PRIMER CONTACTO
PRIMER CONTACTO EE.UU., 1996
Título original: Star Trek: First Contact
Dirección: Jonatan Frakes
Guión: Brannon Braga y Ronald D. Moore
Producción: Rick Berman
Música: Jerry Goldsmith
Fotografía: Matthew F. Leonetti
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Jean-Luc Picard); Jonathan Frakes (Comandante William Riker); Brent Spiner (Data); LeVar Burton (Geordi La Forge); Michael Dorn (Worf); Gates McFadden (Doctora Crusher); Marina Sirtis (Deanna Troi); Alfre Woodard (Lily Sloane); James Cromwell (Doctor Zefram Cochrane); Alice Krige (Reina Borg)
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¡A mi la legión!

Tras la emotiva reunión de Kirk y Picard en LA PRÓXIMA GENERACIÓN, la Paramount creyó llegado el momento de producir el primer largometraje de Star Trek protagonizado exclusivamente por la tripulación de TNG. Los responsables de la Saga querían ofrecer a los fans un espectáculo que no pudieran olvidar, y para eso nada mejor que recuperar al peor enemigo de la Federación: los implacables borg.

En esta aventura, los seres tecno-orgánicos atacan de nuevo la Tierra y la Flota Estelar les hace frente. Pero como siempre, será la aparición de la Enterprise la que incline la balanza a favor de la Federación, gracias, sobre todo, al profundo conocimiento de esa raza y su tecnología que adquirió el capitán cuando formó parte de su colectivo. Aunque el cubo borg es destruido, algunos cyborgs logran huir a bordo de una nave esférica y la Enterprise los persigue. Los borg crean un túnel del tiempo y se sumergen en él, mientras que la nave federal es atrapada por la estela temporal. Durante breves instantes, la Tierra es visible en la pantalla principal del puente. Una Tierra que, según los instrumentos de Data, está poblada por nueve mil millones de borg. Picard comprende lo que ha ocurrido. Los monstruos cibernéticos han cambiado el curso de la historia de la Tierra, a fin de facilitar la asimilación del planeta por su especie. La estela temporal en la que se halla inmersa la Enterprise les ha protegido de los cambios en la línea del tiempo. Sólo hay una cosa que se puede hacer: seguir a los borg al pasado y tratar de reparar el daño que hayan hecho.

Cuando alcanzan a la esfera borg, ésta está bombardeando una zona de la superficie terrestre. La nave de los cyborgs es destruida con una andanada de torpedos cuánticos. Los borg disparaban contra un complejo de misiles en Montana. Este detalle llama la atención de Picard, que pide a Data la fecha exacta en que se encuentran, que resulta ser el 4 de abril de 2063, la víspera del vuelo del Phoenix, la nave del doctor Zefram Cochrane. El día antes del Primer Contacto de la humanidad con una raza alienígena, los vulcanianos. Eso es lo que los cyborgs han ido a hacer al siglo XXI: impedir el Primer Contacto, para que la Tierra siga sumida en el caos de la posguerra nuclear y ofrezca una resistencia mínima a la conquista borg.

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Al que se meneé me lo fríe

Picard baja a la superficie con la doctora Crusher y Data. Encuentran el Phoenix, pero ni rastro de Cochrane. Una mujer, Lilly, ayudante y amiga de Cochrane, la emprende a tiros con ellos, pero cuando Data se dispone a reducirla, se desmaya, víctima de la radiación provocada por el ataque borg y Beverly decide transportarla a la enfermería de la nave para proporcionarle la atención adecuada. Riker y LaForge descienden a la superficie. El primer oficial para buscar a Cochrane, si aún está vivo, y LaForge para reparar la nave Phoenix, que ha sufrido algunos daños en el bombardeo. Mientras tanto, en la Enterprise empiezan a suceder cosas extrañas. Picard presiente que algo va mal y regresa a la nave, justo a tiempo para descubrir que, de algún modo, los borg de la esfera de salvamento lograron transportarse a la Enterprise y la están asimilando. Las comunicaciones no funcionan, por lo que no pueden informar a los equipos de superficie de lo que ocurre. Los borg intentan hacerse con el control de la computadora central, pero Data la bloquea con un código encriptado. Los seres tecno-orgánicos controlan la sección de ingeniería y casi media nave, y la tripulación, con Picard, Data y Worf al frente, se dispone a enfrentarse a ellos en una lucha sin cuartel para recuperar el control total del poderoso navío. Pero la primera escaramuza, en la que Data cae prisionero del enemigo, pone de manifiesto la superioridad de los cyborgs, que poco a poco van adueñándose de la Enterprise, cubierta a cubierta. Mientras tanto, en la Tierra, Riker, Troi y LaForge hacen todo cuanto está en sus manos para que el vuelo superlumínico de Zefram Cochrane se lleve a cabo tal y como cuentan los libros de historia. Pero para conseguirlo, primero tendrán que convencer al propio Cochrane, que resulta ser un hombre muy distinto del que ellos (y nosotros) imaginábamos.

