VIVIREMOS PARA SIEMPRE
Daniel Frini
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Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento (...) Llevaré adelante ese régimen, el cual de será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror.

Hipócrates, siglo II DC.

Uno

El 10 de octubre de 2006, a las 12:54, hora local, el Doctor H. Nyls Valentin (por supuesto, la H indica su condición de nacido humano y según el método tradicional) descubrió el secreto de la inmortalidad.

Así lo registra la placa principal del monumento dedicado a su memoria en el Volkspark Friedrichshain, en Berlín, Alemania; y lo corroboran las crónicas de la época, las enciclopedias y las publicaciones de divulgación científica que se han preservado. Su nombre bautizó ciudades, escuelas, parques y, por supuesto, hospitales. Se lo considera un prócer de la Medicina y es conocido el culto popular alrededor de su figura, que lo elevó a la categoría de Santo Sanador, seguido por muchos de aquellos que curaron sus males usando sus remedios.

Como se puede sospechar, aseverar que H. Nyls Valentin descubrió la inmortalidad es pretensioso, y difiere bastante de lo que ocurrió en realidad. Por una parte, H. Nyls Valentin nunca fue doctor en medicina —sólo recibió el título honorífico poco antes de morir—; por otra, se ha podido reconstruir otra versión más creíble: ese día en particular, el médico clínico Nyls Valentin estaba en su hora de almuerzo, distrayéndose en la lectura de una crítica al libro del biogerontólogo H. Aubrey de Grey The Mitochondrial Free Radical Theory of Aging tomada de la publicación Recherche Médicale de la Facultad de Medicina de Montpellier, que atacaba la senescencia negligible ingenierizada propuesta por de Grey.

En el artículo se hacía una descripción de los telómeros presentes en cada cromosoma y su papel en el proceso replicativo de las células, el control sobre la velocidad de división celular y el acortamiento de los telómeros en las sucesivas divisiones.

Valentin entendía sólo la mitad de lo detallado en el artículo. Era un médico menos que mediocre, acostumbrado a recetar tres o cuatro remedios que, según su visión, cubrían el espectro de dolencias de sus pacientes. Sin embargo, ambicionaba la consideración de sus pares. Escribió al Recherche Médicale observando que no se mencionaba la cantidad de divisiones admitidas antes de que la célula colapse. Esa carta —nunca respondida por el Recherche — llegó de manera fortuita al doctor H. Grigory Zavrilov, de la Compagnie Médicale Laroche; quien, a partir de su lectura entrevió una línea de trabajo, y fue desde la carta de Valentin hasta los escritos de H. Jay Olshansky —otro biogerontólogo de la misma escuela de de Grey—; y con su grupo de investigación, idearon una manera de hacer infinita la cantidad de divisiones posibles, utilizando técnicas de mutagénesis dirigida de oligonucleótidos. Tras unos veinticinco años de investigación, desarrollo y pruebas de laboratorio, en marzo de 2031, se registró en un grupo de ratones del Laboratorio 6 de Laroche, una sobrevida promedio del quinientos por ciento, respecto a la vida media natural. A partir de allí, se probó la mutagénesis en humanos. (Valga la digresión; este es, también, el origen de la leyenda del ratón de Laroche, escapado del Laboratorio 6, que aún sigue vivo en el sistema cloacal de París.). El primer resultado prometedor, se observó en un grupo de ancianos del Hôpital Pitié Salpêtrière, en el boulevard de lHôpital, en París; con remisiones cancerígenas importantes.

Diez años después los avances habían sido impresionantes y las terapias estaban instaladas y reconocidas.

Algunas coyunturas políticas del gobierno francés de turno, ajenas a los desarrollos de Laroche, necesitaron resaltar la figura del esfuerzo individual por sobre el trabajo en grupo, y entonces resucitaron la figura de H. Nyls Valentin, anciano y olvidado, quien recibió el reconocimiento por su trabajo revolucionario. Sin embargo, Valentín jamás entendió por qué se lo agasajaba, debido a su Alzheimer, que las terapias originadas en su carta al Recherche Médicale hubiesen curado sin problemas. En esas circunstancias era la persona ideal para considerar como padre del descubrimiento, incluso para los directivos de Laroche, que así limitaban las pretensiones de cualquier otro investigador de la Compañía, de acreditarse los méritos de la nueva tecnología.

