ESPERANZA Y DESESPERANZA ENTRE EL POLVO
Gemma Edo
Timbertopper, CC0 Public Domain

La niebla siempre estaba allí, nunca desaparecía del todo, el sol era una mancha borrosa que iluminaba débilmente un mundo deteriorado. Era difícil sobrevivir en un lugar donde el polvo rojizo que producían la mayoría de plantas era mortal y que además se dispersaba gracias a un viento que jamás cesaba. Muchos deseaban huir de allí y volver hacía las estrellas pero aquel era un sueño imposible.

Ni ella ni el resto de sus compañeros deseaban adentrarse en las llanuras, uno de los lugares más peligrosos de ese territorio, pero justo allí estaban los fugitivos. No dejaba de ser irónico considerar a esos cuatro ladrones de esa forma ya que todos los habitantes de ese planeta eran delincuentes o gente considerada indeseable para el resto de mundos civilizados. Brenda sacudió la cabeza tratando de no pensar en ello ni en el hecho de que probablemente hoy debería matar a alguien, tal vez algunos de sus compañeros habían sido asesinos en su otra vida pero ella no.

A su lado Erek cayó de rodillas tosiendo sangre, el hombre llevaba varios años tragando polvo y hasta hacía bien poco nadie había logrado crear algo eficaz para amortiguar sus efectos devastadores, para el hombre ya era demasiado tarde; sus pulmones estaban dañados mas allá de toda curación posible, prácticamente estaba ciego y las partes más expuestas a la acción del viento como su cara o sus manos estaban llenas de magulladuras; todos sabían que al principio se curaban pero con el paso del tiempo las heridas no cicatrizaban, por eso Erek llevaba trozos de tela en sus manos aunque Brenda siempre se preguntaba cómo el hombre podía ni tan siquiera coger la lanza. El dolor debía de ser atroz.

Lo preocupante era que todos acabarían así pese al velo que les cubría parte de la cara. Su tecnología era absolutamente primitiva, los soldados interplanetarios los llevaban allí porque era una forma fácil de deshacerse de los indeseables sin mancharse las manos; por eso no se molestaban en darles nada, no se esperaba que viviesen más de unos días. Por supuesto nadie había contado con sus ganas de vivir, con su capacidad de adaptarse a todo lo nuevo. Eran delincuentes, no estúpidos.

En un universo donde la tecnología viva imperaba uno tenía que ser muy inteligente para cometer un delito. En mayor o menor medida todos eran técnicos, psicólogos capaces de razonar con máquinas inteligentes, inventores, expertos en tecnología... y si antes esos conocimientos se habían usado para beneficio propio, ahora se usaban por el bien de todos. Nadie podía sobrevivir solo, algunos lo habían intentado y habían muerto dejando atrás jirones de ropa y huesos que las pequeñas comunidades aprovechaban. Tal y como le habían dicho a Brenda el primer día robar a un muerto era mejor que morir por respeto a alguien que no se conocía y al que no le importaría demasiado lo que hiciesen con él. Era una idea dura, pero en ese mundo uno debía de ser así y pese a todo eran gente unida. Lo que no habían logrado los civilizados lo había hecho ese planeta.

—¿Puedes seguir? —Su voz habitualmente aguda sonó amortiguada a través de la tela que le cubría la boca y la nariz. Aquél era el gran invento, unos ingenieros habían logrado crear un telar capaz de hacer esos velos suficientemente gruesos como para filtrar la mayoría del polvo. Actualmente sólo un grupo selecto podía llevarlos ya que eran muy difíciles de crear. ¿Cuánta gente estaría muriendo mientras ella estaba relativamente a salvo?

—Erek aún ha de hacer su último sacrificio —interrumpió Blind ayudando al malherido a levantarse—. Su redención está cerca, morirá por nosotros y ese será un gran honor. Su pasado será perdonado y se le recordará sólo por este acto...

