc se sentó ante los mandos de la máquina.

El profesor cuevas le entregó una caja metálica dentro de la cual había una hoja de papel en la que el profesor había escrito un sencillo mensaje: Esta es la prueba de que los viajes a través del tiempo son posibles. Junto a la hoja había un sofisticado cronómetro que podía contabilizar hasta un siglo de tiempo.

El plan era que Marc viajaría diez años al pasado, pondría en marcha el cronómetro, enterraría la caja en el jardín de su casa y volvería. A su regreso, ambos irían al jardín a desenterrar la caja. Gracias al cronómetro sabrían lo precisa que era la máquina del tiempo.

—Buena suerte muchacho.

—Profesor, antes de marchar quiero agradecerle que me diera esta oportunidad de colaborar en su proyecto.

—Te lo mereces, muchacho, te lo mereces. Buen viaje.

Marc conecto la máquina, pulsó los controles adecuados y el vehículo temporal desapareció de la vista.

II

Miércoles, 2 de junio de 2121

El despertador empezó a sonar a las 8:30 como todas las mañanas. Marc Salas se revolvió en la cama, apagó la alarma y se levantó.

Tomó una ducha y con la toalla envuelta en la cintura se dirigió al armario. Tomó el siguiente juego de prendas y se vistió.

Fue a la cocina para prepararse el desayuno, los miércoles tocaba desayunar huevos revueltos.

¿No había tomado huevos revueltos ayer? No, imposible, hoy era miércoles y hoy tocaban los huevos. Sin embargo, no pudo evitar la sensación de haber desayunado huevos el día anterior, así que por una vez, se saltó la lista y tomó el desayuno de los jueves: fruta y cereales con leche.

Después de desayunar cogió el coche y tomó el camino al laboratorio. Estaba impaciente por empezar su viaje a través del tiempo.

La mujer le distrajo de sus pensamientos, venía andando por la acera en dirección opuesta a la suya y estaba realmente estupenda. Giró la cabeza para no perder de vista a esa belleza cuando por el rabillo del ojo vio algo en la carretera, era un balón de fútbol. Dio un pisotón al pedal de freno y el vehículo se detuvo con un fuerte chirrido de los neumáticos, acto seguido apareció el inevitable niño persiguiendo el balón. Suerte que tenía una buena visión periférica, sino habría atropellado al maldito crío. Cuando su corazón recuperó el ritmo normal puso en marcha el coche y continuó su camino sin apartar la vista de la calle.

* * *

—Buenos días profesor —dijo al entrar en el laboratorio.

—Buenos días muchacho. ¿Preparado para ser el primer hombre en viajar a través del tiempo?

—Preparado e impaciente.

—Bien, vamos a hacer las últimas comprobaciones antes del experimento.

—De acuerdo profesor, asegurémonos de que todo está correcto.

Las comprobaciones les llevaron cerca de tres horas al final de las cuales, ambos hombres coincidieron en que todo estaba correcto. Marc se sentó ante los mandos de la máquina.

El profesor cuevas le entregó la caja metálica dentro de la cual estaban el mensaje y el cronómetro.

—Buena suerte muchacho.

Marc no podía sacarse de la cabeza una extraña sensación.

—Profesor, ¿no tiene la sensación de que ya hemos hecho esto antes?

— ¿Una sensación de déjà vu?

—Si.

—La verdad es que yo también la tengo, que raro. ¡Bah! Seguramente estará provocada por todas las veces que hemos hablado de este momento.

—Si, debe ser eso. Profesor, antes de marchar quiero agradecerle que me diera esta oportunidad de colaborar en su proyecto.

—Te lo mereces, muchacho, te lo mereces. Buen viaje.

Marc conecto la máquina, pulsó los controles adecuados y el vehículo temporal desapareció de la vista.

III

Miércoles, 2 de junio de 2121

El despertador empezó a sonar a las 8:30 como todas las mañanas. Marc Salas se revolvió en la cama, apagó la alarma y se levantó.

Tomó una ducha y con la toalla envuelta en la cintura se dirigió al armario. Tomó el siguiente juego de prendas y se vistió.

Fue a la cocina para prepararse el desayuno, los miércoles tocaba desayunar huevos revueltos.

¿No había tomado huevos revueltos ayer? ¿O fueron los cereales? Que tontería, los cereales eran para los jueves, y los huevos para los miércoles, así que no pudo tomar ninguno de los dos ayer. ¿O si lo hizo? Y si lo hizo, ¿qué desayunó ayer? ¿Los huevos o los cereales?

—Maldita sea, ayer era martes, por lo tanto desayuné salchichas.

