DIOS CREÓ ARRAKIS PARA PROBAR A SUS FIELES
Adán Expósito H.
Cuyahoga, Pixabay License

Camino pues, a solas, como todos... Mis pasos, inciertos ya, resbalan sobre las crestas de arena y sol de este desierto vacío de almas. Y la luz hiriente del sol se clava cual puñal certero en mis ojos claros. Los recuerdos de otros tiempos...otras tierras en verdad son mis recuerdos, se me asoman a la memoria con una curiosa sensación de vértigo y ausencia.

En mis oídos crepita el ulular del viento árido y seco que rompe contra mi cuerpo tal como rompían ayer las mojadas olas. Mi boca no puede hablar cubierta de llagas solo me sirve para respirar este aire denso y arenoso. Paso, tropiezo, paso, resbalo, resbalo, tropiezo, paso, paso... camino así la senda hacia mi horizonte, que permanece inmutable y eterno frente a mis ojos. En realidad no sé cuanto llevo caminando, perdí la cuenta cuando perdí mis pasos y mis pasos llevan ya perdidos mucho, mucho tiempo.

Mi mente insensibilizada por el calor y la falta de agua ignora feliz el siseo, otrora escalofriante, del Sahi-hulud. ¿Pero que más me da? Si no termina mi andar el sol...lo hará la arena rugiente de alguna tormenta. Así qué... ¿qué más me da? Casi prefiero que me engulla la rabia ardiente de mi Dios que ofendido decida purificar mi carne con las llamas que brotan de sus entrañas. Casi prefiero que sus dientes curvos me acojan para rasgar mi alma, rota ya en mil pedazos, y la haga arder en el horno de su cuerpo. Casi. Me escuecen los ojos de no poder llorar ¿A que muerto quiero darle agua? ¿A mi? No. No es por mi que mis ojos vacíos quieren verter mi más preciado Don. No es por mi. Mis dientes crujen sedientos de una sangre que no beberán. Mis puños lacerados y resecos se cierran con la frustración de haber perdido. Pero otros vendrán que nos vengarán.

Sí. Lo sé. En cada canto, en cada piedra, en cada susurro, en el rumor del viento, en el silencio de la noche oscura....en todos sitios se escucha: Venganza, nunca perdonar, nunca olvidar. No seré yo quien lo vea. No será mi Crys el que se hunda en el pecho inmundo de los que deben morir, pero morirán. Nunca perdonar. Nunca olvidar. Paso, tropiezo, paso, paso, TUM, TUM, TUM....ya llego, el tambor que anuncia a mi Dios.

Me siento el la arena sabiendo que no hay donde correr. Y lo veo llegar, desde el sur una ondulante montaña de arena que se acerca inexorable a mi encuentro. El ruido de su camino parece llenar el aire de crujidos crecientes. y al final... aquí... se alza sobre mi y por un segundo el frescor de su sombra alivia mi piel quemada y luego al caer... nada...

© Adán Expósito H., (463 palabras) Créditos