H. Nyls Valentin murió el 12 de junio de 2043.

Este fue el comienzo de la Tecnología de la Inmortalidad. Dentro de Laroche se trabajó en otros aspectos relacionados con el conjunto de modificaciones que aparecen en los seres vivos como consecuencia de la acción del tiempo. Se desarrollaron terapias de aumento de copias del genoma, de restitución de tejidos y reparación molecular. Se abrieron varios caminos de estudio, algunos de las cuales, a posteriori, se convirtieron en ramas de la ciencia médica por derecho propio, entre ellos, la clonación inducida o la manipulación genética alfa que derivaron en la aparición de los genotipos M y C.

Por fin, se logró controlar y mantener en stand by la muerte celular mediante un control en los genes inhibidores de los cromosomas uno y cuatro; con lo cual se estaba en condiciones de hacer virtualmente inmortal, desde el punto de vista fisiológico, a cualquier ser vivo.

En ese entonces, la humanidad sumaba unos nueve mil millones de individuos, todos del genotipo H.

Dos

El General Doctor M. Walter Xaubet (por supuesto, la M indica su condición de humano modificado genéticamente) tenía doscientos cincuenta y tres años cuando accedió a la Presidencia del Directorio de la Compagnie Médicale Laroche, en el año 2285; y, por lo tanto, se convirtió en presidente de la humanidad.

Su llegada al más alto cargo de gobierno dio por terminada la era absolutista del poder médico, y desató la Crisis Final y La Guerra.

La historia dice que, al contrario de lo que podría esperarse, durante la época de los desarrollos de la Tecnología de la Inmortalidad no hubo nadie que quisiese sacar provecho para sí, aún cuando todos quienes participaban en estos trabajos eran concientes de sus implicancias. En un principio, las intenciones de la Compañía eran moral y éticamente correctas, y no estaban teñidas de codicia y ambición. El ambiente de trabajo en los Laboratorios era de un optimismo esperanzador y se creía posible llegar, con las nuevas curas, a toda la población del mundo.

Sin embargo, la presión de los gobiernos de los países centrales para tener la exclusividad sobre estas tecnologías fue muy grande, y no repararon en medios para hacerse con ellas: de esa época data el atentado en el que murieron los Doctores H. Sign Shalasian y H. Thomas Walright, Presidente y Vice del Directorio de Laroche, cuya autoría siempre se atribuyó al gobierno chino. En esos primeros años, Laroche jugó muy bien sus cartas y soportó esas presiones con, según la cita textual de las actas de la empresa del 12 de noviembre de 2042, el pleno convencimiento que poner la inmortalidad en manos de un solo gobierno para que la utilice discrecionalmente, no es el propósito ni el interés de los que conformamos Laroche; quienes tenemos la seguridad del peligro que este manejo unilateral lleva implícito.

Pero, la política corporativa de Laroche fue cambiando y hacia principios del 2063 se planteó, de manera directa, la venta de la Tecnología de la Inmortalidad al mejor postor. Las ofertas, impresionantes, convencieron hasta los integrantes más reticentes del Directorio de la Compañía del poder que tenían en sus manos, y terminaron preguntándose por qué venderlo en lugar de ejercerlo. Esa fue la semilla de la línea política que dio origen a la Medicinocracia. El primer Gobierno Médico surgió en 2075.

La Tecnología de la Inmortalidad no fue acompañada de los necesarios cambios psicológicos, sociales y morales que permitiesen una adecuación a las nuevas expectativas de vida de la población. La filosofía y la fe entraron en crisis. Incluso, la falta de respuestas ante los planteos de los fieles hizo que dos de las más grandes religiones del mundo desaparecieran.

Las consecuencias económicas y políticas fueron, igualmente, dramáticas y controvertidas; y originaron fuertes debates que se trasladaron, tal cual veremos, al seno mismo de la Compañía. La brecha abismal entre ricos y pobres; y generó inmensos problemas, nunca resueltos del todo. La alimentación de una población que crecía a ritmos alarmantes en países pobres, falta de trabajo para masas inmensas —se calcula que la desocupación alcanzó el sesenta y cinco por ciento, en todo el mundo, en 2099—; criminalidad creciente y un estado de abulia y resignación general, muy distinto de los deseos de quienes desarrollaron la tecnología, y ahora gobernaban el mundo. A principios del siglo XXII se recurrió al terrorismo de estado para mantener cierto orden en la población; lo que dio comienzo a la Era Absolutista del Poder Médico y a una estructura militar dentro de la propia Compañía para llevar adelante funciones de policía.