Si por algo destaca PRIMER CONTACTO es por su espectacularidad. Si exceptuamos la genial STAR TREK II: LA IRA DE KHAN, este es el film más logrado de todos los que componen la Saga.

Estamos ante una película repleta de novedades que encantaron a los trekkies. La primera de ellas, por supuesto, se refiere a la nave estelar. La Enterprise D, que acompañó a nuestros héroes a lo largo de 178 episodios televisivos, resultó destruida en la película anterior. Ahora Jean-Luc manda la nueva Enterprise E, un crucero pesado de la clase Sovereign, un fabuloso navío de 685 metros de eslora y 24 cubiertas con una masa de 3,2 millones de toneladas. Es la nave más avanzada de la Flota e incorpora revolucionarios sistemas de armamento diseñados para combatir a las naves borg. Este tipo de nave no tiene alojamientos para los familiares de la tripulación, como las de la clase Galaxy.

El personal de la flota luce un nuevo uniforme, aunque los símbolos de la graduación se mantienen. Las armas ligeras también cambian su configuración, y aquí podemos disfrutar de nada menos que dos modelos de rifle fáser y uno de pistola.

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Bonitos tapacubos, si señor

Los primeros quince minutos de la cinta son, con diferencia, los más espectaculares, pues nos muestran, con todo lujo de detalles, la batalla entre la Flota y el cubo borg. Esta fue la secuencia más cara y difícil de toda la película, pero el resultado valió la pena y el gasto. En estas trepidantes escenas podemos admirar diversos modelos de naves federales, todas con sus nombres y números de registro. Una de ellas es la pequeña pero matona Defiant de DS9, que manda Worf, y que resultará muy dañada, por lo que su tripulación será transportada a bordo de la Enterprise. Pero la que más destaca, aparte de la nueva nave de Picard, es la USS Akira, un crucero medio de 440 metros de eslora, que ostenta un original diseño que recuerda algo el de las viejas clase Miranda como la Reliant de LA IRA DE KHAN.

El cubo borg es idéntico al que vimos en LO MEJOR DE DOS MUNDOS y otros episodios, lo cual resulta lógico. Pero la nave salvavidas de los cyborgs, una esfera dorada de gran tamaño dotada de armas muy potentes, me hizo evocar, por un instante, la inolvidable Unex Silente, imaginada por Ángel Torres Quesada en su serie de El Orden Estelar. También llama la atención la nave vulcana que aparece al final, un diseño distinto a todo lo que habíamos visto hasta ahora, y muy alejado de los que se utilizarían en la serie Enterprise.

Los borg están más perfilados que en anteriores entregas trek. Los borg de LO MEJOR DE DOS MUNDOS, por ejemplo, eran humanos asimilados por el colectivo. En esta entrega podemos ver, por vez primera, borg que proceden de la asimilación de otras razas. Pero la mayor novedad sobre esta curiosa y temible especie es la existencia de una Reina borg, que parece cumplir una función similar a la de la abeja reina de una colmena.

Hay muchas escenas de acción, pero una de las mejores es la que transcurre en el casco exterior de la nave, cuando Picard, Worf y otro tripulante tratan de impedir que los cyborgs conviertan la pantalla deflectora principal en una especie de faro subespacial para ponerse en contacto con los borg del Cuadrante Delta. El toque humorístico lo proporciona Worf, que parece sentir cierto temor a la profundidad insondable del espacio. ¿Quién lo iba a pensar de nuestro admirado klingon? Otra escena maravillosa es la de la holocubierta, que nos remite a EL GRAN ADIÓS, decimosegundo episodio de la primera temporada de TNG, en el que conocimos la afición de Picard por las novelas de Serie Negra protagonizadas por el detective Dixon Hill.

Sin embargo, aparte de los prodigiosos FXs y la acción trepidante, si algo destaca en esta película es la magnífica interpretación de ese monstruo de la escena que es Patrick Stewart. En PRIMER CONTACTO, el gran actor británico nos muestra el lado más oscuro del idolatrado capitán de la Enterprise. Picard es un hombre obsesionado por el pasado, aunque lo disimula magistralmente. Sigue sintiéndose culpable por lo ocurrido en Wolf 359, y aunque se niega a reconocerlo, odia con toda su alma a los borg y la deshumanización que estos representan. Como vemos al inicio del film, ni siquiera el Alto Mando de la Flota confía ya plenamente en él. Mientras la flota se enfrenta al enemigo, la Enterprise y su capitán son enviados a patrullar la Zona Neutral Romulana. Disciplinado, pero no ordenancista, Picard obedece a regañadientes. Pero cuando llegan noticias de las dificultades de la Flota, no duda en saltarse el reglamento y enfilar la proa de su nave hacia el lugar de la batalla, con la aprobación de todos sus oficiales, empezando por su fiel Data.