Abrió la nevera para sacar los huevos pero se dio cuenta de que con todo ese lío en su cabeza ya no tenía hambre. Tomó solamente un café y salió a la calle.

Cogió el coche y tomó el camino al laboratorio. Estaba impaciente por empezar su viaje a través del tiempo.

La mujer le distrajo de sus pensamientos, venía andando por la acera en dirección opuesta a la suya y estaba realmente estupenda. Aún faltaban unos metros para que la mujer llegara a su altura cuando dio un fuerte pisotón al pedal de freno y volvió la vista al frente. Un segundo después un balón de fútbol apareció botando entre dos coches aparcados y poco después del balón el inevitable niño persiguiéndolo.

— ¡Joder! ¿Cómo sabía yo que ese crío iba a cruzar sin mirar?

* * *

—Buenos días profesor —dijo al entrar en el laboratorio.

—Buenos días muchacho. ¿Preparado para ser el primer hombre en viajar a través del tiempo?

—Preparado e impaciente.

—Bien, vamos a hacer las últimas comprobaciones antes del experimento.

—De acuerdo profesor, asegurémonos de que todo está correcto.

Las comprobaciones les llevaron cerca de tres horas al final de las cuales, ambos hombres coincidieron en que todo estaba correcto. Marc se sentó ante los mandos de la máquina.

El profesor cuevas le entregó la caja metálica dentro de la cual estaban el mensaje y el cronómetro.

—Buena suerte muchacho.

Marc no podía sacarse de la cabeza una extraña sensación.

—Profesor, ¿no tiene la sensación de que ya hemos hecho esto antes?

— ¿Una sensación de déjà vu?

—Si.

—La verdad es que yo también la tengo, que raro. ¡Bah! Seguramente estará provocada por todas las veces que hemos hablado de este momento.

—Si, debe ser eso. Profesor, antes de marchar quiero agradecerle que me diera esta oportunidad de colaborar en su proyecto.

—Te lo mereces, muchacho, te lo mereces. Buen viaje.

Marc conecto la máquina, pulsó los controles adecuados y el vehículo temporal desapareció de la vista.

IV

Miércoles, 2 de junio de 2121

El despertador empezó a sonar a las 8:30 como todas las mañanas. Marc Salas se revolvió en la cama, apagó la alarma y se levantó.

Tomó una ducha y con la toalla envuelta en la cintura se dirigió al armario. Tomó el siguiente juego de prendas y se vistió.

Fue a la cocina para prepararse el desayuno, los miércoles tocaba desayunar huevos revueltos.

— ¡Mierda! ¿Qué cojones está pasando aquí?

Salió corriendo de casa y se montó en el coche.

—Esto esta mal, pero que muy mal.

Tomó el camino al laboratorio, la verdad es que todo esto del viaje temporal estaba empezando a darle mala espina. De pronto dio un pisotón al pedal de freno y el coche se detuvo con un chirrido de neumáticos.

Pasaron varios segundos. ¿Donde coño estaba el crío del balón de fútbol? ¿Y la mujer?

—Joder, hoy he salido media hora antes de casa, aún falta ese tiempo para que pasen por aquí. Pero... ¿Cómo puedo saber yo eso?

* * *

—Buenos días profesor —dijo al entrar en el laboratorio.

—Buenos días muchacho. ¿Preparado para ser el primer hombre...?

Ambos hombres se miraron fijamente.

—Marc, muchacho. Aquí está pasando algo muy raro.

—Estamos repitiendo el mismo día una y otra vez. ¿Es eso?

—Eso me temo.

— ¿Cómo es posible?

—He estado pensándolo desde que me he despertado esta mañana con esta extraña sensación de repetición. Creo que algo debió de funcionar mal en tu viaje. Se creó un bucle temporal que nos obliga a repetirnos una y otra vez.

— ¡Joder! Esto parece un maldito episodio de La Dimensión Desconocida.

— ¡Ese lenguaje, muchacho!

—Déjese de lenguaje profesor. ¿Qué vamos a hacer ahora?

—Bueno, como ya te he dicho, llevo toda la mañana pensándolo. Creo que si no emprendes el viaje, romperemos el bucle.

— ¿Cree?

—No puedo estar seguro. Nunca se había hecho algo así, somos pioneros en este campo.

— ¿Y que vamos a hacer mientras tanto?

—Creo que debemos tomarnos el día libre. Vuelve a casa, muchacho. Mañana será otro día, si tenemos suerte.

—No le veo yo muy seguro, profesor.

—¡Oh, lárgate ya!