—Deja tus sermones para otro día —el líder de la guardia, Valt, no soportaba a ese imbécil que en un lejano sector espacial había creado su propia religión/secta para beneficio propio; Lo habían condenado y llevado al planeta del polvo como castigo por todos sus abusos y mucho se temía que el falso predicador estuviera ayudándose de la desesperación que reinaba en todos los refugios subterráneos para volver a las andadas. Demasiada gente se estaba convirtiendo a esa falsa religión y prácticamente todos los creyentes se unían a la guardia esperando encontrar la muerte y su ansiada redención ¿cómo podían ser tan ilusos? Valt no necesitaba suicidas, sólo gente dispuesta a ser soldados y proteger a sus congéneres; Él había sido un mercenario, escogió mal a su gente de confianza y no estaba dispuesto a volver a caer en el mismo error... además ahora ya no cobraba por sus servicios pero sentía cierta satisfacción al ver que sus conocimientos estaban siendo de ayuda ¿sería esa su propia redención?

—No necesito para nada vuestra ayuda ni mi maldita salvación y mucho menos si viene de parte de este fanático —exclamó Erek—. ¿Por qué no vamos a reclamar lo que es nuestro de una maldita vez? Creo que no nos hemos arrastrado hasta aquí para charlar ¡vamos a por ellos! Y para que lo sepas Blind el honor no será morir ¡será demostrarles a esos ladronzuelos cómo se hace un robo profesionalmente! —Esas eran las palabras de alguien que no tenía nada que perder, la sangre le caía por la cara dándole un aspecto aterrador y nada de eso le importaba. Y lo único que le preocupaba a Brenda era que hoy tendría que matar a alguien para cumplir una promesa, nada más.

—Cre... creo que el viento a amainado un poco, podemos adentrarnos en las... llanuras donde están escondidos esos fu... fugitivos —Corem era el más joven de todos no tendría más de quince años estándar pero el órgano de justicia que le desterró lo consideró mentalmente adulto y con plena capacidad para ser consciente de sus actos, su delito no fue tan grave pero sí sus consecuencias políticas. Por desgracia no era inusual encontrarse a gente inocente muriendo por nada y lo único que podían hacer era darles una oportunidad de sobrevivir aunque fuera entre delincuentes de verdad; por ejemplo el profesor Devier estaba enseñando a los niños todo lo que sabía sin callarse nada y sin importarle que sus ideas fueran demasiado revolucionarias para nadie poderoso, según él su destierro se había convertido en libertad y no quería cambiarlo por nada ni tan siquiera por una oportunidad de marcharse a un lugar donde el polvo no fuera mortal.

Sintiendo que ese era realmente su trabajo y que aquél era el lugar y el momento Brenda cerró los ojos dejando que sus otros sentidos la guiaran. Efectivamente sus biomodificaciones le indicaban que el viento había amainado un poco, de modo que la nube tóxica no era tan peligrosa, su sensibilidad térmica también había aumentado lo suficiente para que pudiese detectar la poca vida que podía subsistir en ese ambiente. Viento, el miedo del niño, el susurro de las plantas meciéndose, el fanatismo del predicador, los pequeños animales excavando túneles bajo sus pies, el calor de sus compañeros... luz, oscuridad todo pasaba a través de ella... y allí, en la lejanía un pequeño punto de energía. Abrió los ojos volviendo a la realidad, a un mundo donde los sentidos eran limitados y donde nada se podía entender plenamente; Con un gesto desvaído señaló hacía el objetivo—. No he encontrado nada que pueda sugerir que haya personas pero la energía que buscamos está por allí.

Con un gesto rápido Valt cogió a la mujer antes de que cayera al suelo.

—Los que te crearon podrían haberlo hecho mejor ¿no crees? —le preguntó con una sonrisa.

—Es lo que pasa cuando el presupuesto es limitado y los científicos lo hacen de escondidas porque está totalmente prohibido —le replicó cansada—. Pero no te preocupes según ellos fui una creación cuasi perfecta... en todos los sentidos —sorprendiendo al mercenario con un beso Brenda se apartó de él sonriendo satisfecha, llevaba deseando hacer eso desde que lo había visto por primera vez y para la próxima trataría de que fuera sin el velo.. algo le decía que eso sería mucho más interesante.

—Por eso volé uno de esos laboratorios —gruñó Corem rompiendo el momento—. La liga de planetas de donde provienes condena este tipo de experimentación y mientras cierran los ojos cuando se construye un laboratorio porque saben que tarde o temprano conseguirán crear una entidad inteligente perfecta para el combate y que obedezca sus órdenes. Por eso volé esos laboratorios...

