REFLEXIONES DENTRO DE UNA ESFERA PLATEADA
Adhemar Terkiel
Jane Spauldin, Pixabay License

Si me pudro de todo esto, soy capaz de aceptar la insistente propuesta de Vanina y me voy con ella a poblar la nueva colonia recién establecida en Titán. Total, no pierdo nada. Si el problema es Melisa, ella está out y no se va a enterar en absoluto de lo que yo decida hacer.

* * *

El otro día invité a cenar a casa a Richy, un viejo amigo al que hacía largo tiempo que no veía, al menos personalmente. Nunca dejamos de estar en contacto gracias a la red, pero sentía muchos deseos de encontrarlo cara a cara, a pesar de todos esos cambios que se han ido produciendo en su vida y su aspecto. Es que las cosas no le han estado rodando de acuerdo a sus expectativas. Luego de su emigración a la colonia Bradbury en Marte, lleno de ilusiones, sus circunstancias han ido cambiando hasta volverlo un tipo irreconocible. Es que morando allí, contrajo la fiebre marciana, esa extraña e incurable enfermedad que tiene a muy mal traer a varios de los médicos que habitan en ese planeta. Siguen investigando, desgastando sus sesos, pero no logran encontrar las causas ni el antídoto que resuelva la situación para aquellos desdichados que caen víctimas del mal, o al menos eliminar sus efectos devastadores sobre la salud del prójimo.

Conversamos largamente y me contó los pormenores de su mal. Está condenado a vivir por el resto de su existencia dentro de ese traje aislante que lleva siempre puesto. No se lo puede quitar bajo ningún concepto porque la enfermedad es terriblemente contagiosa y haría grandes estragos en la población. Me dice que si encontraran el antídoto que lo dejara tan solo como portador, sin transmitir la enfermedad, ya eso lo convertiría en el hombre más feliz del sistema solar.

También está la posibilidad de trasladarse a la base orbital de Japeto, donde viven los infectados, pero eso lo considera aún peor que su traje aislante.

—Fijate —me dijo—, los que optaron por esa solución están aceptando ser marginados sociales de por vida, individuos descartados y olvidados por la humanidad. Debe ser lo peor que a un hombre cuerdo le puede pasar.

Él piensa que ningún científico se preocupa por la solución a su problema, que hay demasiadas cosas en el espacio mucho más interesantes que lo suyo. Entonces, quienes van a la estación, ya saben que de ahí no saldrán jamás.

Así fue que nos despedimos con un hasta pronto aunque por su expresión comprendí que aquello fue un adiós. Me quedé tras la ventana mirándolo alejarse hasta que se perdió de vista al doblar en la primera esquina. Quienes lo veían pasar, tenían una expresión de pena en sus miradas, que se perdía una vez que se distanciaban de él.

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El año pasado Lucas se contactó telefónicamente conmigo. Usó un sistema de comunicación ya obsoleto desde hace bastante tiempo. Sonaba extraño, y no era para menos. Se le había desprogramado el chip que nos colocan en el cerebro al cumplir los diez años. De esa forma quedó desconectado del mundo, por fuera de la red y sin los imprescindibles accesos al conocimiento que todos disponemos. Parecía estar loco, con una euforia difícil de comprender en un ser humano de nuestra época. Pensé en lo que debía ser una vida al margen del sistema, era como si careciera de brazos y piernas, pero parecía que él no lo consideraba así. Le insistí que fuera a ver a un cirujano, así se lo retiraba y le instalaba un chip más moderno. Su respuesta fue cortante y me dejó anonadado.

—Ahora soy invisible. Estoy más allá de los controles. Puedo por primera vez caminar por la calle sin que nadie sepa dónde estoy ni dónde voy. Desde hoy sí, voy a poder vivir y divertirme a lo grande. Soy libre esto último dicho con una intensidad tal que me asustó.

Me cuesta comprenderlo, tiene la idea de que todos estamos siendo permanentemente monitoreados, que la red no solo nos contacta y nos trae el conocimiento completo, sino que sirve para intereses superiores corruptos e incomprensibles que nos controlan y nos manejan a su antojo. Por supuesto, es una verdadera tontería que no vale la pena ni siquiera tener en cuenta.

Pero, como es lógico suponer, su historia no podía terminar así. Fue monitoreado y capturado por las Fuerzas de Control del Sistema y conducido a un manicomio donde lo reprogramaron, le colocaron un nuevo chip y, cuando salió estaba por completo curado e integrado nuevamente a la sociedad. Otros como él, no pueden soportar el retorno a la normalidad y terminan optando por el suicidio. Pero Lucas no es así, por encima de todas las cosas se trata de un buen hombre y no lo haría, aparte tuvo mucha mejor suerte que Richy. Yo sé que va a salir adelante. Se lo merece.

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También está Melisa, mi compañera inseparable desde hace algo más de ocho años. Vivimos juntos pero nunca hemos tenido hijos, pienso que en nuestro caso eso es algo prácticamente imposible. Es adicta a los programas de realidad virtual que se venden en las Cyber tiendas cerebrales. Un día está cazando monstruos en los valles tormentosos de Venus. Al día siguiente, se encuentra domando huracanes en la atmósfera de Júpiter. Más adelante, se decide a perseguir alienígenas en una guerra interplanetaria más allá de Plutón. Cuando así lo quiere, salta por encima de los volcanes de Io o navega entre los anillos de Saturno.