Cuando la situación en la nave se vuelve insostenible, Worf sugiere que es mejor evacuarla y destruirla antes que permitir que los borg la asimilen por completo. Es entonces cuando descubrimos hasta que punto está obsesionado Picard por su cruzada personal contra los seres cibernéticos. Ordena que se siga luchando, cuerpo a cuerpo si es preciso, con tal de conservar la nave. El espectador, y más si es trekkie como el que esto escribe, comprende entonces que el rencor que el capitán guarda hacia los que intentaron destruir su humanidad nubla su raciocinio y le hace perder los papeles. Llega incluso a acusar de cobardía a Worf, el miembro más valiente de su tripulación. Por fortuna, la providencial intervención de Lilly le hará recapacitar y admitir que Worf tiene razón. Y mientras lo que queda de la tripulación abandona la nave en las cápsulas de escape, Picard, que no ha olvidado lo que Data hizo por él seis años atrás, se mete en la guarida de los cyborgs para rescatar a su amigo androide.

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-Que no me llamo Data, que me llamo Joe
-Da igual machote, ven con mama...

Data, como ya se ha dicho, es capturado por los borg y llevado ante su Reina, una atrayente y a la vez repulsiva cyborg interpretada por Alice Krige. Este personaje da una nueva dimensión a esta raza cibernética. Según parece, estaba en la nave borg en la que Picard fue asimilado seis años atrás. Actúa de forma aparentemente individual, aunque se define a sí misma como el propio colectivo borg. Quiere tener el control total de la Enterprise, pero para eso necesita el código encriptado con el que Data bloqueó la computadora, así que tienta al androide con aquello que éste más ha deseado a lo largo de su existencia: ser humano. Le ofrece prótesis orgánicas, emociones, sentimientos, y por un momento parece que el androide va a ceder al soborno. Pero al final, el fiel Data será quien salve la situación y acabe con la amenaza borg.

En esta cinta nos reencontramos con un personaje que apareció en la serie clásica, concretamente en METAMORFOSIS, Zefram Cochrane, el descubridor del factor espacial, también llamado motor Warp o de curvatura. Pero este Cochrane, al que da vida James Cronwell, se diferencia bastante del hombre calmado, íntegro y sabio que vimos en aquel episodio. El Cochrane del siglo XXI es un hombre desengañado de todo, que sólo vive para la bebida y la música rock. Este Cochrane afirma estar interesado sólo por el dinero, y no le gusta ni pizca que esos extraños personajes llegados del futuro le miren como si fuera un santo o algo así. Se pasa la mitad de la película intentando huir de Riker y LaForge, aunque al final, con ciertas reticencias, aceptará que tiene una misión histórica que cumplir, y lo hará dignamente. Después vendrá el contacto con los vulcanianos, y muchos años más tarde, cuando se sienta próximo a la muerte, se lanzará a las estrellas con su Phoenix y será capturado por cierta forma de vida alienígena, que le llevará a un planetoide en el que le encontrarán, ya en pleno siglo XXIII, Kirk y sus fieles Spock y McCoy.

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Phoenix non stop

Robert Picardo, el médico holográfico de Voyager, interpreta el mismo papel en una corta pero simpática escena en la enfermería, cuando Beverly Crusher lo activa para que entretenga a los borg y les proporcione algo de tiempo para huir por los conductos Jeffries.

Jerry Goldsmith, que creó la sintonía de STAR TREK: LA PELÍCULA, que posteriormente se utilizó como tema principal en TNG y otros largometrajes, incluido el que nos ocupa, compuso para esta ocasión una de sus mejores partituras.

PRIMER CONTACTO fue un taquillazo y cosechó buenas críticas incluso de aquellos que no son precisamente entusiastas de Star Trek. No es extraño, porque este extraordinario film tiene casi todo lo mejor que puede ofrecer el cine de ciencia-ficción: acción, emoción, aventura, espléndidos efectos visuales, un guión redondo, que juega lo justo con los estereotipos y unas bien dosificadas gotas de humor. Y lo más importante de todo: el genuino espíritu Trek, gracias al cual el sueño de aquel gran hombre que fue Gene Roddenberry se ha transformado en el mayor fenómeno del mundo del espectáculo, con millones de seguidores de todas las edades en todos los rincones del mundo.

STAR TREK: PRIMER CONTACTO. La mejor aventura de Picard y su tripulación en la pantalla grande. Disfrutadla. Vale la pena.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.264 palabras) Créditos