—¡Y por tu afán de protagonismo te condenaron a este planeta! —Blind alzó las manos hacia el cielo teatralmente sin importarle las miradas de incredulidad de los demás- ¡Deberías de haber tenido paciencia! ¡Deberías...!

—¿Debería haber permitido que mis padres y mi hermana fueran asesinados lentamente por tener capacidades empáticas naturales? ¿Eso es lo que quieres decir?

El joven y el hombre se quedaron mirando fijamente con los puños apretados, en secreto Valt y los demás estaban deseando que Corem le diera una buena lección a ese fanático pese a que sabían que no deberían permitirlo...

—Mientras vosotros os peleáis yo voy a aprovechar lo poco que me queda de vida para ir a buscar ese pequeño generador de energía, Jesam lo necesita urgentemente y vosotros sólo os estáis dedicando a hablar y a amenazaros ¡quien quiera venir que me siga!

Sintiendo que estaba perdiendo el control de la situación Valt separó de malas maneras a los dos contrincantes y con un gesto indicó que lo siguieran. Erek tenía razón, Jesam necesitaba ese generador que le habían robado para subsistir y si no lo encontraban moriría irremediablemente y con él todos sus conocimientos de tecnología primitiva que tenía almacenado al igual que su capacidad de comunicarse con otras comunidades humanas. Por todo eso y más Jesam tenía que vivir, él era una forma de vida atrapada en una máquina, ordenador lo llamaba en referencia a una máquina antigua de la que nadie sabía nada, esa era la condena para las nuevas formas de vida basadas en datos y que cometían algún delito, no permitirles salir de un espacio físico, no dejarles a viajar por la red de datos nunca más; Por desgracia los lugares en los que los confinaron sufrieron la erosión del polvo y muchos de ellos murieron antes de que los humanos los descubriesen y los liberasen... en cierto modo. Ahora tenían una red que si bien no era perfecta les permitía comunicarse y compartir conocimientos y eso era vital para ellos, perder a Jesam significaría el aislamiento y muy probablemente la muerte. Tenían que encontrar el generador inmediatamente pero para Brenda eso era una nimiedad comparado con lo que debería hacer.

Avanzar a través de la hierba alta era difícil y muy peligroso pese a que sólo tuviera la altura de un hombre. Al contrario de lo que se pudiera pensar, los tallos de esas plantas eran tan rígidos como el tronco de un árbol y sólo la parte superior era suficientemente flexible para poder aprovechar el viento y esparcir su polvo tóxico por todo el planeta. El polvo caía sobre ellos constantemente irritándoles los ojos y colándose entre las telas que les protegían, Erek era el único que no llevaba velo ya que no le era necesario, pero era el que peor lo estaba pasando y el que iba más rezagado de todos. Sin mediar palabra aflojaron el ritmo para que su compañero les pudiese seguir más fácilmente, bastante complejo era ir esquivando ese bosque de muerte como para perder a un compañero.

De vez en cuando Brenda se detenía y cerraba los ojos tratando de sentir la energía cada vez más débil del generador. El aparato necesitaba recargarse y lo habría hecho automáticamente si los ladrones hubiesen tenido más cuidado al cogerlo, estaba claro que esos inútiles no eran ingenieros ni nada parecido porque habían robado una cosa que no les serviría para nada y que ni tan siquiera podrían venderlo en las comunidades clandestinas que subsistían gracias al robo y a las máquinas inteligentes que los apoyaban. Tal y como había dicho su compañero moribundo, no eran profesionales.

—¡He tropezado! ¡He tropezado! —Asustados ante los gritos de Blind todos se apartaron de él inmediatamente. Si había tropezado con una planta que había caído en el suelo, el polvo se habría esparcido a su alrededor pero sobretodo el predicador habría respirado suficiente tóxico como para morir en unas pocas horas...

Indiferente a la reacción de los demás, también era el que menos tiempo llevaba en ese planeta maldito, Corem se acercó para ver mejor lo que había pasado.

—¡Es una persona! ¡Sólo es una persona...! ¡muerta! —De un salto el joven se apartó con miedo mientras los demás se acercaban no para ayudar al falso predicador si no para ver de cerca el cuerpo.