Sí, esa es su vida, ha caído víctima de la peor droga de nuestra época y me enteré que llegó al punto extremo del que ya no hay ningún posible retorno. Me siento frustrado y fastidiado pero no puedo hacer más nada por ella, así que le permito continuar con sus fantasías. Al menos haciendo eso es feliz y tiene muy escasas posibilidades de hacer daño alguno a sus semejantes.

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Hoy estoy solo. Melisa se fue de viaje a alguno de sus extraños mundos y ningún amigo ha venido a buscarme. Pienso en ir a ver a mis ancianos padres, pero eso me deprime, entonces desisto de hacerlo. El gobierno ha programado para el día de hoy, lluvias intensas ya que corremos riesgos de sequía. Además considera que un mal día siempre es conveniente para mantener a la gente preocupada por algo. Por lo tanto, no me queda otra que sentarme frente a la ventana a ver el paisaje tormentoso. Cuando me canso de observarlo, programo un paisaje tropical, y me deleito la vista con la playa de aguas transparentes, la arena bien blanca y las palmeras en la orilla.

Lucas me dijo en varias oportunidades que ya no existen paisajes así, que todos ellos fueron destruidos por la contaminación ambiental. Pero justamente, si hay alguien a quien no le he creído nunca es a él. Prefiero el optimismo de Franco quien siempre elogia los logros de los científicos y del gobierno. Él es un convencido de que todo lo que se consigue en nuestros días es hecho exclusivamente para el bien social. Me ha asegurado que el mundo nunca fue mejor que ahora;.

—Prestá atención al gran cañón, la selva amazónica, las cordilleras, los glaciares. ¿Te parece que este planeta podría llegar a ser mejor de lo que es? dijo.

—Si es todo tan maravilloso, ¿por qué no podemos subir a un auto aéreo e ir a conocerlo personalmente? le preguntó un incrédulo Lucas.

—¿Para qué? Si de todos modos podemos vivirlo a través de nuestras ventanas. Ayer estuve en Venecia y mañana voy a ir a Nueva York sin necesidad de moverme de mi casa.

Mientras Franco opina que todo está de maravillas, Lucas siempre consideró que esas ciudades fueron destruidas por la polución ambiental. Hasta hoy, que se reintegró a la sociedad como un hombre curado.

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Yo soy un ser común. No me apetece discrepar por las circunstancias en las que me ha tocado vivir, así que las acepto tal cual las recibí; igual no puedo intervenir sobre ellas y mucho menos cambiarlas. No soy tan positivo como Franco, pero mucho menos destructivo que esos grupos de piratas informáticos que de continuo están introduciendo toda clase de virus en el sistema, pensando en hacerlo fracasar. Esos son outsiders, gente desconforme que optó por la marginalidad, como lo hiciera Lucas pero a diferencia de él, llevan todas sus frustraciones encima convertidas en un potente rencor y una terrible sed de venganza. No quiero a esa gente y espero que pronto, todos ellos caigan bajo la égida de la Policía de Control del Sistema y se conviertan en ciudadanos provechosos. Mientras tanto, debemos convivir con los daños que realizan en la red cada vez que pueden.

Por mi parte, cuando preciso emociones diferentes, prefiero contactarme con el servicio de pornografía virtual que, por un módico precio me permite vivir cualquier clase de orgía con las mujeres más sensuales que hombre alguno puede imaginar. Las hay rubias, morenas, de pechos grandes o pequeños, creo que no falta ningún tipo. Solo hay que fijarse en el catálogo y elegir. Tanto las chicas como las situaciones, son producto de las intensas investigaciones de los programadores contratados por la Empresa.

Sé lo que estás pensando, pero no, no soy un adicto como Melisa. Tengo completo control sobre mis actos. Solo lo hago una hora al día.

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Una vez más recibo un mensaje cerebral de parte de Vanina preguntándome cuándo me voy a decidir a dejar de lado a Melisa y acompañarla en su peregrinaje hasta Titán.

—Estoy cansada —me dice con un cierto tono de reproche—, si no te decidís de una buena vez, me voy sola.

No me pongo de acuerdo conmigo mismo, no se si aceptarlo o rechazarlo, ¿qué mierda debo hacer?

* * *

—Mamá, me salió, me salió —el niño corría gritando alegremente sobre sus piernas deslizantes, mientras sostenía en su pequeña mano una esfera de color plateado que brillaba con un tono cada vez más resplandeciente.

—Bravo, lo lograste —le respondió su madre con una sonrisa pletórica de orgullo—. Sos mi hijo superdotado. Algún día cuando crezcas, vas a ser un magnífico ordenador, el mayor de todos.

Ambos se confundieron en un fuerte abrazo metálico mientras el chico le contaba a su progenitora con lujo de detalles, cómo había hecho para llevar a cabo aquella realidad tan compleja. No paraba de hablar, cargado de una contagiosa excitación.

Luego se alejaron tomados de la mano, sonrientes mientras ella iba pensando en cuál sería el próximo juguete (bastante más complejo que la esfera) que le regalaría.

FIN

© Adhemar Terkiel, (1.761 palabras) Créditos