V

Miércoles, 2 de junio de 2121

El despertador empezó a sonar a las 8:30 como todas las mañanas. Marc Salas se revolvió en la cama, apagó la alarma y se levantó.

Tomó una ducha y con la toalla envuelta en la cintura se dirigió al armario. Tomó el siguiente juego de prendas y se vistió.

Fue a la cocina para prepararse el desayuno, los miércoles tocaba desayunar huevos revueltos.

— ¡No, otra vez no!

Salió corriendo de casa y se montó en el coche.

—Esto esta mal, pero que muy mal.

Tomó el camino al laboratorio, la verdad es que todo esto del viaje temporal estaba empezando a darle mala espina. Evitó a duras penas la intención de dar un pisotón al pedal de freno cuando le vino a la mente las imágenes de la mujer y el crío del balón de fútbol y continuó hasta el laboratorio.

* * *

—Buenos días profesor —dijo al entrar en el laboratorio.

—Buenos días muchacho.

—No hemos arreglado nada.

—No. Seguimos en el bucle temporal.

— ¿Se le ocurre alguna otra idea?

—Pues si, poco antes de que llegaras se me ocurrió algo que podría funcionar.

— ¿De qué se trata?

—Bueno, podrías viajar a ayer por la noche y sabotear la máquina. Si haces eso, hoy no podremos viajar, ninguno de los hoy que hemos vivido. Si hoy no viajamos, ninguno de todos estos hoy quiero decir, el bucle simplemente nunca se habrá creado.

—Menudo embrollo.

—Pero podría funcionar.

—De acuerdo, vale la pena intentarlo.

Marc se sentó ante los mandos y los programó para las once de la noche del día anterior, a esa hora el laboratorio estaría vacío. Pulsó el botón de puesta en marcha y el vehículo temporal desapareció de la vista.

* * *

Marc se encontró ante los mandos del vehículo temporal. Miró hacia el exterior y vio a través de las ventanas del laboratorio que era de noche. Para asegurarse salió del vehículo y consultó el cronómetro de sobremesa que había en el laboratorio. Eran las veintitrés horas y dos minutos del 1 de junio de 2121. Fue hacia la caja de herramientas que estaba en uno de los armarios y cogió un martillo. Volvió al interior del vehículo y la emprendió a martillazos con el panel de mandos.

VI

Miércoles, 2 de junio de 2121

El despertador empezó a sonar a las 8:30 como todas las mañanas. Marc Salas se revolvió en la cama, apagó la alarma y se levantó.

Tomó una ducha y con la toalla envuelta en la cintura se dirigió al armario. Tomó el siguiente juego de prendas y se vistió.

Fue a la cocina para prepararse el desayuno, los miércoles tocaba desayunar huevos revueltos.

— ¡Oh, oh!

Cogió el teléfono y llamó al laboratorio, le contesto la voz familiar del profesor.

— ¿Eres tú Marc?

—Si profesor, soy yo. ¿Qué ha pasado?

—Los mandos del vehículo temporal están destrozados, la máquina está inservible. Hiciste un buen trabajo anoche.

—Entonces... ¿Hemos roto el bucle?

—Me temo que tendremos que esperar hasta mañana para saberlo.

—Si es que hay un mañana.

—Esperemos que si, muchacho, esperemos que si.

VI

Jueves, 3 de junio de 2121

El despertador empezó a sonar a las 8:30 como todas las mañanas. Marc Salas se revolvió en la cama, apagó la alarma y se levantó.

Tomó una ducha y con la toalla envuelta en la cintura se dirigió al armario. Tomó el siguiente juego de prendas y se vistió.

Fue a la cocina para prepararse el desayuno, los jueves tocaba desayunar fruta y cereales con leche.

— ¡Un momento! ¿De verdad es jueves?

Fue corriendo al salón y consultó el cronómetro.

— ¡Es Jueves! —gritó dando un salto de alegría.

Cogió el teléfono y llamó al profesor.

— ¿Marc, eres tú? — le respondió la familiar voz del profesor.

—Profesor, lo hemos conseguido, hoy es jueves.

—Me he dado cuenta de ello, muchacho.

—Profesor, le comunico oficialmente que me tomo un mes de vacaciones a partir de hoy mismo.

—Muy bien muchacho. Yo voy a hacer lo mismo. Pero antes voy a desmantelar ese maldito trasto y a quemar todas mis notas.

—Felices vacaciones, profesor.

—Lo mismo te deseo, muchacho. Creo que ambos nos las merecemos.

FIN.

© Lorenzo Salgado, (2.478 palabras) Créditos