—¿Estás bien? —En vez de unirse al resto del grupo Brenda fue en busca del joven para darle un poco de apoyo, por experiencia propia sabía lo que el polvo hacía con la carne muerta y no era un espectáculo agradable. Lo primero que quedaba afectado era la piel externa que con tan sólo unas pocas horas desaparecía prácticamente toda dejando a la vista una masa sanguinolenta... y eso sólo era el principio.

—¿Eso es lo nos ocurrirá a todos? —Corem estaba asustado ese planeta era salvaje y la vida era dura pero jamás se había imaginado ese espectáculo—. Yo no quiero esto... yo...

La mujer le abrazó en un acto impulsivo no podía darle más consuelo que ese ya que no le podía dar esperanzas ni ilusiones. Enterrar a los muertos era una tarea complicada además de poco productiva y el fuego era un bien preciado que no se podía malgastar, la única opción válida era dejarlos a la intemperie para que el viento y el polvo los degradasen rápidamente convirtiéndolos en un amasijo de huesos. La única muestra de respeto que se permitían ante los que habían dejado atrás la vida era recoger su calavera y dejarla en el pequeño osario que habían construido, el resto se aprovechaba obviamente.

—Y si me caigo o me hiero y no me puedo mover... entonces ¿también me pasará esto? —La mujer se le quedó mirando con la tristeza reflejada en sus ojos. Era un chico inteligente, demasiado inteligente ¿le tenía que negar la respuesta? ¿Cómo reaccionaría?

—Si no te rescatamos a tiempo... antes de que tu ropa se degrade...

Corem asintió sin decir palabra, si le había afectado lo que le acababan de decir no lo demostró, y Brenda lo entendía muy bien... sobretodo porque esa promesa tenía relación con lo que le acaba de explicar al chico.

—Debe de haber muerto hace unas pocas horas. —manifestó Valt con los guantes llenos de sangre—. Creo que se rompió una pierna y también pienso que o bien no sabía nada sobre este planeta o tenía la intención de hacer una excursión rápida porque prácticamente no llevaba ropa que le protegiese. Aficionados ¡Erek tenías razón!

—¡Claro que si viejo soldado! ¡El moribundo Erek siempre tiene razón! —riéndose de su propia gracia se acercó al desafortunado ladrón—. No tiene nada de valor ni tan siquiera merece la pena llevarse la ropa, está tan roída que no sirve para nada. Brenda ¿hacía donde vamos?

La mujer no había necesitado que se lo preguntasen para entrar en trance, sabía que no quedaba mucho que hacer allí y no quería que Corem viera más de lo necesario.

—Estamos cerca pero apenas percibo energía... debemos tener cuidado, siento una tensión el aire y algo que podría ser una persona pero es demasiado leve para que pueda verlo claramente... ¡Valt no te aproveches!

Sonriendo el hombre dejó de abrazarla y la miró.

—Mi intención era sujetarte por si volvías a caerte otra vez, sé que estos esfuerzos te dejan agotada...

—Pues la próxima vez que me sujetes procura mirar por dónde me coges, cualquiera podría malinterpretar el gesto, ya sabes.

—¡Frívolos y desalmados! —interrumpió Blind mirándolos acusadoramente—. Una pobre alma acaba de dejar este mundo ¡y vosotros os dedicáis a flirtear como si nada hubiera ocurrido! —Poniendo muecas de desolación y enfado el fanático se arrodilló ante el ladrón y empezó a murmurar.

—De acuerdo chicos todos conmigo y tú predicador cuando acabes te unes a nosotros... procura no quedarte mucho tiempo diciendo tonterías si no quieres acabar transformado en una pulpa sangrienta. —Satisfecho ante la cara de miedo de Blind, Valt indicó a los demás que lo siguieran hasta donde había señalado Brenda. En su interior sabía que estaban a punto de encontrar el generador energético y tenía la firme convicción de que llegarían a tiempo para salvar a Jeram, sólo estaban a dos días del refugio tiempo suficiente... o al menos eso esperaba, demasiada gente dependía de ello.

