Parodias irreverentes, 12
EL CHAFADO HOMBRE MENGUANTE
José Carlos Canalda

—Pobre hombre —exclamó el comisario de policía con pesar—. Después de todo por lo que tuvo que pasar, venir ahora a acabar así.

—Tiene usted toda la razón —admitió el inspector que le acompañaba—. Supo superar la tragedia que le afligió, se sobrepuso al rechazo de la gente, sobrevivió a todos los peligros derivados de su estado tales como los ataques del gato y la araña, y ahora...

—¿Habéis interrogado a la asistente? —le interrumpió su superior.

—Sí, lo hizo el agente Flannagan. Ella sigue insistiendo en que no sabía nada, que lo confundió con una mosca cuando cruzaba por la encimera (al parecer ve bastante mal, pero se niega a usar gafas) y le atizó con el matamoscas.

—Eso coincide con lo que dijo la viuda —gruñó el comisario—. Esa mujer llevaba aquí pocos días, por precaución prefirieron no advertirle de las circunstancias particulares de Mr. Carey y, por si fuera poco, es bastante corta de entendederas... en fin —suspiró—, habrá que considerarlo un desgraciado accidente, ningún juez en su sano juicio le acusaría de homicidio considerando que la víctima medía menos de medio centímetro.

—¿Qué hacemos con el cadáver? Aún sigue pegado a la pala del matamoscas.

—Recójanlo con cuidado y guárdenlo en una bolsita hermética; supongo que el forense deseará examinarlo... aunque como no se dé prisa, mucho me temo que tendrá que hacerlo con un microscopio. Por lo demás, terminen de tomar todos los datos que consideren pertinentes y larguémonos lo antes posible de aquí, que el estómago se me está revolviendo por momentos.

Y así lo hicieron.

© José Carlos Canalda,
(262 palabras) Créditos