El Doctor H. Walter Xaubet trabajó desde joven en Laroche, y destacó como investigador en la Manipulación Genética Alfa —MGA—, llegando a experimentar la corrección genética enzimática de ADN en su propio cuerpo convirtiéndose en uno de los primeros humanos modificados genéticamente, cambiando su genotipo de H a M y expandiendo sus capacidades mentales a niveles nunca alcanzados por ningún humano. Alrededor de 2092, cuando se establecieron de manera definitiva los genotipos, pasó a llamarse Doctor M. Walter Xaubet. En 2115 fue incorporado a las filas militares con el grado de Coronel Doctor, con el cual se hizo cargo de la Campaña de Limpieza del África Oriental. Siempre se mostró orgulloso de que en Su Campaña, como la llamaba, se hubiesen eliminado setenta y cinco millones de genotipos H. En 2136 fue nombrado General Doctor.

También dio importantes pasos en la Clonación Inducida —CI, consistente en inducir en células tomadas de un donante las modificaciones necesarias para lograr ciertos propósitos (por ejemplo: mayor fuerza física) e implantarla en el receptor, sea éste humano o artificial—. En 2089 nacieron los primeros doscientos ochenta y tres clones, sobre trescientos cincuenta implantados; inaugurando el genotipo C.

En 2149, la población del mundo era de cincuenta y cinco mil millones de personas del genotipo H, catorce millones del genotipo M y trescientos veintiséis millones del genotipo C.

Tres

En la reunión de Directorio del 20 de mayo de 2289 el Doctor C. Charles Wolfsteller (por supuesto, la C indica su condición de humano nacido clon) se opuso abiertamente a las directivas absolutistas del General Doctor M. Walter Xaubet, se levantó de la mesa y, junto a sus allegados, abandonó la Compagnie Médicale Laroche y se dirigió a los Laboratorios Beta; en el lado uruguayo de la desembocadura del Chuí.

Desde la época del Primer Gobierno Médico se generaron, dentro del Directorio de la Laroche, dos posiciones antagónicas: la facción mayoritaria, que siempre detentó el poder, es conocida como Absolutista y estuvo, desde la década del 2090, dirigida por individuos del genotipo M. A los opositores se los llamó Betas y, casi siempre, estuvieron encabezados por genotipos C.

Vistos a nuestra luz, con ecuanimidad y según nuestra ética, en algunos puntos la posición de los Absolutistas era preferible a la de los Beta, pero en otros era exactamente al contrario. Los enfrentamientos, inicialmente circunscriptos a la mesa del directorio, fueron llevados muchas veces a terreno llano, y en el episodio mencionado del 20 de mayo de 2289 se desencadenó la división irreconciliable entre ambos grupos que, finalmente, desembocó en el enfrentamiento bélico que hoy conocemos como La Guerra.

No se sabe, de manera exacta, qué desencadenó el conflicto —por aquel entonces, las reuniones de Directorio eran secretas—, pero se supone que estaban relacionadas con la moción de esterilización obligatoria de los genotipos H. Sí se sabe que ni Absolutistas ni Betas se oponían a tal proyecto, pero parecen haber diferido en sus alcances e implementación.

Se sabe hoy que los Beta construyeron varios laboratorios, duplicando las instalaciones de la Laroche en distintas partes del mundo, en previsión de esta división que finalmente ocurrió. Es muy probable que al menos unas quince de estas instalaciones hayan sido destruidas por los Absolutistas, aunque se piensa que nunca dieron con el laboratorio del Chuí.

Tampoco está claro a quién atribuirle la fabricación del Virus, un nanomotor cuántico autorreplicante, con una carga radioactiva capaz de actuar sobre la apoptosis de la célula; o bien acelerándola, con lo cual el organismo infectado moría en cuestión de horas; o bien salteándola, con lo cual la célula entraba en un estado de mutación sumamente veloz.

El Virus se liberó en las primeras horas de la mañana del 3 de marzo de 2292. Se estima que para la media tarde del día siguiente, nueve décimas partes de la población mundial, entonces de unos noventa mil millones de individuos (incluidos genotipos H, M y C), había muerto. La décima parte restante, murió en los tres años siguientes, la mayoría de ellos de uno u otro modo de manifestación cancerígena.

Han llegado hasta nosotros manifestaciones de algunos científicos en el sentido de que tanto Absolutistas en los laboratorios de Laroche, en París; como Betas en el Amazonas buscaron frenéticamente detener la acción del virus; y aunque se cree que se lograron algunos avances; sí está claro que no alcanzaron resultados satisfactorios a tiempo.