Llevaban más de media hora caminando y sorteando los troncos sin encontrar nada. De vez en cuando Brenda cerraba los ojos y señalaba hacia donde tenían que ir insistiendo en que estaban muy cerca y Corem se adelantaba a los demás en busca de alguna pista. Era frustrante sobretodo porque la habilidad de la mujer no era perfecta y tampoco les podía indicar una localización exacta, por si fuera poco se estaban adentrando demasiado en el corazón de la llanura donde las plantas se convertían en altísimos árboles bloqueando el paso del viento y provocando una espesa neblina roja que desintegraba rápidamente sus ropas e irritaba los ojos dejándoles prácticamente ciegos. Era una situación insostenible, dentro de poco deberían abandonar su búsqueda si no querían morir de una forma muy desagradable ¡habían estado tan cerca de lograr su objetivo! Ellos tenían la voluntad pero el planeta, como siempre, tenía la última palabra.

Erek estaba sufriendo más que los demás; prácticamente ya no podía sostener su lanza, su cara era prácticamente irreconocible y su tos había empeorado. La mujer era la única que no se rendía y que le daba apoyo, el resto tenía demasiada prisa por encontrar el generador y marcharse de allí lo antes posible. Tenían un objetivo y ya iban contrarreloj como para entretenerse en ayudar a un moribundo.

—¡Creo que he visto algo! —Corem apareció entre los troncos con una mirada aparentemente grave con la que trataba de esconder su miedo ante lo que acababa de ver—. Son dos cuerpos y uno... uno tiene el generador en sus manos... están prácticamente degradados pe-pero no como el que hemos visto ellos están... —Con los ojos llorosos el joven corrió hacia Brenda y la abrazó. No estaba demasiado sorprendida, no podía estarlo porque temía lo que había visto Corem y era aún peor que lo de antes ¿cómo podían haber enviado a ese mundo mortal a un chico como él? ¿Se merecía ese castigo por haber sido un idealista? No podía creerlo ni aceptar que los mundos civilizados fueran así de crueles, pero era así y lo que acababa de ver Corem le marcaría para siempre.

Allí, en el corazón de la llanura, el proceso de degradación era muchísimo más rápido de lo habitual la piel se descomponía a la vez que los músculos, los órganos, los nervios... dejando sólo unos huesos con trozos de carne y otras substancias pegadas a ellos que con el tiempo también desaparecerían. No era un espectáculo agradable.

—Blind y yo iremos a recoger el aparato —indicó Valt perfectamente consciente de lo que estaba ocurriendo—. Vosotros quedaos aquí hasta que volvamos. No tardaremos mucho, tampoco nos lo podemos permitir.

—Yo no creo que sea necesario que venga contigo... sólo se necesita a uno para...

—¡Blind! ¿No querías predicar para los muertos? ¿Verdad? ¡Pues tú te vienes conmigo! —No sin cierta satisfacción Valt sonrió debajo de su velo al ver la cara de horror del falso predicador, le encantaba asustar al hombre. Una cosa era decir unas pocas palabras a algo que aún se asemejaba a un humano, la otra era hacerlo para un montón de huesos sanguinolentos. Blind era un hipócrita y el mercenario dudaba que realmente se creyese sus propias palabras y sermones, todo lo hacía para su propio beneficio y lo más desagradable era que siempre intentaba convertir a las mujeres y a los más jóvenes. Si no tuviese tantos seguidores muchos hombres y padres lo habrían matado hacía tiempo, lástima que una revolución religiosa no ayudara a su supervivencia y que por lo tanto no pudiesen hacerlo porque a nadie le faltaban las ganas.

El pequeño grupo que se había quedado a la espera estaba en silencio, nadie sabía qué decir o qué hacer mientras esperaban. Erek se estaba muriendo, Corem estaba asustado y Brenda sólo pensaba en esa maldita promesa que no debió aceptar, cada uno tenía sus problemas y estaban enfrascados en sus propios pensamientos los cuales no pensaban compartir con nadie. Eran sus propias cargas no las de los demás.

—¿Cuántos eran... eran los ladrones que nos robaron el generador?

—Dijeron que cuatro —respondió Brenda distraídamente.

