Apócrifos irreverentes
LA GUERRA DE LOS MUNDOS
Raúl Alejandro López Nevado

En los primeros años del siglo veintiuno nadie habría creído que los asuntos marcianos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que las suyas y, sin embargo, igual de mortales; que mientras ellos se ocupaban de sus cosas eran estudiados tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, los marcianos continuaban sus ocupaciones sobre el planeta rojo, abrigando la ilusión de haber despistado acerca de su existencia a los infelices humanos. Es muy posible que los infusorios que se hallan bajo el microscopio hagan lo mismo. Nadie supuso que la Tierra pudiera ser una fuente de peligro. Resulta curioso recordar algunos de los hábitos mentales de aquellos días pasados. En caso de tener en cuenta otros planetas, lo más que suponíamos era que tal vez hubiera en la Tierra seres inferiores a nosotros, y que estarían dispuestos a recibir de buen grado, como sus propios fabuladores se habían encargado de indicárnoslo, una expedición enviada desde aquí. Empero, desde ese punto del espacio, intelectos fríos y calculadores y mentes que son en relación con las nuestras lo que éstas son para las de las bestias, observaban Marte con ojos envidiosos mientras formaban con lentitud sus planes contra nuestra raza. Hasta que finalmente tuvimos la gran desilusión.

—No, de verdad, le aseguro que no me interesa.

—Pero con el nuevo contrato ultramegaplusmix usted sólo paga dos mil millones de créditos, y nosotros le ofrecemos medio kilobite de conexión a Internet (siempre y cuando las condiciones lo permitan) y además le regalamos una fantástica alfombrilla de ratón desechable y bla, bla, bla, bla...

—Pero es que yo...

—También podemos mejorarle su hipoteca con crediflipling; asegurar su coche, o lo que ustedes conduzcan, en Catarrac; abrirle una nueva cuenta de ahorros con los mejores intereses en EMB Indirect; tramitarle su contrato de telefonía móvil con Depena, con el regalo de un fantástico terminal telefónico que lo mismo le hace una foto al niño, que le fríe un huevo, bueno, es decir, no al niño, claro…; u ofrecerle un apartamento en primera línea de arenal en Marina de Silicator. Señor marciano, no se preocupe, tenemos todo el tiempo del mundo para encontrar la oferta que más se adapte a usted.

—¡¡¡Ahhharrrgggg, cabrones terráqueos!!! Pero ¿por qué no nos exterminan y nos destruyen como cualquier invasor civilizado? ¿A qué se debe tanta crueldad?

© Raúl Alejandro López Nevado,
(409 palabras)