Como era de esperar, también se usaron armas convencionales, químicas y de destrucción masiva Es bastante probable que la propia Laroche sea responsable por las tres bombas de hidrógeno que estallaron en el subte de París en julio de 2294 y que destruyeron sus laboratorios y la mayor parte de su arsenal, se cree que lo hicieron en prevención de un ataque de virus imposible de controlar y que los hubiese sacado de combate de todas maneras.

Por otra parte, a los Beta se les responsabiliza por la destrucción de las poblaciones civiles de la Antártida que se sabían opositoras a la Laroche, aunque parecen haber contenido núcleos de individuos absolutistas. Nunca se atribuyeron esta operación, pero siempre hablaron de La limpieza étnica de la Antártida.

En 2296, finalmente, estallaron las bombas K. Se calcula que fueron unas catorce mil seiscientas en toda la superficie de la tierra. Se cree, además, que formaban parte de un mecanismo de autodestrucción instalado por una de las dos facciones beligerantes; respondiendo a una premisa del tipo si nosotros morimos, ustedes también, y que se activó al desaparecer el último jefe de esa facción.

No se conoce la naturaleza de las bombas K. Se presume que se pueden haber construido en base a estroncio 90 o cesio 137, aunque estos isótopos no corresponden con el período de semidesintegración calculado a partir de nuestras mediciones, y que estimamos en unos veinte mil años.

La radiación imperante actuó sobre los nanomotores, y para el año 2300, el virus se había extinguido.

Cuatro

Llamamos La Gran Crisis al hecho de que la medicinocracia traicionó los postulados originales de quienes desarrollaron la inmortalidad; y en su codicia se arrogó el derecho de decidir quién debía gozar de ese privilegio; es decir, quién vivía y quien moría. Esto la llevó a La Guerra y provoco la Extinción.

Conseguir la inmortalidad trajo aparejada la completa eliminación de la raza humana y de todas las especies vivas, animales y vegetales, que poblaron alguna vez la tierra. Por supuesto, ya no quedan genotipos H, nacidos humanos según el método tradicional; ni genotipos C, nacidos clones; ni genotipos M, modificados genéticamente.

Sólo quedamos nosotros, inmortales por definición. La población actual de la Tierra es de unos dos mil quinientos individuos. Todos médicos.

Nos correspondió la tarea de rescatar lo que fuese posible de esta tragedia.

Nuestros técnicos estimaron oportunamente las posibilidades de que ocurriesen los hechos mencionados, en un noventa y tres por ciento. Ante tan alarmante perspectiva, mucho antes de la Gran Crisis, alrededor del 2150, comenzamos en secreto la construcción de los laboratorios Kappa, en Nepal, con la finalidad de preservar muestras de ADN de cada una de las especies y razas que habitaban la tierra, en cuanto nos fue posible rescatarlas.

Actualmente, nuestros científicos estiman que, para cada una de las muestras guardadas, las posibilidades de que resulten útiles una vez que la Tierra deje de ser radioactiva, disminuyen en un veinte por ciento cada cinco mil años. Esa es la razón por la cual no guardamos ADN de los genotipos M y C, que consideramos derivados del H.

En otro aspecto de nuestro trabajo, que iniciamos en la misma época y que hoy es el más importante, tratamos de preservar el conocimiento acumulado, incluso la Tecnología de la Inmortalidad. Cada uno de nosotros es experto en un área específica, y recorremos la superficie de la Tierra, en territorios que han sido delimitados para cada una de nuestras familias, rescatando información de las viejas ciudades que aún encontramos en pié. No pretendemos entender todo lo que llega a nuestras manos, tarea que sería absurda; sino sólo guardarla para su utilización una vez que la Tierra sea nuevamente habitable para los genotipos extinguidos.

La discusión que hoy nos ocupa, no es tanto médica como filosófica. Algo que no es nuestro fuerte, y se centra en resolver cuán ético puede resultar regenerar a los humanos del genotipo H y brindarles nuevamente los desarrollos técnicos alcanzados. La postura más aceptada es la de darles todas las herramientas; excepto, justamente, la Vida Eterna.

Algunos, como yo, somos partidarios de no regenerarlos jamás.

Mi nombre es A. Utnapishtim Gamma.

Utnapishtim en honor del personaje de la vieja de la leyenda sumeria, la Epopeya de Gilgamesh, quien poseía el conocimiento de la inmortalidad. Gamma es mi familia y el nombre de mi territorio asignado. La A, por supuesto, indica mi condición de nacido androide.

© Daniel Frini, (3.334 palabras) Créditos