—Entonces... solo hemos encontrado tres muertos ¿y el que falta? —Corem miró a su alrededor recodando las palabras de Brenda. Ella había dicho que creía haber sentido algo que podía ser una persona, si era así... ¿Dónde estaba ahora mismo?—. ¡A tu izquierda! —Por suerte para ella aún no había entrado en trance como era su intención y pudo oír el grito del joven pudiendo esquivar al atacante antes de que la matara. El ladrón parecía cualquier cosa menos un hombre, sus brazos desprotegidos estaban llenos de sangre y le colgaban jirones de piel, su cara estaba pálida y demacrada y las zonas más delicadas como los labios o los párpados habían desaparecido igual que gran parte de su cabello, sus ojos estaban inyectados en sangre pero parecía estar medio ciego ya que sus ataques eran débiles y desorganizados, pese a ello no dejaba de ser peligroso ya que en lo que quedaba de sus manos tenía un cuchillo muy probablemente robado de alguna nave militar estrellada. Era un objeto valioso demasiado para que lo tuviera ese pobre desgraciado, sería un buen botín cuando acabaran con él.

Sin mediar palabras los tres defensores se pusieron de acuerdo, con una fuerza que desmentía su aparente estado de debilidad Erek lo atacó desde detrás con su lanza desestabilizando suficientemente al ladrón para que Corem lo tirara al suelo y tratara de arrebatarle el arma. Consciente de que cualquier herida, por muy leve que fuera, sería fatal en ese ambiente sobrecargado de polvo Brenda se unió al joven aplastando al ladrón contra el suelo.

El atacante era fuerte pero su cuerpo estaba demasiado debilitado y erosionado, sin poder soportar el peso de dos personas las costillas se le rompieron con un chasquido con la mala fortuna de que una le perforó el pulmón. Por una vez el maldito polvo les había servido de ayuda y había colaborado con ellos, había sido un buen golpe de suerte.

Incapaz de soportar otra muerte más Corem se alejó en busca del resto del grupo con la excusa de ir a explicarles lo que había sucedido y advertirles. Eso suponía un problema para Brenda porque ahora estaba a solas con Erek, era el momento para cumplir con su promesa pero no estaba preparada.

Lenta, muy lentamente la mujer cogió el cuchillo del ladrón muerto y se acercó a su amigo. Él la había rescatado del polvo, la había llevado a uno de los refugios subterráneos y estuvo con ella hasta que sanó, incluso se fue a otra comunidad a buscar un preciado medicamento para que su brazo cicatrizara. Si no hubiese sido por él, ahora estaría muerta o habría perdido el brazo a consecuencia del polvo y se habría convertido en una carga para la comunidad. Ahora le tocaba devolver el favor en forma de muerte.

Su amigo estaba tendido en el suelo sin fuerzas para moverse. La única señal de que aún estaba vivo eran sus ojos que miraban fijamente a Brenda esperando a que lo matara, esa era su salvación, era la única esperanza que tenía: morir rápidamente y dejar de sufrir. Erek había aceptado esa misión sabiendo que sería la última, sólo su fuerza de voluntad lo había llevado tan lejos y le había permitido hacer un último esfuerzo para atacar al ladrón pero ahora sólo quería morir ya había hecho todo lo que debía en esa vida no tenía sentido alargar su agonía.

Brenda leyó todo eso en sus ojos y asintió asustada. Jamás había tomado una vida ¿sería capaz? ¿Tendría la valentía suficiente para coger su cabeza y esperar a que se convirtiera en una calavera para llevarla al osario?

A lo lejos se oían las voces excitadas de sus compañeros, habían encontrado el generador aún había esperanza y Jeram seguiría viviendo y ayudándolos a crecer y prosperar. Ese era el futuro que les esperaba: un mundo al que finalmente se adaptarían y ¿por qué no? Tal vez las siguientes generaciones desarrollaran una defensa natural contra el polvo, quizás en un futuro nadie temería quedarse a la intemperie ni tendría que ver cómo sus muertos se convertían en huesos y trozos de carne. Había un futuro y era de ellos no de esos que los habían llevado allí para que murieran.

Tomando una decisión Brenda cogió el cuchillo y lo clavó en el corazón de Erek. Por el futuro, por la esperanza.

© Gemma Edo, (4.214 palabras) Créditos