¿DE DÓNDE VENIMOS?
Marco Baturán
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En algún lugar, en un pequeño sistema solar al borde de la Galaxia de Andromeda, en un planeta tipo T-III, una niña pequeña mira embelesada las estrellas. Su madre, la más importante Historiadora de la Comunidad, se acerca para decirle que tiene que ir a dormir.

Pero antes de poder decir nada, la pequeña, sin volver la mirada de las estrellas, pregunta:

—Mama ¿De donde venimos todos?

La madre para un segundo indecisa y sonríe, decide agacharse y sentarse a su lado. Como todos los niños, es curiosa y ansiosa de conocimiento.

—¿No querrás decir de donde vienes tu cariño?

—No mamá, lo que quiero saber es: ¿De donde somos todos nosotros?

Ella se enternece ante su pregunta.

—Mira cariño, hace mucho, mucho tiempo, unos pocos vinieron a este mundo en sus naves espaciales después de dormir profundamente durante un largo viaje. Les gusto este sitio y decidieron establecer su hogar aquí.

—Eso ya lo se. ¿Pero de donde vinieron los primeros colonos?

—Vaya no sabía que ya habías empezado con nuestra historia.

—Lo leí ayer en tu biblioteca, cuando terminé ese tema tu sistema me dijo que soy muy pequeña para entender lo que viene después, pero eso no es verdad —dice llena de toda la indignación del universo, con sus bracitos cruzados sobre el pecho.

Su madre sonríe y acaricia esa pequeña cabeza que promete mucho, orgullosa de la insaciable curiosidad e inteligencia que ha caracterizado a su estirpe los últimos tres millones de años.

—Cielo, no te enfades, mañana la desbloqueare y te ayudaré con los temas que tienes que escoger. ¿Te parece?

—Vale, pero no puedes decirme al menos un poquito de que va. ¿Porfi?

Ella no puede resistirse y reflexiona durante unos instantes sobre los conceptos puede comprender su hija.

—Muy bien, vamos de adelante hacia atrás ¿Te parece?

—Hummm, ¡Vale!

—Como ya he dicho antes, unas personas llamadas colonos llegaron aquí hace mucho tiempo ¿Pero de donde crees que vinieron ellos?

Ese pequeño entrecejo se frunció concentrado en la tarea de pensar intensamente.

—Hummm, ¿De otro planeta como el nuestro?

—¡Muy bien! ¿Pero como crees que lo hicieron?

—No lo se.

—Pues lo hicieron en naves espaciales y en ellas para ir de un sitio a otro viajaban dormidos profunda mente para no aburrirse, mientras sus maquinas inteligentes les cuidaban.

—¿Sus maquinas eran tan listas como nuestra biblioteca?

—No, no lo eran tanto como lo son ahora.

—¿Y por que se fueron de su planeta?

—Buena pregunta. Supongo que por que no estaban a gusto en su hogar o por curiosidad y querían saber que había aquí.

—¿Y de ahí venimos? ¿De un planeta anterior?

—No cielo. Es más complicado que eso. Ellos a su vez vinieron de otro y otro y otro anterior a ese.

—¡Entonces siempre viajamos!

—¡Ja ja ja! No, hubo un tiempo en que solo teníamos un planeta.

—¿Y esta en nuestra galaxia?

—Esta en otra, a un millón de años luz, se llama Vía Láctea y fue antes que nuestros antepasados hicieran el Gran Salto atravesando el vació para llegar aquí.

—¿Y como lo hicieron? Tenían que ser muy listos.

—Eran no solo listos, si no muy valientes. Dejaron todo atrás para jamás volver.

—¿Y ellos salieron de su planeta directamente para ir a nuestra galaxia?

—No, antes colonizaron toda la Vía Láctea. Les costó dos millones de años. Salían de su planeta y dormían mil años hasta llegar a su destino, se quedaban y formaban un hogar. Y vuelta a empezar.

—Que gente más valiente. ¿Y cómo se llamaba el primer planeta?

—Tierra.

—¿Y su estrella?

—Sol.

—¿Y cómo era?

—Tres cuartas partes agua y el resto tierra.

—¡Vaya! Y podemos verla desde aquí?

—No cielo, esta muy, muy lejos. Podemos ver su galaxia porque nuestro planeta esta al borde de la nuestra. Pero creo que puedo hacer algo para que la veas.

—Si, por favor, quiero ver la Tierra. Debe de ser como la mama de los planetas ¿Verdad?

Ríe por dentro la gracia de su hija y entonces cierra los ojos para concentrarse en su conexión con la red planetaria buscando algún telescopio espacial en activo que pueda apuntar directamente al brazo de Orión, en la Vía Láctea, a treinta mil años luz del núcleo de esa galaxia. Y entonces detecta la antigua luz de un millón de años de antigüedad que parte de la superficie del planeta madre llegando a su hogar. Coge la mano de la pequeña y la orienta hacia donde apunta más o menos en la esfera celeste, extendiendo el dedo hacia una pequeña galaxia de espiral y entonces envía al cerebro de su hija la imagen del archivo de la Comunidad para que vea con sus propios ojos como es el hogar y cuna de su especie.

—¡Oooh! Que bonita es. Hola, Tierra.

Se queda embelesada con los ojos como platos mirando al cielo en el regazo de su madre, hasta que cierra los ojos vencida por el sueño y se duerme con la imagen en su mente y una sonrisa en la cara.

© Marco Baturán, (858 palabras) Créditos